La caída de los sapos veracruzanos

Durante las administraciones que tomaron lugar desde 2004 y hasta el final del sexenio de Javier Duarte, surgió un grupo de jóvenes políticos que conocieron y disfrutaron las mieles del gobierno. Desde ahí, Erick Lagos, Jorge Carvallo, Adolfo Mota, Vicente Benítez, Juan Manuel del Castillo, Ricardo Sandoval forjaron el imperio que los proyectó al cénit de su poder. A partir de entonces han sido señalados por diversas irregularidades cometidas en sus responsabilidades públicas.

En esos tiempos, los políticos y exclusivos empresarios daban cuenta sobre el ascenso social y económico de estos “jóvenes promesa”, que llamaban la atención por la audacia y las inconsistencias en sus vidas, así como los grandes dispositivos con el que hacían y deshacían en sus territorios.

La danza de la corrupción e impunidad en aquellos años (2004-2016) era dirigida, especialmente, por estas figuras que a la par de ir llenando su alforjas, satisfacían los deseos más banales y viles de sus superiores.
Poco preocupaba a ese grupo de políticos. Consideraron que la permanencia en el poder se alargaría pero el triunfo de Miguel Ángel Yunes Linares en 2016 desvió inmediatamente sus esperanzas y ambiciones.

Bajo la promesa de “No olvido, no perdono; no habrá amnistía”, Yunes Linares advirtió, y prometió ir contra Duarte. Incluso en su primer mensaje como gobernador constitucional, desde la máxima tribuna del Congreso del Estado, Yunes contó que uno de los operadores financieros de Javier Duarte, José Janeiro, le confesó los alcances de la corrupción en Veracruz y la forma en que desviaban cientos de millones de pesos: “Yo era el responsable de llenar la tubería, pero la tubería estalló porque le metimos demasiado”, le habría confesado Janeiro.

Esto provocó que muchos de los piratas públicos dieran a conocer quiénes eran los principales operadores políticos y económicos del saqueo público más insolente en la historia de Veracruz.
Ante tales circunstancias, Erick Lagos, Jorge Carvallo, Adolfo Mota, Vicente Benítez, Juan Manuel del Castillo, Ricardo Sandoval sabían que sus acciones pasadas los podría poner en prisión. La ambición, la codicia, el miedo se conjugaron en ellos, por lo que más rápidos que furiosos se entregaron a los brazos del entonces gobernador electo para ofrecer la información que desmenuzaba la corrupción veracruzana a cambio de impunidad.

En un mes, Erick Lagos, Jorge Carvallo, Adolfo Mota, dejarán la diputación federal y perderán protección constitucional. Buscarán por todos los medios ser olvidados, perdonados o enviados a un hoyo negro del cosmos porque saben el nivel de sus delates. A Vicente Benítez y Juan Manuel del Castillo les toca turno en los primeros días de noviembre y estarán en igualdad de circunstancias que sus correligionarios.

Todos dirán que sus acciones son entendidas como ingratitud y ellos jurarán que la traición es una virtud de gobierno o argumentarán que no hay alianzas gratuitas, todas implican sacrificios programáticos o pactos de impunidad.
Sin embargo, de este grupo político provino la información más relevante para tener presos a Javier Duarte, Arturo Bermúdez, Mauricio Audirac, Gina Domínguez, Antonio Nemi, Francisco Valencia, Luis Ángel Bravo que los colocó en el nadir de su carrera.

En la clase política, social, económica e intelectual a Erick Lagos, Jorge Carvallo, Adolfo Mota, Vicente Benítez, Juan Manuel del Castillo, Ricardo Sandoval se les conoce como “los sapos veracruzanos” -en alusión a que son soplones, delatores, traidores- y así como en las series de televisión colombiana escuchamos el “camelleo”, ellos siguen trabajando o realizando cualquier actividad que implique un sacrificio a costa de que sigan siendo intocables.

Para estos “sapos” si ha existido “olvido, perdón y amnistía”, hechos innegables ante tanta mutación histórica, así como para los empresarios Jaime Porres, Francisco “Franky” García y Moisés “Moy” Mansur quienes en su momento fueron acusados por el propio Miguel Ángel Yunes Linares como los principales operadores financieros en el caso Duarte.

Ahora, “los sapos veracruzanos” se encuentran en el desamparo político porque así como operaron en el 2016 en contra del candidato priista para garantizar su impunidad con Yunes Linares, en las pasadas elecciones lo hicieron en contra de los morenistas.

Llegó la época de la caída de los sapos veracruzanos.

 

 

Fuente: Noreste

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