El PAN se desmorona

Por dentro y por fuera

Los pocos militantes con los que cuenta Acción Nacional están divididos ante una derrota electoral que todavía no asimilan

Por José Páramo Castro

A menos de cinco meses de una de las derrotas más graves en el campo electoral, el Partido Acción Nacional no quiere ver hacia adentro y prefiere seguir jugando el papel de partido importante en la escena política nacional.

Quiere subirse al ring antes de estar en forma y con graves heridas en su cuerpo. Con divisiones entre viejos panistas y neopanistas, entre jóvenes y viejos, entre anayistas y conservadores, todos con un alto grado de individualismo que se refleja en la posición protagónica por convertirse en el líder nacional de un partido que si bien llegó en segundo lugar como fuerza electoral, mantuvo una gran diferencia con el primero. Ni siquiera pudo ser competidor. Ya sea porque su candidato estaba muy verde ante un candidato que tenía 12 años pugnando por llegar o bien porque al interior de su partido la estructura planteada ya no funciona, el hecho de que sea segunda fuerza electoral no quiere decir que está en segundo lugar en las preferencias del electorado.

El PAN debe estar consciente de esta derrota, pero sobre todo del momento que vive. Es necesario que esta crisis en su interior sirva para transformar su estructura y convertirse en un partido con bases sociales y no una organización que teje en el aire las esperanzas de que voten por sus candidatos, estrategia que les funcionó hasta cierto tiempo, hasta cierto nivel. Ahora, ante la aplastante victoria de un partido político que exige de equilibrios inmediatos, el PAN deberá refundarse y ver en su estructura, la mejor forma de transformarse de acuerdo a los tiempos.

Su candidato a la Presidencia de la República consideró que la modernidad de una idea política residía en realizar la campaña de proselitismo a través de redes sociales y de proveer a los campesinos de celulares. La verdadera modernización de su partido es lo que debió ocupar su tiempo desde hace muchos años.

Ahora es un partido que no se conoce a sí mismo ni ante sus jóvenes ni ante sus viejos militantes.

El PAN debe abrirse a la población por mucho miedo que produzca esta simple propuesta.

El voto duro del PAN debe empezar a forjarse, esto nos habla de que tiene un grave retraso respecto al resto de los otros dos partidos, el PRI y Morena, que ya tienen una fuerza real y concreta de acuerdo con su estructura. El PAN nunca ha sabido con cuántos militantes cuenta, con cuántos simpatizantes puede apoyarse, con qué garantías debe incursionar en las elecciones. Desconoce su propio potencial y un partido político que no se conoce a sí mismo, difícilmente podría competir en las ideas en el Congreso y con votos en las urnas.

Si el PAN no se transforma en serio estará condenado perder las elecciones de los próximos años hasta que haya alguien que se atreva a acercarse a la militancia y al pueblo para juntos transformar una organización que cada día se parece menos a un partido político. Más aún con la evidente improvisación que padecieron con Ricardo Anaya y Damián Zepeda.

En lugar de que el PAN cierre las heridas, cure cicatrices se da a la tarea de expulsar a quienes considera dañinos para el organismo, pero deja el virus de la traición en su cúpula.

Porque ahora se expulsarán a 40 panistas en el estado de Hidalgo, a quienes se les califica de traidores, en lugar de que rectifiquen posturas y propuestas para la dirigencia, porque ahora que se habla de hilvanar presente con pasado de la organización se nombra insistentemente al nieto de Manuel Gómez Morín, del mismo nombre, debe recordarse a quienes integran la comisión de elecciones que este personaje de ilustre apellido pero de conducta no muy leal, estuvo a punto de ser expulsado del PAN por apoyar al candidato del PRI a la presidencia municipal de Naucalpan, que en ese momento era su contrincante. Oscar Olvera, ex alcalde de ese municipio, promovió un juicio de expulsión contra el nieto de Gómez Morín, pero fue salvado por Ricardo Anaya, a quien debe pagar la factura de haberlo mantenido dentro del PAN por el simple hecho de ser lo único que queda del fundador del PAN en esta organización política. Al interior de Acción Nacional no es visto con buenos ojos el nieto de tan ilustre panista, no sólo por su clara acción de traición sino porque le caracteriza la soberbia y la prepotencia.

Por su parte, el primer gobernador de oposición en la historia de México, hace tres décadas, Ernesto Ruffo, confirmó que contenderá por la presidencia del PAN ante Manuel Gómez Morín, Héctor Larios y Marko Cortés.

Ruffo, acudió a la sede nacional de su partido para hacer oficial su participación en la elección del 11 de noviembre. Pero no sólo visitó la sede de su partido sino que pidió cuentas sobre la veracidad del padrón de militancia de ese partido, tarea que había realizado él mismo un par de años antes y que considera que debe actualizarse ante tantos despidos, expulsiones, deserciones y divisiones.

El PAN quiere venganza y la busca en sus filas, quiere culpables y quiere encontrarla en sus militantes. No ha podido nadie cohesionar la clara división que existe en sus filas. En lugar de buscar culpables deben encontrar coincidencias, la urgencia de un contrapeso ante la aplanadora electoral que fue Morena está en sus manos, porque el PRI tardará mucho en recuperarse de una herida que parece ser de muerte.

Facebook Comments