Juntos contra el ganador

Sin piedad

Todos los partidos políticos, a excepción de los aliados de Morena, crearán un ambiente tenso y agresivo alrededor de los actos de ese movimiento

Por Staff

El electorado mexicano sabe del pacto elaborado al vapor y concertado en lo oscurito. El objetivo común para no permitir la llegada de Morena al poder consiste en declinar ante el mejor posicionado en las encuestas, unas horas antes de la jornada electoral.

Así, el Frente y el PRI, sumarán esfuerzos para ganarle, de manera evidente y sucia, a Morena. Sin embargo, aun así, tienen miedo.

Con candidatos de segunda división el PRI y el Frente, tanto en la competencia por la Presidencia de la República como para la Ciudad de México, para impedir el cambio que debió realizarse desde hace tiempo en el país.

La inercia del gobierno federal, que terminó por contagiar hasta a la oposición, tiene muchos vicios. Es por ello, por los vicios que incluyen un alto índice de corrupción, que los partidos tradicionales se unen para combatir a un enemigo común.

Al país le urge un cambio, aunque sea doloroso para una minoría, pero todo debe cambiar poco a poco, sin que haya radicalismos, pero constantemente hasta desarticular la estructura de gobierno que hasta ahora impera de manera autoritaria.

Asuntos tan lamentables como la casa blanca y su respectiva represalia contra los periodistas que dieron a conocer su existencia, marcan uno de los sexenios más oscuros en materia de corrupción.

Desde el PRI, el Verde, el Panal, el PAN, el PRD, Movimiento Ciudadano las agresiones contra los militantes de Morena, los sabotajes a sus actos, la descalificación a sus candidatos, la denostación a sus líderes se hará evidente en todo momento. Los medios darán rienda suelta a especulaciones sobre las familias de los líderes de Morena y tratarán de inventar una realidad que no corresponde a los hechos.

Todos ellos con un discurso lineal, donde los adjetivos desbordan. Ahí está el improvisado candidato del PRI a la gubernatura de la Ciudad de México, quien no tiene ninguna posibilidad de triunfo, tomar como figura central de su discurso de precampaña a Andrés Manuel López Obrador, al tratar de que los capitalinos vean la realidad de una ciudad en blanco y negro. Es decir, el maniqueísmo ramplón en el que se forman algunos de los egresados de las universidades particulares donde el bien y el mal siempre luchan en las capillas y santuarios de sus campus universitarios con sacerdote millonario de por medio, quieren aplicarlo a una realidad compleja que rebasa las limitadas percepciones de hombrecillos como Mikel Arriola, quien en su media lengua de burócrata y tecnócrata asegura que en la capital del país hay un gobierno malo e ineficiente.

Para Arriola lo que no es bueno es malo, y todo cabe en su reducida visión de su pequeño mundo, desde esta perspectiva dijo: “estamos hartos de que nos gobiernen mal, estamos hartos de que no se presten los servicios y de que quien pague el pato sea la gente”.

Pero Arriola también sabe mentir para no desconocer la estirpe a la que pertenece y aseguro que el PRI escuchó a la ciudadanía y abrió espacios para su participación, “y hoy hay dos precandidaturas: “la de Pepe Meade que va a ser presidente de México y la de un servidor”.

Arriola Peñalosa expuso que quiere y puede gobernar la Ciudad de México, la cual ha enfrentado en los últimos 20 años malos gobiernos.

Arriola carece de criterios propios, de un análisis a la altura de una competencia electoral por una ciudad ilustrada, por un espacio donde se lee, con una población consciente del valor del voto. Pero Arriola pareciera hacer una campaña de pueblito de hace 50 años.

“Hace 20 años la gente vivía mejor. Hoy 77 por ciento de los capitalinos, y me incluye, decimos que se vivía mejor hace 20 años. Los delitos han subido 70 por ciento”.

Añadió que mientras en el PRI se aprobaba el registro de su precandidatura ciudadana, en la delegación Coyoacán, el Partido de la Revolución Democrática PRD y Morena se agarraban a golpes, y es así como resuelven sus diferencias, “nosotros no, nosotros somos diferentes”.

Por su parte, la aeromoza Alejandra Barrales, en medio del más premeditado disimulo, llamó a Claudia Sheinbaum a llevar la fiesta en paz. Como si no fuera evidente que los miembros de su partido, el PRD, iniciaron la gresca lanzando sillas y quemando mantas de Morena en la plaza Hidalgo de Coyoacán, frente a la delegación.

La misión es muy clara, a pesar de que se hace evidente quién es el radical y el violento, hacer creer que es Morena el partido que quiere violentar, ya le funcionó esa estrategia al PAN y al PRI con el PRD, ahora el PRD quiere hacer creer que Morena representa la violencia política en el país.

Lo que hace en este momento el PRD es cuidar que su candidata elegida desde ahora, Alejandra Barrales, no pise terrenos desconocidos y menos aún adversos.

Lo cierto es que en Coyoacán hay mucho descontento, luego de que el actual delegado, Valentín Maldonado, se ha mostrado como un defensor de su antecesor, también perredista, Mauricio Toledo, a ultranza.

La deshonestidad de los perredistas en Coyoacán en las dos últimas administraciones le cierra las puertas a ese partido a cualquier posibilidad de seguir gobernado Coyoacán.

Alejandra Barrales, a diferencia de los otros precandidatos, no ha hecho actos proselitistas, ni ha dado declaraciones; sin embargo, ayer por la tarde utilizó sus redes sociales para enviar un mensaje a la única candidata morenista.

A través de su cuenta de Twitter, la perredista invitó a Sheinbaum a no generar “encuentros desafortunados” y le pidió que no se repitan las provocaciones.

“Hago un llamado al PRD a no caer en provocaciones, las campañas se ganan con ideas, con propuestas y nosotros vamos a demostrar que tenemos las mejores”.

La guerra de desprestigio comenzó temprano y esto la descubre en sus más graves intenciones. No saben qué hacer ante un enemigo común, que, a pesar de su unidad tras bambalinas, puede ganarle a la buena a los tradicionalistas que pelean por sus intereses personales y de grupo.

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