Crónica de una posible guerra anunciada

Concordia con empresarios

López Obrador en todo momento ofreció un espacio para los empresarios, ya sea en el rechazo o en la inclusión fueron protagonistas de su campaña 

Por José Páramo Castro

El primer discurso como Presidente de la República ganador de Andrés Manuel López Obrador fue dedicado a los empresarios. En un hotel del centro de la Ciudad de México, el candidato de Morena, declarado vencedor por sus adversarios antes de que lo afirmara él mismo, calmó las dudas e inquietudes de un importante sector de la población que había tratado de manipular el grupo en el poder.

Desde la víspera de la jornada electoral se habló de fuga de capitales, de inversiones extranjeras abortadas, de devaluación exorbitante, de inflación desproporcionada, etc. Andrés Manuel López Obrador, fue muy cuidadoso a la hora de delinear su política económica en un discurso en el que pudo ser más radical, más festivo, incluso alegórico. No lo hizo por respeto a los competidores.

Las pocas dudas de los desconfiados fueron disipadas en una alocución que pudo ser más radical. Sabía que todavía  había empresarios con dudas y que en realidad se trataba de un sector de la población con enormes riesgos, y quisquillosa.

La desconfianza de los empresarios está basada en las experiencias anteriores con los priistas, que no fueron muy buenas. Algunos presidentes jugaron a la izquierda para sentirse demócratas y otros a la derecha para sentirse modernos y en realidad lo que sucedió fue que necesitaban legitimarse ante las dudas que arrojaban los altibajos de la inconsistencia de quienes gobernaban más por costumbre que por vocación.

Si damos un repaso a las rencillas iniciales entre los empresarios y López Obrador, vemos a un grupo de medios de información que parecía que amarraban navajas. Analistas de una realidad parcial por antonomasia y comentaristas de la consigna. Incluso soldados rasos de la guerra sucia.

La cercanía de la jornada electoral obligó a buscar las coincidencias y lograron no sólo crear el engranaje necesario entre gobierno electo y empresariado sino que se condujo la relación como una sociedad con objetivos comunes y logros sin precedente.

Sin duda la contribución a la manera de negociar de Alfonso Romo, futuro jefe de gabinete, fue determinante en este proceso de conciliación, que asombró a los propios empresarios y a los morenistas, quienes también estaban recelosos ante una posible ruptura de consecuencias inimaginables. A esta ruptura le aportaron más de un funcionario engreído y rencoroso.

Hay quienes afirman que la herida abierta entre López Obrador y los empresarios del país data de hace seis años, cuando arremetió en más de una ocasión calificándolos de no tener bandera ni patria. Eran otros tiempos. Tanto empresarios como partidos políticos se radicalizaban en todo momento.

La víspera de esta campaña fue casi tan tenebrosa como la de hace seis años.  No faltaron los calificativos de “minoría rapaz” o “traficantes de influencias”.

Poco a poco fueron atenuándose las diferencias y se privilegiaron las coincidencias a grado tal que con la confianza de que ganaría las elecciones, el propio López Obrador prometió reunirse con los empresarios organizados cada tres meses.

Fue el primer paso de confianza, aunque todavía no existía la certeza de que triunfara en las urnas.

Además prometió respetar inversiones y la autonomía del Banco de México así como un programa de 110 mil millones de pesos anuales del gobierno para pagar la nómina de jóvenes que deseen ser aprendices en sus empresas, el viraje se patentó:

“Creo que salimos muy entusiasmados, con energía, para hacer lo que tenemos que hacer. (…) Todos tenemos que hacer nuestra parte para hacer de México un país más incluyente, más próspero y que realmente le saquemos todo su potencial”, dijo Claudio X. González Laporte, presidente de Consejo Mexicano de Negocios.

Otro de los aspectos que dieron confianza a los empresarios fue la designación temprana de Alfonso Romo, empresario exitoso que marcaba un signo en la nueva era del movimiento encabezado por López Obrador, porque desde sus inicios como hombre de negocios mostró eficiencia y gran talento para desarrollar sus industrias, desde la Cigarrera La Moderna hasta la concesión de la coca Cola y la franquicia de las tiendas Oxxo, siempre fue un modelo de hombre de negocios.

Así, Andrés Manuel López Obrador, fue huésped de los más importantes  hombres de negocios del país como Raúl Gutiérrez Muguerza, director general del Grupo DeAcero, considerado uno de los 10 más fuertes en Nuevo León, así como Juan Ignacio Garza Herrera, director del consorcio Xignux, con base en Monterrey.

Fue el invitado especial en un evento de la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos, presidida por Francisco Cervantes Díaz, donde se fortaleció el lazo entre el presidente ganador, todavía no considerado presidente electo, y los empresarios del país.

Las heridas abiertas por voluntad propia y ajena entre el gobierno electo y los empresarios inician una nueva etapa. Nueva etapa quiere decir que no tiene antecedentes en la historia del país como muchos quieren verlo. No puede analizarse la realidad del México de hoy con ojos del pasado.

Tampoco podemos pensar, como la secuela de la guerra sucia quiere que se aprecie esto: una reconversión al PRI desde Morena. Desde ahora existen los suficientes elementos para pensar que esto no va por ese camino, a menos que con ese pretexto apuesten por la desestabilización de un gobierno que acaba con los privilegios de unos pocos.

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