Profeco, punto negro en Economía

Cueva de ladrones

 

A pesar de los aparentes grandes esfuerzos de Ildefonso Guajardo, la conducta de los funcionarios de Profeco puede costarle su carrera política

Por: José Páramo Castro

Sin duda el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá” (USMCA) es un logro que debe aplaudirse. Un avance en un proceso de comercialización que debió concretarse con mayor rapidez, pero negociar con Trump, lo han dicho quienes tienen que hacerlo, es un verdadero conflicto.

La vecindad con uno de los países más poderosos del mundo es de por sí un problema que deberá llevarse como una enfermedad crónica, se controla pero no puede erradicarse y habrá que evitar que haya un desenlace final.

Es por ello que deben elogiarse sin duda los esfuerzos de todos y cada uno de los personajes implicados, deben ser reconocidos por su paciencia y conocimientos.

Las negociaciones del acuerdo duraron mucho tiempo. Era necesario actualizarlo, y las imposiciones comerciales de Estados Unidos como el aumento a los aranceles del aluminio, fue algo tan injusto como sorpresivo. Fue ante este tipo de decisiones temerarias sobre las que se mantuvieron las pláticas.

“El acuerdo nos parece algo muy bueno para México”, dijo Jesús Seade, quien representó a López Obrador en el equipo negociador mexicano. Aquí debemos tomar muy en cuenta el hecho de la trascendencia del nuevo gobierno que al interior del país no se ha advertido y quienes lo perciben y publican son vapuleados por la guerra sucia que mantienen los intereses contrarios a las disposiciones del nuevo gobierno.

Ante el mundo, López Obrador es un dique de contención a las locuras de Donald Trump, es un líder con un apoyo social sin precedente y con una línea política opuesta a la de Trump, a pesar de todo no se ha cedido en las consignas que identifican al próximo presidente de México.

El presidente estadounidense había calificado al TLCAN como el peor acuerdo comercial de la historia.

La firma de este tratado, en los términos en los que se concretó con Estados Unidos y Canadá, está de acuerdo con la línea comercial de López Obrador y de la línea de Morena para el comercio internacional. El acuerdo, de 500 páginas, muestra que México cedió en algunos aspectos como el hecho de que para calificar para la reducción de tarifas, un automóvil debe tener un 30 por ciento de su fabricación realizada por trabajadores que ganen al menos 16 dólares por hora a partir de 2020. Esto suena bien para los trabajadores, pero a los empresarios de las ensambladoras no les va a gustar este tipo de acuerdos.

Andrés Manuel López Obrador, afirmó haber jugado un rol decisivo en el nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, pues impidió que se comprometiera la soberanía energética de México.

Para López Obrador la firma de este acuerdo significa que al llegar a su ejercicio el 1 de diciembre no tendrá la presión de realizar esta negociación, podrá concentrarse en mirar hacia el sur, incluso hasta China, ya que el contenido de este nuevo acuerdo así lo permite.

Los logros son de todos los participantes, sin duda, pero quienes realizaron grandes esfuerzos debieron seguir un liderazgo: el de Jesús Seade, quien a pesar de toda la tarea realizada con anterioridad por Ildefonso Guajardo, mostró las directrices de este acuerdo.

La figura de Ildefonso Guajardo, brilló hasta la llegada de los negociadores de la nueva administración. Al secretario de economía quisieron elevarlo incluso, hace un año, como posible candidato del PRI a la Presidencia de la República, los caprichos y los oportunismos lo impidieron.

El propio Ildefonso Guajardo, consideró que su prioridad era concluir este acuerdo que seguramente no fue fácil para nadie. Ahora lo mencionan como posible candidato del PRI a la gubernatura de Nuevo León, su tierra natal, quien podría competir con la candidata de Morena, Tatiana Clouthier, una vez que la pesadilla de El Bronco termine para los nuevoleoneses.

Sus colaboradores cercanos también aseguran tener un puesto seguro en la próxima administración. Consideran que han realizado una tarea intachable y merecen seguir viviendo del presupuesto.

Sin duda Ildefonso Guajardo podría ser un buen prospecto para recobrar uno de sus bastiones más preciados; sin embargo, el equipo que lo acompaña desafortunadamente pareciera impedir que la carrera política de su jefe continúe.

Prueba de ello es la situación actual de la Procuraduría Federal del Consumidor, que ha dejado de lado su responsabilidad que le da origen, para convertirse en una especie de caja chica de no sabemos quién. Eso sí con mucho capital para despilfarrar, incluso en caprichos como la guerra sucia contra la próxima administración.

Las quejas contra la Profeco no dejan de multiplicarse. Ante esa dependencia hay muchas quejas de malos comerciantes, pero hay mucho más contra esas oficinas, principalmente de gasolineros que son extorsionados por sus empleados.

La Profeco es responsabilizada de servir de instrumento a las grandes firmas y así atacar a negocios pequeños haciéndole el caldo gordo a cadenas de supermercados internacionales. Por ejemplo, en Guerrero suspendió seis tortillerías en Acapulco por incrementar de manera injustificada el precio del kilogramo de tortilla. Los supermercados quieren que no haya tortillerías, por eso venden el producto en sus tiendas a precio menor. Una vez exterminándolas se quedan con el monopolio de un producto nacional para después elevar el precio a su antojo.

Pero la Profeco nunca se ha distinguido por proteger el comercio pequeño, se convirtió en el impulsor de las grandes cadenas de tiendas departamentales.

Sin embargo, esto no es lo más grave que ocurre en las gasolineras, que es el botín que los empleados de Profeco no reportan ni comprueban, simplemente entregan a sus jefes.

Desde la llegada del regiomontano Rogelio Cerda Pérez, como procurador del Consumidor, esas oficinas se convirtieron en la cueva de Alí Babá.

Cuando fue detenido José Guadalupe Aguirre Solís,  director nacional de Verificación y Vigilancia de la Procuraduría Federal del Consumidor, jefe de los inspectores de la Profeco, en la colonia Polanco, a principios de agosto a bordo de una Suburban blanca con vidrios polarizados, con 275 mil pesos en efectivo. Fue remitido al MP federal, pero con una llamada quedó libre.

No hace falta decir que el detenido es el hombre de confianza de Rogelio Cerda, consentido inexplicablemente del secretario de economía.

A partir de este lamentable hecho, se ha señalado a otros implicados en este tipo de extorsiones

Están en la mira algunos de los colaboradores cercanos del procurador del Consumidor, aunque ellos afirman tener fuero y contar, cada uno de ellos con el apoyo de otros personajes de la política actual y de la próxima administración.

Tal es el caso de Ramón González Dillón, director general de Recursos Materiales y Servicios Generales, asegura tener un alto puesto en la CFE en cuanto tome posesión su gran amigo Manuel Bartlett. Otro de los operadores ilícitos de Profeco es el “Maestro” seguramente por las estafas, Gerónimo Sergio Gómez Cantú, Director de Adquisiciones y Obra pública, quien es hijo político del priista Enrique Jackson, y también dice sentirse muy protegido por su suegro.

Ramón González Dillón, director general de Recursos Materiales y Servicios Generales
Gerónimo Sergio Gómez Cantú, Director de Adquisiciones y Obra pública

Otro de los miembros de la banda de Cerda, es Pedro Fernando Flamand Gutiérrez, Coordinador General de Administración, con 45 años en la administración pública, lo que muestra la gran experiencia en el arte de la desviación de recursos y la limpieza de cuentas.

Pedro Fernando Flamand Gutiérrez, Coordinador General de Administración

La Profeco está llena de ilícitos que merecen una auditoría profunda. Dicha Procuraduría se convierte en el arroz negro de una labor que, si bien llevó a buen puerto Ildefonso Guajardo, puede convertirse en el ancla que le impida continuar con su carrera política.

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