Trampas mediáticas

Postigo

Por: José García Sánchez

Ante la precisión que exigen algunos comunicadores, muchas veces por consigna de los directores de algunos medios, la necesidad de provocar críticas es patente. Éstas tienen como propósito disminuir paulatinamente el capital político de Morena en general y de Andrés Manuel López Obrador en particular.

Ahora les asombra la concentración de poder, que nunca llamó la atención durante los 80 años de poder del PRI, sin embargo, los medios están listos para comenzar la embestida de la especulación. Algunos de ellos aseguran que las promesas de campaña son tantas que no se cumplirán.

Otros, con la tradicional rutina de la desinformación, señalan que no ha habido cambios en los precios, ni más empleo, ni aumento a pensiones, cuando en realidad el sexenio empieza el 1 de diciembre.

Ante este panorama se advierte la intención de que el nuevo gobierno sufra de parálisis, porque si castiga a alguien cuya conducta haya caído en la perpetración de actos delictivos, esos medios hablarán de actos de venganza, cacería de brujas, rencores enconados, etc. Si no los castigan hablarán de pasividad, de miedo, de continuidad.

Más aún si se trata de políticos, líderes sindicales o funcionarios públicos. Desde ahora se enuncia que cualquier hombre o mujer que sea sancionado los medios que vivieron del dinero del gobierno, dejando a un lado si la información era real o ficticia, los considerarán presos políticos.

Si se trabaja con dinámica se perjudica a alguien, si no se trabaja no se cumple con la promesa. Lo que extraña es la novedad de las expresiones críticas de los medios sin precedente. Los medios se convierten en una especie de consigna política sin partido, por lo menos aparentemente, encargados de buena parte del contrapeso necesario ante tanta concentración de poder.

Pero los medios no han mostrado ser contrapeso sino trincheras: defienden intereses de pocos y no las necesidades de muchos. Es más fácil que caigan en el exceso que en la precisión de una crítica certera y seria.

Ahora los medios en México tienen un papel que nunca han desempeñado. No pueden seguir halagando al poder con cuyas obras no comparten objetivos, pero tampoco pueden seguir practicando una guerra sucia, donde las críticas sin fundamento no lograrán el equilibrio esperado sino el desprestigio de los medios y el fortalecimiento de un poder que mostró en las urnas donde la cascada de desprestigio no influyó en la decisión de los votantes.

Los medios no sólo deben mostrar poder sobrevivir sin el subsidio del gobierno al que están acostumbrados sino la credibilidad que ya han puesto en juego y que en la batalla por la certeza parece que ceden terreno a las redes, a otra manera de apreciar la realidad. Seguir apostando a la desinformación implica colocarse en un punto vulnerable de la historia y en enemigo de la verdad que siempre debieron defender y nunca han logrado ni se han propuesto tal propósito porque criticar a un gobierno no lo saben hacer; sólo saben esterilizar críticas al poderoso y desacreditar a la oposición. Ahora en la oposición están quienes los llevaron a la cumbre económica y muestran una grave crisis económica después de la derrota electoral.

Los medios deben cumplir con su compromiso. Eso nunca lo han hecho. Sólo así recuperarán la credibilidad y podrán convertirse en un auténtico, fidedigno, contrapeso político y social. Los medios también deben estar conscientes de que tienen mucho que aprender y poner a tiempo su reloj de la historia.

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