Opinión

Trump, el perdedor elegido presidente

El primer ganador de una elección presidencial trata de sacudirse la sensación de su medible impopularidad, situación que lo transtorna.

“¡EL PERDEDOR!” Con esta frase analfabeta, publicada en Twitter, la noche de las elecciones presidenciales de 2012, en un momento en que pensaba erróneamente que Barack Obama había recibido menos votos que Mitt Romney, pero había ganado la reelección a través del Colegio Electoral, Donald Trump reveló algunas cosas que necesitamos reconocer.

Primero, se trata de un hombre que se confunde o engaña fácilmente por las noticias que consume de la televisión o internet. A lo que Trump se refería en su tuit, publicado poco después de que las urnas cerraran en la costa oeste, fue que Obama había sido declarado ganador por las cadenas de televisión tan pronto como se proyectaba que obtendría la mayoría de los votos electorales, al ganar en Ohio.

Antes de que comenzara el conteo de votos en California, Trump estaba desconcertado e indignado por los números que veía en pantalla, que demostraban que Romney estaba cerca de un millón de votos por delante de Obama en el recuento popular nacional.

Perdió el voto popular por mucho y ganó las elecciones, escribió Trump al comienzo de un ataque en Twitter contra el farsante Colegio Electoral, que luego borraría.

No mucho después de que comenzara la erupción de Trump en Twitter, Obama avanzó en la métrica del voto popular y, al final, ganaría, al derrotar a Romney por casi cinco millones de votos, 51.1 a 47.2%.

Lo que el tuit de Trump de hace cuatro años revela más claramente es que cree que una palabra describe a un candidato presidencial que obtiene menos votos que su rival: perdedor. Con eso en mente, no es difícil entender los intentos cada vez más desesperados de Trump por superar su estado legalmente insignificante, pero políticamente vergonzoso como un presidente electo que obtuvo 2.3 millones menos votos que su oponente, Hillary Clinton. El hecho de que Trump obtuviera 46.4% de los votos y asegurar una participación menor que Clinton (48.2%), así como de Romney —de quien se había burlado por perder frente a Obama— lo perturba, continúa mencionándolo y disculpándose por ello.

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El hecho de que la participación de Trump en el voto fuera menor que la de candidatos derrotados como Romney y John Kerry, que obtuvieron 48.5% de los votos en 2004 —sin mencionar a Al Gore, con 48.4%, como George W. Bush, con 47.9%. Trump, al sugerir previamente que habría ganado el voto popular si hubiera hecho más campaña en Nueva York y California —dos estados donde fue vapuleado—, compartió durante el fin de semana una teoría de la conspiración del internet que ha sido desmitificada y sostiene que millones de inmigrantes indocumentados votaron por Clinton.

“Además de ganar de calle el voto electoral, gané el voto popular si deduces los millones de personas que votaron ilegalmente”, mencionó.

El presidente electo afirmó que la elección que ganó estaba plagada de fraude y beneficiaba a su oponente, declaración ques impresionante por sí misma.

Pero la obsesión de Trump con su condición de segundo lugar en la sección de popularidad del concurso tiene importancia potencial. Uno de los argumentos más reiterados por Trump durante su campaña es que él representaba a “la mayoría silenciosa” de los estadunidenses. En las últimas etapas de la campaña, incluso regañó a un reportero dirigiéndose a él por su nombre por no estar de acuerdo con él en que el tamaño y el entusiasmo de las multitudes en sus eventos eran indicativo de que él era claramente más popular que Clinton.

Dado que ser mediblemente impopular trastorna a Trump, sólo podríamos estar frente a algo único en la historia de Estados Unidos: el primer ganador de una elección presidencial en asumir el cargo al tratar de sacudirse la sensación de que es un perdedor.

Cuando Jeff Zeleny informó en CNN: “el presidente electo está sugiriendo, con cero evidencias que respalde su afirmación, que ganó el voto popular y es la víctima del fraude electoral generalizado”, Trump retuiteó a varios seguidores que extrañamente atacaron al periodista por no demostrar que la afirmación de Trump carecía de fundamento.

Todavía no está claro qué significa para Trump “ganar de calle”, pero su estrecha victoria en el Colegio Electoral —que pudo ser revertida por 101 mil 053 votos más para Clinton en tres estados— junto con la pérdida del voto popular nacional por un margen sin precedentes superior a 2.3 millones de votos no obedece a la definición de nadie más.

Derrotas. El primer ganador de una elección presidencial trata de sacudirse la sensación de su medible impopularidad, situación que lo transtorna.

Eje central

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