PRI, partido decolorado

Postigo

Por: José García Sánchez

Las noticias que emanan del CEN del PRI muestran el estado de indefensión en que se encuentra el partido, siempre a la defensiva. En busca del martirio y la conmiseración de su propia gente.

Lo cierto es que el PRI está tan acostumbrado a caminar de la mano con el poder que ahora que es oposición y no socio del poder como lo fuera de 2000 a 2012, parece haber extraviado la brújula y mostrar sus deficiencias.

Llamó a la militancia del instituto para que de cara a una nueva etapa del tricolor, que defiendan su nombre y sus colores.

La permanencia del nombre del PRI no es asunto de militancia, no puede arreglarse con demostración de fuerzas. ¿Cuál fuerza? La demanda de otros partidos para que se le cambie de nombre es asunto de legalidad. Nunca debió tener el PRI esos colores. Lo hizo porque tenía jueces y tribunales a su favor que lejos de hacer justicia se acercaban a la complicidad.

Los colores del PRI no son del PRI, no debieron serlo nunca, se apropiaron, por decir lo menos, de los colores de la bandera mexicana. Durante toda su vida ese partido ha usurpado colores que no le corresponden ni a ellos ni a nadie, y por lo tanto son de todos.

Claudia Ruiz Massieu no se ha dado cuenta que el cambio de nombre es obligado y un asunto que debe decidirse en los tribunales y no en llenar estadios de acarreados. Pero ahora no hay ni siquiera dinero para acarrear a esa masa amorfa que el tricolor insistió en llamar militancia y que en términos reales no existe, pero que en su momento se sirvieron de una militancia sin rostro, pero con muchos votos.

La militancia del PRI se concibió como parte del voto duro que le garantizaba triunfos electorales, pero ahora, ante la derrota esa militancia simplemente le dio la espalda al partido y ni siquiera se molestan en darse de baja, para que los dirigentes puedan contar conciencia de que ya no cuenta con esa militancia que ahora convocan.

Ruiz Massieu trata de darle respiración artificial a un partido que agoniza el decir que si bien el primero de julio representó “una última batalla”, destacó que también fue “el primer día de una nueva etapa”. Pero esa nueva etapa tiene pocas alternativas y la más lógica es refundarse, condición que sistemáticamente rechazaron cuando eran socios del poder.

“Si la fuerza del PRI está en su militancia, entonces sólo los militantes unidos podemos sacarlo adelante. La reforma del partido va a ir de abajo hacia arriba; la organiza la dirigencia, pero la define la militancia. Ese es el compromiso”, dijo Ruiz Massieu, pero la militancia está muy resentida con la cúpula de ese partido porque no le tomaron parecer a la hora de designar un candidato a la presidencia de la República. La militancia priista no votó por el PRI en su totalidad, eso deben tomarlo en cuenta, pero la ceguera que produce una derrota electoral inesperada les impide darse cuenta de la realidad.

Ahora quieren echar mano de una militancia a la que mantuvieron al margen de decisiones, en la que se apoyaron sólo como carne de cañón en las campañas, a la que se le prometió escuchar y nunca fue escuchada.

El PRI desconoce que hasta el partido más fuerte debe sujetarse a la legalidad, aunque deban buscar este vocablo en el diccionario. Y una vez que lo consulten, empezar a transformarse, antes no.

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