Disfraz primaveral del PRI

Postigo

Por José García Sánchez

Los candidatos del PRI a puestos de elección popular están tan separados del pueblo que deben tomar una capacitación para saber cómo vestirse ante los probables, poco probables, electores durante las campañas a punto de comenzar.

Esto nos habla de la ligereza con la que ve el PRI una contienda electoral contratando asesores frívolos de imagen que recomiendan el disfraz ante la convicción.

Tienen prohibido, por ejemplo, portar relojes caros, es decir la colección de Rolex y Piaget que tiene César Camacho Quiroz, no deberá ser exhibida. Alguno de cuarzo, de poco brillo. No más.

Los priistas deberán comprar ahora en tiendas donde nunca se compraron una prenda, a ver si se adaptan. Porque es posible que haya uno que otro que prefiera abandonar la contienda, que el acarrea pocos votantes ante el peligro de vestir ropa corriente.

Para ser candidato a un puesto de elección popular en el PRI tiene como primera condición contar con varios millones de pesos o de dólares para colocarlos en la campaña; es decir, se trata de una apuesta que no terminan con la campaña, sino que ese dinero tiene un objetivo fundamental durante la jornada electoral. Los votos tienen precio y debe “invertir” en la compra de voto, sin importar si la voluntad popular los favorece o rechaza, o simplemente los aborrece.

La ropa que utilizó Alfredo del Mazo en su campaña para la gubernatura del Estado de México, por ejemplo, superaba los cien mil, pesos encada acto. Contrastaba con la ropa de los acarreados que utilizó en buena parte de sus reuniones, éstos siguen en las mismas condiciones. Su carta principal, la tarjeta rosa todavía no se reparte ni en su totalidad ni de manera equitativa. Hay varias familias pudientes que tienen una o dos de esas tarjetas y la inseguridad en la entidad va en aumento. La ropa cara no sirve para impulsar un gobierno justo, por lo menos en apariencia esa impresión da a los electores, quienes ahora verán a los candidatos del trico0lor vestidos de manera diferentes porque les prohibieron hasta los pantalones de color muy vivo.

Los candidatos del PRI deben recuperar la credibilidad ante el electorado y creen que en la ropa sencilla pueden encontrar simpatías. Sería muy recomendable que dieran a conocer lo que han ganado en sus anteriores puestos, dentro y fuera del presupuesto y lo que tienen, a ver si les checa dicha cuenta elemental.

Porque con vestirse diferente sólo disfrazan la diferencia entre los candidatos del PRI y los votantes, a quienes desesperadamente quieren conquistar a fuerza de nuevos trajes y ademanes más comunes, incluyo llegan a intentar hablar como la barriada en frases como Yo mero o la búsqueda de un México chingón. Dichos intentos resultan ridículos por carecer de autenticidad, innecesarios porque a nadie engañan. Si el candidato se viste como siempre, le da al elector una mejor idea sobre su personalidad y su probable manera de ejercer el poder.

No cabe duda de que los candidatos del PRI van por el voto popular. Quieren cautivar a los más lejanos, recuperarlos porque los tenían con ellos hace muchos años, pero al ver que la clase media de ayer es la clase pobre de hoy, toda esa gente se alejó para no volver jamás.

Ahora quieren rescatarlos de las garras de otros partidos para lograr que voten por el PRI. La memoria es el principal insumo de la conciencia y en nuestro país hay mucha memoria arrebatada por nuevos autoritarismos y traiciones a los pobres.

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