El silencio, otro crimen

POSTIGO

Por JOSÉ GARCÍA SÁNCHEZ

Para qué pedir un minuto de silencio por la muerte violenta de un periodista si silencio es lo que sobra en estos casos. Si el primer asesinato de un comunicador se hubiera atendido con la eficacia esperada en un sistema político sano, no hubiera habido más asesinatos de periodistas. Pero la impunidad invita a repetir el crimen una y otra vez. Las quejas siempre se centraron en las instancias que procuran justicia sin que sean éstas las únicas responsables de esta cadena de muertes violentas.

Así, la omisión y la negligencia convierten al gobierno de México en un asesino serial de periodistas. Porque cuando un gobierno no trabaja como se debe quien busca la verdad se convierte en un enemigo.

Si los asesinos materiales no son enviados de un criminal intelectual instalado en el gobierno, éste sabe que se quita un crítico de encima y actúa, incluso involuntariamente, con lentitud e ineficacia.

El inconsciente traiciona a las instancias legales en los procesos de investigación para dar con los asesinos de los periodistas. Los móviles señalan al asesino y los móviles explican la causa.

Es por ello que desde un principio desde las dependencias encargadas de impartir justicia se quiere sacar de la investigación el trabajo periodístico de los agredidos, quienes a veces sólo son advertidos.

El común de nominador de la mayoría de los periodistas asesinados en este sexenio es que tenían un medio propio, es decir independiente. En casi todos los casos a través de internet. Esa independencia de las grandes cadenas de información pareciera convertirse también en parte del peligro de quienes no acatan reglas implícitas en los grandes medios y las cadenas transnacionales de noticias.

Porque ser independiente en relación con la información, en este momento, en este país es un peligro, incluso para algunos un delito. De aquí que se menada el mensaje de que la autonomía de criterio puede ser un acto suicida. Si las autoridades no hubieran mostrado, en los hechos una negligencia desproporcionada, se pensaría que no hay complicidad, aunque hubiera impunidad, pero ahora ante el tortuguismo de las investigaciones, las  sospechas de complicidad dentro del aparato de gobierno están presentes.

En un acto de protesta por el asesinato de los periodistas, elementos del estado Mayor presidencial tomaron fotografías de los inconformes, como una forma de intimidación hacia quienes expresaban su rechazo a la manera en que se han llevado las investigaciones delos periodistas muertos violentamente en todo el país.

Con los homicidios de Javier Valdez y Jonathan Rodríguez, cometidos el pasado lunes en Sinaloa y Jalisco, respectivamente, suman siete reporteros asesinatos en menos de tres meses.

El silencio de las autoridades y su lentitud y palos de ciego en las investigaciones de los asesinatos contra periodistas acusa complicidad. Probablemente no una complicidad premeditada, pero sí asaltada en el momento mismo en que se perpetró el crimen.

Los periodistas independientes, fuera de las ataduras de las grandes empresas periodísticas representan un peligro no sólo para el crimen organizado, sino para todo aquel que viola la ley amparado en su cargo dentro de la administración pública.

A pesar de los discursos, declaraciones y medidas de protección para los periodistas, para muchos funcionarios públicos el comunicador es su enemigo, un enemigo a muerte.

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