Huachicoleo mediático

ESCENARIOS

Por Francisco Blanco Calderón

No cabe duda, el fenómeno de la escasez de gasolina ha rebasado la lógica institucional, mediática y ciudadana. Lorenzo Meyer lo expresó acertadamente: “la red de robo de combustibles es compleja y enorme: Pemex (administración y sindicato) gasolineras, grandes empresas consumidores, huachicoleros. Tomo años tejerla. Lograr deshacerla sería un gran golpe a la corrupción institucional”.

Los causantes directos recaen directamente en las administraciones de Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, pero, en estos tres últimos, la formalización del saqueo logró niveles de excelencia. Primero aprovechando el alto crecimiento de la pobreza en sus sexenios, la extracción de gasolina incorporó a grandes masas de ciudadanos en la “talacha” cotidiana. Mano de obra barata, ávida de agenciarse recursos rápidos a como dé lugar, fue la estrategia maestra.

A ellos siguieron los expendios de gasolina concesionados a los funcionarios, familiares, socios y cómplices que se “atiborraron” con gran facilidad de lo extraído clandestinamente para ser vendido a la población motorizada.

Sin lugar a duda también se involucraron grandes y medianas empresas, comercios, hoteles, que adquirían gasolina barata sin límite e inclusive a nivel internacional.

La operación se desarrolló entre personal técnico, operativo y directivo de Pemex, coludidos con el sindicato de la empresa que tiene la concesión absoluta, sin control, de la transportación del combustible extraído en los últimos treinta años, pero aún más, en los dieciocho recientes, cuando se realizó la transición, y ésta que se convirtió en incestuoso amasiato, del PRIAN.

Todo ello con la vista complaciente y tolerante de las administraciones federales, de presidentes de la república, secretarios de estado, gobernadores, presidentes municipales, directores de Pemex, dirigentes empresariales y el líder sindical, con plaza de conductor de pipa de nafta. Todo un engranaje perfectamente estructurado.

A finales del periodo de Peña Nieto, el escandaloso robo de carburantes se le achacó a ciudadanos pobres, comunidades rurales y municipios empobrecidos, manejados por el Crimen Organizado, es decir el Narco. Nadie reparó en el fenómeno, esta “pantalla” fue difundida ampliamente por los medios convencionales y analistas contratados. El fenómeno se centró en la violencia, asesinatos, ejecuciones y desapariciones entre ellos mismos, los pobres operarios y las malosas gandayas. Obra maestra del crimen institucional bien organizado.

Con el cambio de régimen se agarró al “toro por los cuernos” y el ejercito tomó refinerías, se cerraron gasolineras que vendían el combustible robado, se ejerció un control total de su distribución con cierre de ductos, causando escases en su venta a los automovilistas, transportistas ajenos al fenómeno.

El cinismo de la oposición se propuso criticar al gobierno del cambio, utilizando a los medios complacientes, pero en la raya de recursos públicos y sus analistas despojados de millonarias prebendas en “cash”, al menos en las tres décadas neoliberales.

Y el caos sobrevino, mediáticamente en redes, televisoras, radiodifusoras, periódicos impresos y digitales. Todos contra Morena, AMLO y las nuevas autoridades de SENER y PEMEX por incapacidad, inexperiencia e imprudencia en la toma de decisiones que afectarían a la sociedad entera. Los generadores del problema acusando a dan solución al fenómeno. Los malos se adjudican bondades. A los buenos se les colocan perversidades.

Solamente que el suceso se centró fundamentalmente en las entidades, donde se concentró la extracción clandestina de gasolina: Estado de México, Puebla, Guanajuato, Michoacán principalmente. Donde sus gobernantes salientes estaban, estuvieron y están directamente involucrados.

El periódico Reforma realizó una encuesta en la que el 73 por ciento aseveró estar de acuerdo con “acabar con el robo de combustible, aunque no haya gasolina por un tiempo” y el 60 por ciento declaró que poco o nada “le ha afectado la medida del nuevo gobierno federal”.

Enrique Galván Ochoa, en su columna Dinero, y en sus sondeos semanales, reporte que el 86 por ciento apoya el combate a la corrupción en Pemex que está librando el gobierno de López Obrador.

Esta semana, Cesar Aldama, en Noticias SPR, entrevista a Ana Lilia Pérez, autora de “El Cártel Negro” y su más reciente libro “PEMEX RIP, vida y asesinato de la principal empresa mexicana” donde aborda el resultado de sus investigaciones, que datan de principios de la presente década, se denuncia la forma cínica, deleznable y escandalosa rapiña del petróleo, la electricidad, el gas y la gasolina en México.

Así mismo Carmen Aristegui, en sus espacios, dieron la voz mesurada y muy acertada crítica de Ana Lilia Pérez y de Fabricio Mejía Madrid. Al igual que en la Revista Proceso el análisis severo de John M. Ackerman, Javier Sicilia, Pablo Gómez, Jorge Carrasco, Jenaro Villamil contrasta radicalmente con los “huachicoleros mediáticos” de Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola, Pablo Hiriart, Ricardo Alemán, Leo Zukerman.

El combate al huachicoleo ha cimbrado la sociedad mexicana, justos y pecadores, pero se ha convertido en una decisión importante para rescatar a una empresa hundida en la corrupción: por robo de gasolina, por entrega a trasnacionales, por despojo de sus activos, por la importación de combustible, por moches millonarios de Odebrecht, por incorporación a los Consejos de administración de empresas beneficiarias con la reforma energética, de sus funcionarios y de la SENER, por un sindicato cómplice y socio del desastre, por todo eso y por más. La realidad, el enriquecimiento de arriba para abajo.

Este combate se ha convertido en una nueva versión de la expropiación petrolera de 1936. Es ahora o nunca. Solo resta que el actual gobierno, el poder ejecutivo, legislativo y judicial si meta a la cárcel a los autores desde ex presidente de la república hasta trabajadores implicados. Debe haber castigo para que la justicia recupere credibilidad. La razón del derecho debe ser el derecho a la razón: “La persona: razón de ser del Derecho. Se trata, una vez más, de la voz racional del entendimiento y de la llamada clemente de la voluntad que gritan inexorablemente dentro de cada uno, invitándonos a reconocer lo que de verdadero, bueno y bello tiene la vida o manifestando su repugnancia ante la maldad y la incoherencia. La filosofía denomina a estos postulados evidentes para todos” (Jaime Baquero. PERSON: THE REASON OF LAW).

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