OH, WHEN THE SAINTS GO MARCHING IN…

Columna: De conocimiento publico

OH, WHEN THE SAINTS GO MARCHING IN…

Por: Valentin Ramos

Las huestes de la fe y la defensa de la familia salieron a enseñar músculo en semanas pasadas, con más pena que gloria. Es decir, claro que mediáticamente fue muy vistoso ver salir de las catacumbas a cristeros trasnochados en alianza ahora con el evangelismo, que en Latinoamérica tiene la distinción de ser aún más conservador y entrometido de la vida ajena que el catolicismo. Pero fuera de demostrar la escasez de argumentos para encumbrar su derecho a decidir sobre el prójimo (aparte de “es que así lo quiere Dios”), no lograron más que enseñar su cariz fariseo y lo lejanos que están de comprender un mundo que ya no les obedece.

Tres cosas hay que resaltar de estas acciones de los sepulcros blanqueados:

1.- La integración de la derecha, y además la derecha más intransigente y obtusa, al deporte nacional de la “marchada”. Desde 1988 en México la marcha se ha convertido en instrumento consentido de quien algo exige para conseguir sus fines, así esté demostrado que rara vez se logra algo, como no sea desquiciar el tránsito urbano. Pero como de cualquier modo queda el sentimiento en el marchista de que algo hizo, pues ahora también las sotanas y los pastores azuzarán a sus huestes para taponar arterias y plazas públicas.

2.- La absoluta ignorancia de lo que están pidiendo. Hay versiones a tutiplén de lo que se pedía, y van de exigir el retiro de la iniciativa presidencial para permitir el matrimonio igualitario a prohibir libros de texto sicalípticos y morbosos que la Secretaría de Educación quiere imponer en las inocentes mentes de los pequeñuelos. En lo que sí están de acuerdo es en que quieren que todo sea bueno y bonito, como antes, en los buenos viejos tiempos en que había moralidad y decencia. Buenos viejos tiempos que sólo existen en sus cabezas. Por principio, el matrimonio igualitario es una realidad social y prácticamente jurídica a la que no se le podrá dar marcha atrás, sino metiendo al país en problemas por los tratados internacionales que se han firmado y que son ley suprema. En segundo término, los supuestos libros no existían, o eran fabricaciones a partir de libros para el maestro, o sencillamente no eran para el nivel preescolar. Y es que la malvada “ideología de género” (invento febril de la ultraderecha) planeaba confundir a los infantes sobre su sexualidad, lo que desembocaría sin duda en violaciones, abortos, violencia y todas esas cosas que afortunadamente hoy no ocurren, como sabemos.

3.- El macabro juego doble de exigir que se respete lo “natural”, con lo que estos “mártires” (porque han de saber ustedes que, al criticarlos y señalar su intolerancia, en realidad les damos martirio y los perseguimos, según sus fantasías) encubren en realidad sus desvaríos teológicos. A botepronto, podemos sugerir un par de asuntos más contra natura para que estas huestes iluminadas vuelvan a ejercitar las piernas. Por ejemplo, el celibato. ¿Qué puede ir más en contra de la naturaleza humana que la negación de sus instintos primarios, materializada en la “continencia perfecta”? Mejor aún, que se organice una marcha en contra de la monogamia. Demostrado está por estudios científicos acreditados, y sobre todo por la experiencia diaria individual, que la especie humana no es naturalmente afecta a tener una sola pareja sexual. ¡Marchad, justos varones y damitas desocupadas, para que desaparezca esa institución cruel y artificial, que es la pareja exclusiva! Un ejemplo más de la criatura que se rebela contra el orden que le ha sido dado, construyendo artificialmente leyes contrarias al designio superior. A que no lo hacen.

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