Cambio de régimen

ESCENARIOS

Por Francisco Blanco Calderón

La complejidad del nuevo proceso social que se vive en México no sólo es de fondo y forma, sino sobre todo de reestructurar todo el sistema político, con serias repercusiones en el modelo económico, con el rechazo o aceptación de los medios de comunicación. Con o sin el respaldo de las iglesias, pero hoy en día con la participación de una sociedad civil dinámica, en sus movilizaciones sociales y en los espacios mediáticos en las redes sociales, que a gran velocidad están sustituyendo en credibilidad a los medios convencionales.

No ha sido un cambio de gobierno, es sobre todo un cambio de régimen. “Queda claro que no es un cambio de gobierno, pero es un cambio de régimen político que significa un replanteamiento a fondo no solo en las políticas y prácticas de gobierno, sino del modelo de estado y de los referentes y objetivos de este en la conducción del Estado y su relación con la Sociedad” (Jacinto Gómez Pasillas. OMNIA).

La sociedad mexicana transita hacia otra forma de hacer política, de administrar los recursos nacionales, de recuperar la eficiencia y eficacia de los sistemas de salud y de educación pública, de dinamizar los servicios públicos con estricto sentido social, de resguardar la seguridad y de reducir paulatinamente los índices de violencia que han masacrado, exterminado, a periodistas, luchadores sociales, ambientalistas, profesionistas, políticos, empresarios, trabajadores, jóvenes y niños.

México, sometido a la más criminal, depredadora, cínica forma de hacer gobierno, de administrar la riqueza nacional, de anular la justicia social, de llevar al sótano el crecimiento económico. De manipular, engañar, ocultar, trasgredir las conciencias de una sociedad empobrecida, hundida en la inseguridad, anuladas sus posibilidades de producción agropecuaria, industrial y de servicios. Ciudadanos acostumbrados a convivir con la rapiña, la simulación, la impunidad y la lacerante corrupción.

Los tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial coludidos durante los cinco sexenios, sumisos y obedientes al Consenso de Washington, pero sobre todo encaramados a tolerar abusos y excesos de la clase política, a manipular las leyes para beneficiar los intereses trasnacionales haciéndose cómplices, socios, empleados. De Salinas de Gortari a Peña Nieto se implantó el modelo neoliberal, con la anuencia de las dirigencias empresariales, los medios de comunicación y la jerarquía eclesiástica. Treinta años de excesos en el gasto público, en el endeudamiento público, excesivo y sin control, un raquítico crecimiento económico y con más de un cuarto de millón de mexicanos asesinados, secuestrados, violados, descuartizados en tan solo los últimos doce años.

Modificar este régimen es una tarea titánica, lenta, que debe ser desarrollada con mucha prudencia y sobre todo para fortalecer la unión de los tres poderes tradicionales y controlar los poderes emergentes, mediáticos y religiosos, para encaminarse hacia una transformación de la vida nacional, justa y equitativa en la prosperidad. En rescatar los derechos y obligaciones de pueblo, fuerzas vivas y gobierno, para todos y con todos. Eso es lo que se avecina con el cambio de régimen.

Habrá mucha resistencia de los autores y beneficiarios del saqueo, de los cómplices de la inseguridad, de los socios y empleados de los depredadores. Gritarán, se apoyarán en los medios de comunicación afines a sus intereses, movilizarán sus gremios, sindicatos y organismos controlados y “engordados” con el recurso público. Resistencia que, para sobrevivir, mentirá a la ciudadanía, esa que empobreció para su beneficio.

Es el México que está despertando para encaminarse a una mayor justicia social y a un más equitativo crecimiento económico. Una Nación que está desesperada por lograr su desarrollo, pero ya. Ojalá no se requieran otros treinta años para alcanzar las metas fijadas, exigidas al nuevo gobierno con solo 36 días en el poder.

AMÉRICA LATINA A LA DERIVA

El más reciente filme de Michael Moore, documentalista ganador de un Oscar por Bowling for Columbine y de la Palma de Oro por Fahrenheit 9/11, así como ¿y Ahora que Invadimos? Y El capitalismo, Historia de Amor; retrata de nuevo con su mirada corrosiva la realidad sociocultural de EE. UU y el convulso momento político que vive el país en estos momentos. El título de la película FAHRENHEIT 11/9 hace referencia al 9 de noviembre de 2016, fecha en la que ocurrió algo que hasta hacía unos años era inimaginable: el magnate Donald Trump consiguió ganar las elecciones y convertirse en presidente Estados Unidos. Fahrenheit 11/9 es una mirada polémica y cómica a los tiempos que corren en EE. UU., retrata las elecciones presidenciales de 2016 y estos dos primeros años del mandato de Donald Trump intentando responder las dos preguntas más importantes de la era Trump: “¿Cómo demonios hemos llegado hasta aquí?” y “¿Cómo demonios salimos?”. (DeAPlaneta).

Esa realidad de la nación “más poderosa del planeta” que oculta una pobreza lacerante, en casi la mitad de su territorio, la ausencia de servicios de salud a las poblaciones más desprotegidas, de la paulatina destrucción del sistema de educación pública, del deterioro de la vida urbana en contraste con las grandes metrópolis. Un país que ve desmoronarse el “sueño americano” para dar entrada a una realidad desconocida por el resto de la humanidad.

Un país dominado con la visión financierista de las grandes corporaciones que ha sometido gobiernos, demócratas y republicanos, para ser reducido a simples administradores o gerentes públicos. El Capital dueño y señor de la situación.

Estados Unidos exporta su esquema a las naciones del continente. Transfiere su modelo económico por la fuerza del dinero, los medios y las armas.

América Latina se polariza entre izquierdas progresistas y derechas recalcitrantes. Se mueve al antojo de los intereses de las trasnacionales dedicadas al saqueo de los recursos naturales y a la manipulación de las conciencias de las clases populares, los sectores de clase media y de pequeñas empresas. También trabajadores, profesionistas, microempresarios sueñan con la grandeza expuesta por el Hollywood de los cincuentas.

En Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, los gobiernos progresistas de Rafael Correa, Cristina Fernández de Kirchner​, Lula da Silva y Dilma Rousseff, perseguidos por un sistema judicial sometido a los intereses del gran capital. Remplazados por la ultraderecha con Mauricio Macri, Jair Bolsonaro, Michel Temer, Iván Duque y Lenin Moreno,

Dirigentes sociales convertidos en ejecutivos presidenciales que transformaron la realidad de sus países, como los hermanos Fidel y Raúl Castro, Evo Morales, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, José Mujica. De la Cuba a sesenta años, la Bolivia rescatada, Venezuela acosada para apoderarse de su riqueza energética y mineral y la nostalgia del Uruguay de Bennedetti.

La América toda, norte, centro y sur, golpeada, sometida avanza y retrocede hacia su plena integración y desarrollo nacionalista.

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