El Aeropuerto en Texcoco se hunde

El megafraude

 

El daño para el país hubiera sido muy grave de construir un elefante blanco que no serviría para nada

Por: José Páramo Castro

En realidad la discusión sobre la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, ahora llamado Aguapuerto, porque no ha dejado de inundarse a pesar de todos los esfuerzos de quienes defendieron, a ultranza, el proyecto.

El ruido es mayor al hecho y el escándalo superior a los supuestos daños. Los contratos realizados tienen diferentes formas de percibirse, pero en realidad debe partirse de una inversión real, esto es $59,381,977,539.00.

Representa el paquete inicial de deuda del NAIM. Así, según el portal www.torredecontrol.org, que sigue el caso paso a paso, son $3,000 millones de dólares que fueron contratados en el gobierno para subsidiar a cinco grupos empresariales que hacían la obra en Texcoco. 

Así señala que “Los costos de la obra se elevaron  69 por ciento en cuatro años. Eso hubiera significado que, por ley, la SCHP debía solicitar una actualización de la Evaluación Costo Beneficio, pero se exentó al GACM (Grupo Aeroportuario de la Ciudad de Mx) de ese requisito.

El portal transcribe la ley que establece que si la Evaluación Costo Beneficio de una obra pública revela una Tasa Interna de Retorno Social (TIRS) inferior al 10%, la obra es inviable y debe ser cancelada. 

En el caso del NAIM, sigue el portal, la TIRS era menor al 10%, cuando los sobrecostos excedieron el 35% del presupuesto total. 

El NAIM era una bomba de tiempo financiera que al final nos iba a costar muchísimo a todos. Tenía errores muy serios de planeación y ni la SHCP ni el GACM se ponían de acuerdo en los costos. 

La parte del gobierno estaba no sólo dispuesta a ayudar a financiar a la iniciativa privada sino prácticamente de rodillas ante ella. Así:

“Hacienda calculaba el costo en $168,000 millones de pesos. GACM en $285,000 millones de pesos y eso con un avance de únicamente entre el 20% y el 30% de la construcción, y sin contar las obras complementarias, que corrían a cuenta del contribuyente. Es decir, tuyo y mío. Las ganancias eran para ellos”.

Las características de los contratos estaban amañadas de origen, y se ocultaba que el gobierno apoyaría a la iniciativa privada en este proyecto donde los grandes beneficiarios serían los empresarios que no regresarían un solo peso al gobierno.

Esto es lo que la organización Torre de Control señala: “La SCT y el GACM han ideado un esquema de financiamiento que utiliza la figura de fideicomisos privados para ocultar la utilización de recursos públicos como medios de pago de los créditos para la construcción del NAICM.

“La SHCP y el GACM evitan actualizar la Evaluación de Costo y Beneficios del NAICM que con el aumento de 69% de los costos del NAICM lo haría socioeconómicamente inviable. “La mayoría de los contratos para la construcción del NAICM (70 por ciento) no se licitaron, lo que no cumple con los estándares internacionales en términos de compras públicas, transparencia y contrataciones abiertas, dificultando conocer a los beneficiarios reales de la obra.

“Los principales beneficiarios de la construcción, con más del 55% del total del monto contratado, son Grupo Carso y empresas asociadas a la familia Slim, ICA S.A. de C.V., Grupo Hermes, Constructora y Edificadora GIA+A y PRODEMEX.

“La composición del directorio y consejo de administración del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México muestra problemas de gobernanza, vigilancia y control, conflicto de interés y funcionarios relacionados con gobiernos acusados de hechos de corrupción.

Hasta aquí la aportación de este grupo de especialistas que fuera de la versión oficial desenmascara las trampas de un negocio financiado por los mexicanos pero con beneficios a los particulares.

Esos particulares también tienen que ver con prestanombres de políticos en un círculo vicioso que sólo demuestra que México a pesar de ser un país con grandes riquezas naturales tiene tantos habitantes en la miseria.

Si el gasto es sólo de $59,381,977,539.00 y esta cifra ha provocado tanto alboroto, los mexicanos seguramente se preguntarán por qué no hubo tal escándalo cuando se le culpó al ex gobernador de Coahuila, Huberto Moreira, de embolsarse 62 mil millones de pesos, cifra muy superior a la que causa tal impacto en la clase política y empresarial.

Hubo otros como Javier Duarte que se llevó a sus bolsillos 44 mil 500 millones de pesos, quebró las finanzas del estado de Veracruz, y el escándalo fue visto como una simple costumbre en la clase política. No hubo ni siquiera la mitad de los gritos de desesperación de una clase política que se ve descubierta en su verdadera personalidad.

El escándalo en los medios es muy grande porque se desenmascara una sociedad secreta en negocios sucios, porque mientras se presentaba como un proyecto para atraer turismo y modernizar el país, lo que se escondía era un negocio con beneficiarios muy ricos a costa de ciudadanos que serían cada vez más pobres.

Porque lo que se evitó no sólo fue la construcción de un aeropuerto que estaba destinado a ser un elefante blanco, sino que se desnuda una complicidad entre políticos y empresarios que nunca debió existir, porque el que pagaba sus lujos era el pueblo.

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