Wolff y el morbo por Trump: Claudia Luna Palencia

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia
@claudialunapale

El mejor ingrediente para convertirse en un best seller es contar con un inesperado publicista como Donald Trump, además gratuito… Michael Wolff se ha sacado la lotería en ventas en su más reciente libro titulado “Fire and Fury” publicado además en varios idiomas.
El periodista estadounidense estuvo de visita en Madrid, en Casa de América, hablando precisamente de la errática figura del actual mandatario de la Unión Americana.
A mí en lo personal, como economista y periodista, me hubiese gustado saber más bien qué tipo de contratistas militares están recibiendo las nuevas prebendas de la Casa Blanca y qué tipo de proyectos secretos –muy del estilo del Watergate- hubiesen podido ser desvelados en el ensayo de Wolff.
Me queda el sinsabor de que él explota el morbo en torno a si Trump es un mujeriego, tiene amantes, quiénes son y si comparte o no lecho con su acartonada esposa.
Creo que ante los desafíos actuales, el contexto geopolítico, la nueva Guerra Fría 2.0 y el nuevo cariz nuclear en la Casa Blanca lo verdaderamente relevante (más allá de si el magnate se inspira en las becarias y los puros a lo Clinton) sería conocer la camada de amigos íntimos que saldrán beneficiados por su cercanía.
A quién le están firmando contratos multimillonarios para concesiones de trenes, vías férreas, infraestructura privada o pública; la rueca del dinero girando además en pro de la industria armamentista a favor de: ¿Lockheed Martin Corporation? ¿Boeing? ¿Northgroup Grumman?
¿Cuántos y qué tipo de proyectos están destinados para empresas gasísticas, emporios del carbón y del petróleo? ¿Cuáles son los proyectos de envergadura a los que Trump y compañía le están dando prioridad?
Sin esas respuestas, Wolff centra la atención de su libro a desdibujar a un tipo “payaso y estúpido” acompañado por una “pandilla” que no sabe lo que está haciendo prácticamente, según él, carente de malicia y rebosante de estupidez.
Por ese solo hecho, el periodista autor de otros textos, considera que “existe un 33% de posibilidad de que Trump sea imputado por la trama rusa, otro 33% de que le apliquen la Quinta Enmienda y un 0% de que contienda por un segundo mandato”.
Como le falta malicia a Trump y a su pandilla, según palabras de Wolff, el Fiscal Especial terminará emitiendo un fallo por obstrucción a la justicia en la investigación de la presunta injerencia de Rusia en las elecciones: “No pasará a mayores porque lo enviará al Senado y ya se verá”.
“El Fiscal no podrá demostrar que hubo conspiración, para eso tendría que demostrar las intenciones y eso es difícil de demostrar; para mí son demasiado estúpidos para confabular”, a decir del propio Wolff.
A COLACIÓN
Honestamente no se necesita estar cien días de observador en la Casa Blanca como lo estuvo Wolff –gracias a que Trump le dio permiso- para saber que el actual presidente de Estados Unidos es un showman, aficionado a la verborrea fácil, vanidoso, egocéntrico, obsesionado con las mujeres, un hombre prepotente, voluble, sin control sobre de sus impulsos, narcisista y que un buen día creyó que podría ser presidente, alentado por Steve Bannon, otro ambicioso como él que creyó su papel de titiritero… hasta que cayó de la gracia de Trump.
No sé, el sabor de boca de la presentación de Wolff, me deja el sentimiento de que él, como periodista, sabía bien el perfil que quería explotar que es además muy vendible para ese lector promedio que no necesita ser un erudito de las relaciones de poder en Estados Unidos ni de cómo funciona el establishment.
Un público además movido por la animadversión hacia el incipiente político porque nadie puede negar que se sabía cómo y quién es Trump porque sus largos años mediáticos así lo han dejado ver ya sea al frente de Miss Universo, en sus portadas cuando estaba con Ivanna y luego con Marla hasta su ostentoso poder (del que esconde su caudal) y del que hizo gala en The Apprentice.
¿Qué si habrá o no habrá una guerra? Me parece lunático esperar que Wolff sepa la respuesta y que incluso se aventure a negar toda posibilidad aduciendo que ir a una guerra “precisa de mucho enfoque intensivo y la capacidad de líder con mucha información”.
Si consideramos que el entonces presidente George W. Bush tenía fama de cocainómano y alcohólico (y así presidió la Casa Blanca) y llevo a su país a invadir Afganistán e Irak, pues me queda muy claro que no es precisamente Trump quién decidirá o no si habrá guerra con Corea del Norte o con Irán. Mi conclusión es que el morbo vende… pero no significa buen periodismo.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

 

 

Fuente: José Cárdenas

Facebook Comments