Medios de lado del delito

En el combate al huachicoleo

Por Ángel Álvaro Peña

A los mexicanos nos preocupa la persistencia de algunos medios para cuestionar un desabasto que ellos mismos propiciaron. Las compras de pánico tienen como consecuencia un desabasto momentáneo de cualquier producto y los medios dieron cauce a las declaraciones de una derecha irresponsable que sólo puede ubicarse en el objetivo de que al nuevo gobierno le vaya mal.

Afortunadamente, los funcionarios del nuevo gobierno están preparados como nunca en materia de energéticos y saben responder no sólo a los medios acuciosos e intransigentes, sino a los problemas que acarrea el combate al huachicoleo.

El huachicoleo no es un delito nuevo, tiene casi medio siglo, la diferencia es que nunca había sido atacado, incluso es más factible que hubiera habido complicidad de altas autoridades del país que un plan para combatirlo.

Es por ello por lo que a algunos periodistas les sorprende el retraso en la distribución de combustible en las gasolinerías en lugar de haberles preocupado el robo que les hicieron a todos y cada uno de los mexicanos los anteriores gobernantes, motivo por el cual hay retraso en la distribución que ellos insisten en llamar desabasto.

La insistencia, que raya en la obsesión por hacer caer en contradicciones a los actuales funcionarios del gobierno federal, hace que el público sospeche la probable complicidad de los reporteros, porque para ellos el desabasto momentáneo de combustible es un gran problema para todo el país cuando en realidad no es una carencia definitiva o que tuviera repercusiones graves. Sin embargo, acompañados de la ultraderecha, en la que parecen situarse ahora algunos comunicadores, insisten en que los funcionarios responsables de la energía en el país debieron prever o avisar, por lo menos, que iba a haber desabasto porque se revisarían los ductos.

Este absurdo implica avisarles a los delincuentes de dentro y fuera de Pemex que serían supervisados por autoridades policíacas. Entonces sí sería muy cuestionable la acción de las autoridades, porque sucedería lo mismo que ocurrió durante el sexenio de Calderón, que avisaba hacia dónde se movilizaban las tropas y entonces los narcos tomaban la decisión de moverse o emboscar.

Así, si se le hubiera avisado al público usuario de las gasolinerías que iba a haber una reducción en el suministro de combustible, no hubieran echado a andar la maquinaria del huachicoleo.

Porque para combatir el huachicoleo no basta detectar los puntos críticos en los ductos, debe también supervisarse y auditarse la facturación dentro de Pemex, porque en muchos casos hay un solo soporte o factura de transporte de gasolina por pipa, cuando en realidad se realizaron tres o hasta cinco viajes en ese mismo vehículo.

Si se avisa de las operaciones del combate al robo de combustible, -los ladrones que son no sólo quienes están en el trayecto de la tubería de gasolina que atraviesa varios estados del país-, simplemente suspenden la operación dejando sus fechorías para después. El caso era sorprender a quienes actúan dentro de Pemex en favor de este gran negocio ilícito.

Ante la carencia de apego a la verdad, el propio presidente de la república se ha convertido en un informador para evitar la tergiversación de algunos periodistas que se asumen como tales. Así, Andrés Manuel López Obrador señaló: Se calcula que cerca de 60 mil millones de pesos son saqueados cada año. El problema creció desproporcionadamente durante el Gobierno de Enrique Peña Nieto.

También informó el presidente que, en la torre de Pemex, ubicada en la calle de Marina Nacional se manejaba papeleo que garantizaba la impunidad del huachicoleo. Porque no es sólo el robo de ductos, sino la facturación, el saqueo a bodegas, la ordeña de pipas, etc.

A pesar de saber todo esto, el obsesivo combate a la actual administración es una consigna de algunos periodistas que los hace ver como instrumentos de otros intereses ajenos a la información de la verdad.

Pareciera que la consigna es superior a su vocación y sus intereses personales mayores que la responsabilidad de informar con la verdad.

Las medidas que se adopten para evitar el robo de combustibles deben ser apoyadas o por lo menos no cuestionadas por los comunicadores, de otra manera, actúan como cómplices de un delito donde hay muchos implicados y no queremos pensar que entre ellos están también los personajes que pasaron de ser lectores de noticias a convertirse en analistas políticos por obra y gracia de las televisoras.

Es por esta misma urgencia de combatir en serio el huachicoleo que el ejército vigila las refinerías, que se les prohíbe a los trabajadores de Pemex entrar con teléfono celular a realizar sus tareas cotidianas. No han entendido todavía que se trata de acciones urgentes y atípicas que se realizan en momentos de combate auténtico al delito organizado.

Algunos trabajadores sindicalizados, recibiendo órdenes de su jerarca mayor, trataron de impedir la revisión de las autoridades a las refinerías. Tienen mucho que ocultar y para detectar con precisión todo esto debe disminuir paulatinamente la presión de los ductos y retrasar el reparto de gasolina en pipas, pero eso no lo entienden los comunicadores que ahora se dedicaron a inflar el problema y lo quieren volver un desastre nacional.

Pero como esos comunicadores no están acostumbrados a valorar los actos de justicia y sólo aplauden las acciones que les ordenan aplaudir, ignoran que el esfuerzo del nuevo gobierno por erradicar el robo a los mexicanos no tiene precedente.

Es probablemente eso lo que no quieren informar. Quieren hacer ver que todo sigue igual con o sin López Obrador. Nadie con dos dedos de frente puede cuestionar un aparente desabasto de energéticos que no dura ni tres días ante la magnitud de la acción emprendida para erradicar, de una vez por todas, un robo a la nación.

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