Todos estos delitos ya están más que afianzados en México y también son generadores de violencia. Son operados por los 14 cárteles que tienen actualmente el control del país y de la totalidad de municipios.

En el proyecto de legalización de las drogas, cuyo impulsor ante la ONU será el prestigiado exrector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente, quien será representante de México ante ese organismo internacional, no se ha mencionado qué tipo de drogas se pretenden legalizar, tampoco se conoce si el plan incluye a las drogas sintéticas, producidas como palomitas, con la sola manipulación química o la propuesta únicamente incluirá un catálogo reducido de sustancias.

Lo cierto es que si las drogas se legalizan, el crimen organizado seguirá intocado mientras cuenten con libertad financiera. De nada sirve tener a los capos en prisión si sus brazos siguen moviendo sus capitales para generar más corrupción y mayor violencia.

La principal batalla de López Obrador, si quiere mermar al crimen, tendrá que librarse en la propia estructura de poder abatiendo la corrupción y cortando lazos criminales. Y además triturando las finanzas de la mafia. Sin esas medidas, es imposible sacar al país de la crisis, de tal suerte que la legalización de las drogas no alcanzaría ni la eficacia de una curita frente el desastre nacional.