¿Y Xalapa?

De conocimiento público

Por: Valentín Ramos

Cuando el próximo uno de diciembre Miguel Ángel Yunes tome los bártulos del poder estatal, se estarán cumpliendo exactamente sesenta años de la última vez que un xalapeño detentó la gubernatura veracruzana. El día que don Marco A. Muñoz entregó el poder a Antonio M. Quirazco en 1956, los xalapeños prácticamente se extinguieron del Palacio de Enríquez. Esto es una verdadera anomalía en la política mexicana. No hay de hecho estado de la República en el que la alcaldía capitalina, o incluso una diputación federal no sean sinónimo de antesala a grandes cosas, incluyendo muy puntualmente la candidatura al gobierno del estado.

No es el caso de Xalapa. Por cualquier motivo que se quiera, los alcaldes y diputados xalapeños han estado relegados a una segunda fila, cuando no de plano incluso los nativos han sido desplazados por figuras ajenas a esta geografía para ocupar esos cargos. Baste recordar que Héctor Yunes ocupó la diputación federal de 1985 a 1988, Guillermo Zúñiga era originario de Misantla, como Reynaldo Escobar lo es de Naolinco e incluso Ricardo Ahued es de Pachuca. Y aun cuando en efecto hijos de la ciudad ocupen esos puestos, parece haber algo que frena su carrera. ¿Qué ocurrió con Carlos Rodríguez Velasco, Dalos Ulises Vargas, Amparo Álvarez, Octavio Gil o incluso Ignacio González Rebolledo? Aquellos que no desaparecieron, han incluso retrocedido en la relevancia de los cargos ocupados, cuando no de plano han sido desfasados por el relevo generacional.

La perspectiva a futuro no es muy halagüeña. Cierto es que Américo Zúñiga es ambicioso y joven, y pudiera colarse ante el maremágnum que sacudió al tricolor en junio, pero tendrá que esperar por lo menos a 2024, porque 2018 es sin duda de Pepe Yunes. David Velasco Chedraui ha querido darse una pátina de independencia ante el duartismo, muy a la par de Ahued, pero carga el lastre de una administración municipal inmensamente mediocre y la fortaleza morenista en la ciudad.

Hablando del lopezobradorismo, su caballada local tampoco goza de cabal salud. El “Cuícaras” García estuvo a punto de hacer la grande (no sin amplio respaldo del gobierno estatal), ya una segunda campaña sólo serviría para evidenciar más sus muy notorias carencias. Daniela Griego, quien tuvo el buen sentido de preferir competir por la diputación local que hacer el triste papel de comparsa que terminó haciendo Alba Leonila Méndez en el PT, tampoco es oriunda de esta capital, su origen es minatiteco. Y si bien al menos por su dilatada experiencia en asuntos electorales se espera haga uno de los papeles más decentes en la nueva bancada morenista, lo mismo no se puede decir desde ya de Carola Viveros, una neófita a quien la suerte llevará al Congreso del Estado, pero por sus participaciones públicas podemos augurar que no le espera una muy larga carrera parlamentaria. Morena a futuro tiene cartas más interesantes en Amado Cruz Malpica y Rocío Nahle.

Por el lado del PAN, Xalapa ha sido literalmente abandonada por el partido. Con el Pipo y su gente fuera, y otros como Alberto Onofre, Ulises Chama y  Miguel Ángel Llera haciendo política con otras banderas, han tenido que recurrir a foráneos para dar la cara. Ahí están las candidaturas (no muy afortunadas) de Rosy Llamas y Abel Cuevas Melo, que demuestran que a los panistas xalapeños, ya se les acabó el gas, después de cierta racha de triunfos que venían desde la conquista de la diputación federal con Orestes Pérez Cruz en 2000. Ni hablar del ex regidor y actual diputado local Carlos Gabriel Fuentes; es chilango.

Del PRD, es mejor no hablar. Si Uriel Flores tuvo alguna aspiración mayor, tendrá que volver a empezar de cero, porque esta elección no lo dejó muy bien parado, evidenciando que quien ganó en 2012 en Xalapa fue López Obrador. Manuel Bernal es un mal chiste, y de ahí para abajo con el Sol Azteca.

Movimiento Ciudadano se desfondó, abandonado por Dante Delgado en Veracruz, a pesar de la enorme fuerza moral que como candidato aportó Armando Méndez de la Luz y supongamos que es de los partidos emergentes el que más fuerza podría tener en próximas elecciones. Nos queda por tanto de todo este recuento que las cartas más fuertes para representar a Xalapa son Américo, David Velasco y, si mucha es su necedad, Cuitláhuac García. Es evidente que ninguno de ellos está en primera fila, los defectos de cada quien les obrarán sin duda en contra.

Así, mientras en otras entidades las capitales hacen honor a su nombre como centros de poder, aquí en Xalapa incluso los grupos empresariales y de otros gremios parecen resignados a dejar que las cabezas vengan de otros lados. No podemos negar la inmensa fuerza y relevancia que pueden tener el Puerto de Veracruz, Córdoba o Coatzacoalcos en una geografía tan basta como la veracruzana. Aun así,  un abandono completo de una plaza que además gusta de adornarse de centro cultural y académico no puede ser normal.

A corto y mediano plazo, es evidente que estaremos viendo en primeros planos a Perote, Boca del Río y Coatzacoalcos, entre otras ciudades, con sus vástagos como punta de lanza en la lucha por el sillón más grande. Es no sólo deseable sino necesario que la clase política xalapeña salga de su marasmo y empiece a entregar mejores cuentas, so pena de seguir con esta participación más bien de comparsa.

Mencionaba precisamente ese papel siempre subrayado en lo intelectual que a los xalapeños nos encanta sacar a colación cada que podemos, ya que lo productivo en otras áreas no se nos da. No habría mejor manera de honrar el nombre de “Atenas Veracruzana”, con el que nos paramos el cuello a la menor oportunidad, que producir Platones, Pericles y Solones que ayuden a sacar adelante a este Veracruz, tan lacerado por la corrupción, la improvisación y la incompetencia.

Una aclaración final que tal vez sea pertinente. Este recuento no tiene intenciones chauvinistas ni de rechazar a quienes han emigrado de su lugar de origen para hacer su vida en estos lares, pero sí subrayar la falta de iniciativa de los locales y el menosprecio al capital político que podamos aportar.

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