Los sueños, sueños son…

Casa de Citas

Por: Baltazar López Martínez

“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

-Pedro Calderón de la Barca, “La Vida es Sueño”

Los seres humanos tenemos que dormir para poder estar despiertos. La función básica del sueño, del dormir, es reconstituir al cuerpo y aliviarlo del desgaste. Dormir es tan necesario que hay más posibilidades de morir por falta de sueño que por hambre. Una persona que viva 75 años (como recomienda la Biblia) habrá pasado por lo menos una tercera parte, es decir unos 25 años, durmiendo. De por sí la vida es breve, y si consideramos que un tercio de ella se nos va en dormir puede que sea más breve todavía.

A pesar de que abarca una porción tan grande de nuestra vida, quizá la mayor para una sola actividad, se conoce poco del territorio de los sueños. Sabemos que cada 16 horas el cuerpo debe tenderse a dormir ocho, pero lo que ocurre dentro de la cabeza es todavía un misterio y es muy fácil comprender por qué sólo dormidos podríamos explicarlo, pero eso es imposible. Sobre el sueño y el dormir se especula demasiado. Las explicaciones más comunes indican que al dormir el cuerpo tiene oportunidad de regenerarse, de refrescarse, por decirlo así, y de acomodar todas las piezas en su lugar, para que al despertar podamos seguir funcionando. Pero los sueños son un misterio.

En “La Interpretación de los Sueños” Sigmund Freud propone, tomando como modelo lo que él mismo soñaba, que todos los sueños, incluso las pesadillas, representan la realización de un deseo por parte del soñador, y que a través del análisis es posible descifrar el sueño para asignarle un contenido racional, lógico, y obtener una interpretación. Se supone que esta idea es una de las mayores contribuciones de Freud en el terreno de la sicología. No fue el único. Carl Jung también se interesó en la interpretación de los sueños como parte de la terapia sicológica, pero consideraba que la libre asociación, propugnada por Freud, era insuficiente para explicar el fenómeno.

Ambas teorías están ahora en entredicho, pero en su momento parecían la panacea. Las respuestas a los misterios de la conducta parecían estar en los sueños, nada más era cuestión de localizar la clave y descifrar los simbolismos. Una parte importante de Freud se basó en el análisis de los sueños propios, pero también analizó los sueños de otros, sobre todo los que abundan en la literatura, incluido un sueño de Leonardo Da Vinci al que atribuyó un deseo incestuoso. En ese sentido, la literatura es terreno fértil para conocer los sueños.

Pedro Calderón de la Barca se ocupó del tema en “La Vida es Sueño”, una obra de teatro perteneciente al período barroco (1635), en la que el tema principal es el libre albedrío, pero en la que los sueños tienen un papel predominante, ya que el protagonista, Segismundo, llega a confundir el sueño con la vigilia, como él mismo lo dice en su famoso soliloquio (la cita es extensa pero vale la pena: “Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe, y en cenizas le convierte la muerte, ¡desdicha fuerte! ¿Que hay quien intente reinar, viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte?

“Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende.

“Yo sueño que estoy aquí destas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

Borges refiere que el poeta Samuel Taylor Coleridge soñó las trescientas líneas  del poema Kublai Khan, pero una visita inesperada le impidió transcribirlas todas. Después de la visita sólo le quedó una idea general del resto del poema pero ya no pudo recuperarlo nunca. El violinista Giuseppe Tartini, soñó que el Diablo (su esclavo) ejecutaba en el violín una prodigiosa sonata, al despertar, Tartini compuso el Trillo del Diavolo. Robert Louis Stevenson, por su parte, sonó el argumento de Olalla y también el de la terrible “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”.

Los más desconcertantes son, tal vez, los sueños premonitorios, que anticipan lo que habrá de suceder, o que lo anuncian. En la Biblia hay ejemplos de estos sueños. El de José, por ejemplo, que además de soñar podía interpretar los sueños de otros, como hizo con el sueño del Faraón, el de la vacas flacas y las gordas que anunciaban siete años de abundancia y siete de miseria. Alejandro Magno soñó con un sátiro danzando sobre un escudo. Sus augures lo interpretaron como la evidencia de que la ciudad de Tiro caería en sus manos. Napoleón soñó dos veces con gatos negros antes de la batalla de Waterloo. Abraham Lincoln soñó su propia muerte y Mark Twain la de su hermano.

Carl Sagan, quien fue un escéptico hasta el último día de su vida, dijo que los sueños premonitorios son producto de la estadística. Hay tantos millones de sueños que algunos terminan por coincidir con la realidad, de modo que no es cuestión de vaticinar el futuro sino de simples matemáticas. Pero aun así admitió que a una persona que le toca vivir una coincidencia matemática de ese tipo será muy difícil convencerla de que no se trata de ninguna clase de premonición. Por otra parte no hay que hacerle mucho caso: Sagan fue un poco chapucero.

Se cuenta que Dante Alighieri obtuvo de un sueño que tuvo en Viernes Santo la inspiración para componer la Divina Comedia. La leyenda va más allá. A la muerte de Dante en 1321 su hijo pudo encontrar una parte del manuscrito que estaba perdida. Dante le dijo en un suelo dónde estaba. Hay sueños extraordinarios en la Biblia, como el del Faraón que presenció cómo siete vacas flacas se comían a siete vacas gordas, o el del Rey Nabucodonosor, que soñó con una gigantesca imagen hecha de varios materiales y que representó la caída de los reinos mundanos.

Hay sueños que pasan desapercibidos, pero hay otros que influyen sobre la humanidad. Se afirma que el presidente de Estados Unidos Abraham Lincoln soñó que entraba en una estancia de la Casa Blanca donde varios soldados custodiaban a un cadáver amortajado. Al preguntarles quién era el muerto le respondieron que el presidente había sido asesinado. Así fue. Días más tarde  John Wilkes Booth le disparó mientras Lincoln veía una obra de teatro.

Una noche, en el año 1713, el compositor Giuseppe Tartini soñó que desafiaba al diablo a tocar su violín. El diablo accedió y el resultado fue una hermosa sonata, ejecutada con tal maestría que el compositor despertó y tomó el violín, tratando de retener al menos la esencia de la música que escuchó en el sueño. El resultado fue la Sonata para Violín en Sol menor, mejor conocida como “El Trino del Diablo”.

El emperador Constantino estaba en Alemania cuando soñó que veía a Jesucristo en la cruz, y en ella estaba escrito “En Toutoi Nica”, que en griego significa “Por este Signo vencerás”, y lo adoptó como lema  justo antes de la batalla del Puente Milvio, contra Majencio, el 12 de octubre del año 312, marcando el inicio de la conversión del imperio romano al catolicismo, con las consecuencias que todos conocemos. Albert Einstein, en cambio, dijo que su Teoría de la Relatividad, fue inspirada en una serie de sueños que tuvo entre abril y junio de 1905. De esa teoría surgieron los principios que dieron forma a la bomba atómica.

Yo soñé con una mujer que se llamaba Marisol. La próxima semana, si me tiene algo de paciencia, les contaré de mi sueño.

 

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