Abusos perredistas

Postigo

Por: José García Sánchez 

Pasar frente a las oficinas del PRD en avenida Benjamín Franklin, es ver un inmueble de donde nadie sale y nadie entra. Las cortinas viejas y sucias, las persianas maltratadas, rotas. La quiebra económica se nota desde la pared de enfrente.

La consigna perredista de “Democracia ya, Patria para todos”, está solitaria en una pared del edificio, olvidada, casi muerta. Las condiciones del inmueble del PRD contrasta con otros inmuebles de perredistas dentro y fuera de la Ciudad de México, empezando por el departamento en Miami de quien fuera candidata a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, o las residencias de Víctor Hugo Lobo, de Nora Arias, y de otros muchos que gracias al PRD ahora en ruinas, su riqueza personal es tan creciente como inexplicable.

Es decir, los abusos de los perredistas en los diferentes puntos del país hicieron que la quiebra financiera fuera inminente. Su estancia en puestos públicos a través del PRD les sirvió incluso para crear grupos de choque, bases sociales de no muy claras maneras de mantenerse, complicidades con comercios no muy claros, etc.

Las reglas para regular el financiamiento de los partidos políticos son muy claras. Pierden espacio electoral y pierden porcentajes de dinero que los mexicanos definen a través de su voto. Tan simple como eso. Ante esta situación muchos de los mexicanos no votaron a favor de un partido en especial sino contra los que mostraron poca claridad y transparencia en su actuación en el ejercicio público, en la administración de los recursos de los ciudadanos.

En un momento dado la confianza de la población en el PRD convirtió a la capital del país en un bastión que parecía ser una posesión irreversible. Sin embargo, los excesos de los delegados principalmente, quienes cobraban por todo. El diezmo que era la propina habitual para permisos de construcción y otros documentos llegó hasta el 30 por ciento haciendo incosteable las obras en la Ciudad de México.

La Ciudad de México fue del PRD sin dudas de la población, sin discusión de las autoridades electorales y sin regateos de los otros partidos. Ahora, ese partido sucumbe ante las repercusiones de sus malos gobiernos y protesta por la idea de reducir el subsidio a los partidos, y argumenta que se quiere ir hacia un gobierno de partido único, cuando su situación es consecuencia de sus excesos.

Quienes medraron con el poder perredista ahora son los primeros en reclamar que el subsidio no se reduzca, como es el caso de Héctor Gaviño, ex director del Metro, y actual diputado local, quien afirma: “El PRD debe recursos en multas que se ocasionaron hace varios años y que ocasionaron algunos compañeros morenistas, que, al violar la ley electoral, pues fuimos objeto, ahora como PRD de estar pagando multas multimillonarias, y dos: que el propio movimiento de Morena surge con recursos del propio partido del PRD… El trasfondo es desfondar a la oposición”.

El ex delegado de Gustavo A. Madero, quien consideró la circunscripción de su propiedad, afirmó: “Hoy no podemos pensar en un partido único, en donde suceda como cuando José López Portillo buscó llegar a la Presidencia, sin oposición. Hasta irónicamente decía que con el voto de su mamá ganaba, porque no había oposición”.

Nadie reconoce que la actual situación de su partido fue culpa de todos y cada uno de quienes actuaron como funcionarios de diferentes niveles dentro y fuera de la Ciudad de México. Culpan una propuesta que ellos mismos adoptarían en caso de estar del otro lado.

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