Marchas artificiales

Postigo

Por José García Sánchez

Las marchas callejeras, que tan cuestionadas son por un sector de la población, no siempre tienen orígenes ni populares, ni justos ni sociales.

Hay manifestaciones que tienen más parecido al acarreo que a una expresión de inconformidad social. Cuando se paga la presencia de la gente en las calles o se obliga a tomarlas por amenaza de despido, no hay marcha social sino acarreo.

Por mucho tiempo algunos grupos utilizaron a sus huestes como presión para los gobiernos, muchas veces del mismo partido político, como sucedía constantemente con antorcha campesina que presionaba a los gobiernos priistas por mayores subsidios para sus líderes, y otras, no pocas por cierto, eran auténticas exigencias de grupos vulnerables de la población que habían agotado todas las instancias legales para la atención de sus problemas y solicitaban atención y solución a través de esas manifestaciones.

A mediados de 2008, cuando el ejército intensificó su presencia en Monterrey, Nuevo león, enviados de narcotraficantes organizaron una marcha contra la presencia de los soldados en el estado. A los participantes les dieron 800 pesos y una mochila llena de útiles escolares. Les dieron las pancartas y los colocaron a marchar en la Macroplaza por varias horas.

La integración de dicha protesta era conformada por padres de familia con hijos en edad escolar, que eran, en ese momento, la mayoría en Monterrey y la zona conurbada.

La prensa local, que en ese momento todavía desconocía ese tipo de triquiñuelas, se fue contra Natividad González Parás, cuyo desgaste fue permanente y progresivo.

Esto viene a colación por la protesta de algunas personas, un ciento cuando mucho, que en Ciudad Juárez protestan contra la Guardia Nacional, cuando en lugares de Michoacán, Guerrero, Estado de México, Veracruz, Tamaulipas, hay llamados urgentes de la población para que la violencia sea erradicada sin importar quién lo haga, pero que se actúe. Ciudad Juárez fue por varios años, el lugar donde hubo más feminicidios en el país, ahora fue desplazado por el Estado de México, a causa del descuido y negligencia de Eruviel Ávila y sus antecesores y sucesor.

Resulta por demás difícil creer que en un lugar como Ciudad Juárez, Chihuahua, la gente proteste espontáneamente por la creación de la Guardia Nacional, cuya oposición es, hasta el momento, una postura más política que de defensa de los derechos humanos.

Hace unos días, decenas de personas protestaron contra la creación de la Guardia Nacional en Ciudad Juárez, donde Andrés Manuel López Obrador encabezó la presentación del Programa Zona Libre de la Frontera Norte.

Los manifestantes también pidieron seguridad, paz e incluso apoyo para la localización de las personas desaparecidas en la entidad. Es decir, quieren seguridad pero que la inseguridad muera de muerte natural, lo cual nunca va a suceder y menos en un lugar como Ciudad Juárez.

Hay casos de violencia extrema en esa ciudad fronteriza, suceden todos los días, es precisamente por la gravedad de esta situación en lugares como éste, que se toma una medida extrema como la creación de Guardia Nacional. De acuerdo con la enfermedad es la medicina, y lo que han sufrido los habitantes de Ciudad Juárez, no ha sido fácil.

No se descarta que este tipo de manifestaciones hayan sido subsidiadas no sólo por los delincuentes, que ven en la presencia de la Guardia Nacional un problema para continuar con sus actividades, sino de partidos políticos que por el simple hecho de manipular la expresión de la población se convierten en delincuentes.

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