La escena veracruzana

La escena veracruzana

Por Marco Antonio Medina Peréz

Si algo aprendimos del pasado proceso electoral en México es la persistente negativa del prinosaurio a dejar el poder. Por lo menos así lo demuestra la situación actual del Estado de México, donde el partido prinosáurico aún intenta maniobra y media para dar la voltereta a los resultados que favorecen a Delfina Gómez.

Pero en Veracruz asistimos al fortalecimiento del pansaurio, una versión no menos pedestre y depredadora que la mexiquense, derivación mutante del nacido en el gobierno foxista que cambió la piel azulina por el tornasolado verdor del régimen, que desde entonces fue cada vez más multicolor.

Y es que los gobiernos panistas desde esa época aprendieron las costumbres y los mecanismos de control del régimen priista. Aplicaron los programas sociales con el mismo empeño y enjundia que los priistas. Porque pensaron que con el mismo modelo de control electoral iban a poder permanecer en el poder por siempre. La disputa entre ambos saurios fue la tónica elecciones estatales y municipales. Se trataba de ver qué versión, si la azulina o la tricolor, se empleaba con más eficacia, con más tino y con mayor fervor patrio. De la aplicación más eficaz resultaba el ganador.

En Veracruz se vivió una elección de Estado. Empeñado en instaurar su dinastía particular en Veracruz, el gobierno de Yunes Linares hizo todo lo posible para evitar que el voto libre prevaleciera y se enseñoreara el voto controlado, el voto comprado, la compra de las conciencias como el factor determinante en la expresión en las casillas.

Veracruz se vistió de azul por obra de la operación política y la compra del voto. No hace falta mucho despliegue neuronal para comprender que, con los recursos obtenidos por la aprobación del Congreso para reestructurar la deuda, se le dio a Yunes Linares el oxígeno financiero para disponer de las cantidades necesarias y desplegarlas a todo lo largo del territorio veracruzano.
Con el PRI y MORENA ocupados en el proceso electoral mexiquense, la obra de desfiguros lograda por el asunto Duarte, por un lado, y por el otro el montaje de videos a propósito del caso Cadena, Yunes Linares contó en un caso y en otro con sendos caminos para aprovechar la situación de los contrarios. Pero lo principal fue la compra del voto, el elemento en el que mejor se desenvuelven los pansaurios veracruzanos, ante la inmovilidad de los prinosáuricos.

Por el lado de Morena, en su primera participación en elecciones municipales, el logro es importante. Se ratifica su presencia aplastante en Coatzacoalcos y Xalapa, además de que gobernará las ciudades petroleras de Minatitlán y Poza Rica y el emblemático Río Blanco.

Medio millón de electores han hecho que Morena se apersone en las presidencias municipales de 17 o 18 municipios. Casi con la misma cantidad de electores el PRI ganaría en 36 de ellos; en tanto que la coalición PAN-PRD gobernará 10 veces más municipios, con solo el doble de electores. Esto habla de la presencia de Morena concentrada en ciudades de población numerosa, mientras que las coaliciones del PRI y del PAN lo harán en ciudades pequeñas.

El logro es mayor si se observa que los votos de Morena fueron obtenidos por sí mismo, sin coalición con nadie, y sin el clásico toma y daca al que se ha acostumbrado una parte del electorado por la preminencia de la cultura priista, ahora adoptada por panistas y perredistas.

De esta participación electoral, Morena deberá hacer una reflexión profunda para emprender con mayor éxito la ruta hacia 2018. Lo dicho, necesitamos un cambio verdadero.

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