Cambiar de piel

José García Sánchez

Cuando el PNR se convirtió en PRM, nada cambió dentro del Partido. Cuando éste último se convirtió en PRI, tampoco.

Ya en la última mitad del siglo pasado el cambio de nombres a las secretarías de Estado fueron cambiados innumerables veces. Tantas que pareciera que cada presidente quiere colocar su sello en la historia a partir de los cambios de nombre. Pero nada cambia en realidad.

En la actual administración el Instituto Federal Electoral fue rebautizado por Instituto Nacional Electoral, sin que nada cambiara en su interior. Al contrario cada día es menos confiable la institución como coordinador de las elecciones.

En días pasados hubo cambio de personas al frente de diferentes dependencias de gobierno.

Fueron principalmente enroques en los cuales el experto en relaciones internacionales de la noche a la mañana se convierte en el especialista en políticas públicas; el que le llevaba la agenda al Presidente se convierte en un experto en educación y así hasta el infinito. Pero en esencia nada cambia.

Vienen más cambios. En unos meses la Procuraduría General de la república cambiará de nombre. Nadie sabe las causas, pero es un hecho que se inventará una serie de medidas legaloides para darle vida al nuevo nombre pero se corre el riesgo de que ese cambio sea sólo un cambio de piel y en el fondo suceda como en los casos anteriores que no hay transformación y, en la mayoría de los casos sólo se muestra un retroceso en lugar de modernizar como reza el discurso de quienes impulsan estos cambios de nombre.

Lo primero que debe hacer la Fiscalía General de la República es limpiar su pasado. Seguramente Arely Gómez seguirá al frente de la fiscalía, a pesar de que su nombre será expuesto a los legisladores quienes a la hora de obedecer al Ejecutivo se convierten en uno sólo borrando no sólo sus diferencias sino sus ideologías.

Antes de que otro cambio de nombre siga desgastando la imagen del PRI que desde su nacimiento cambia de piel para que todo continúe igual, la procuradora deberá trabajar sin descanso por reivindicar la procuración de justicia, con algunos personajes que nunca debió encarcelar, enjuiciar, sentenciar, incluso desprestigiar. En la época en la que Felipe Calderón le giraba órdenes de detención contra sus enemigos políticos a la procuradora Marisela Morales hubo muchas víctimas de este tipo de represalias del entonces presidente.

Incluso algunas de esas denuncias nunca pasaron de ser simples trámites legales pero que del otro lado de la frontera sí se tomaron muy en serio, como sucedió con algunos políticos y empresarios de los estados de Tamaulipas y Nuevo León, quienes fueron castigados del otro lado de la frontera ante el simple rumor de que podían estar implicados en algunos delitos, decomisaron fábricas, aviones, terrenos, propiedades inmuebles, etc.

El daño que hicieron Calderón y Morales Ibáñez debe ser resarcido no sólo con un simple “usted disculpe” sino con la reivindicación de las personas agredidas y el castigo de quienes fungieron y fingieron procurar justicia.

Es muy conocido el caso de los generales encarcelados por capricho de Calderón, pero la operación la realizó Marisela Morales para justificar su puesto o simplemente para obedecer ciegamente a quien le debía la chamba.

Así, en el próximo cambio de nombre que realice esta estructura gubernamental que cada día es menos política, debe haber limpieza total y castigo severo a los culpables, aunque ahora sean inmunes con el fuero dela diplomacia.

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