UN CRIMEN IMPERFECTO

Por Leonardo Zaleta – Cronista de Poza Rica.

El lunes 28 de febrero de 1977, fue asesinado en Poza Rica el líder nacional petrolero Heriberto Kehoe Vincent.

Había asumido el cargo en diciembre. Llegó en avión procedente de la Ciudad de México para asistir al aniversario del periódico La Opinión. Lo acompañaban: su esposa Carmen, su hija Mónica, Amado Navarrete, escolta, ex jefe policiaco en esta ciudad y Juan Said Gómez ayudante de la señora.

Esa mañana, bajo una fría llovizna, fue a recibirlo Oscar Torres Pancardo, secretario general de la Sección 30 y una veintena de colaboradores, quien propuso desayunar en El Chalet. Heriberto le había dicho a su esposa que se adelantara a preparar el desayuno de dieta blanda, porque le estaban arreglando la dentadura.

Kehoe y el exsecretario general de la Sección 30 Samuel Terrazas, discreparon pues éste había logrado el liderato nacional de los petroleros y era Senador a partir de 1970, y en 1971 al obtener el güero   la secretaría general local y la diputación a la Legislatura del Estado, presionó a Terrazas para que renunciara a la presidencia del FRUS, lo que consiguió el 27 de mayo de 1971.

Desde 1962 era el líder moral de los petroleros Joaquín Hernández Galicia. Terrazas guardó distancia del poderoso líder de Ciudad Madero.

En Poza Rica Kehoe manejó la sucesión del gremio a favor de Donaciano Ortiz en 1972, pero al aliarse con Terrazas consiguió destituirlo el 5 de octubre. Durante esta lucha Oscar fue llamado a Cd. Madero. Al regresar dijo a sus cercanos: “Me dice la Quina que hay que eliminar a Donaciano y al Güero”. Instrucción que no fue acatada.

Terminó el período Efraín Capitanachi, y nuevamente Kehoe llegó a la secretaría general local, 1974-76. De acuerdo con el pacto rotatorio la secretaría del STPRM le correspondía a la Sección 30. Oscar fue el suplente de Kehoe en esta representación.

El 15 de enero, por instrucciones de Reyes Heroles, Secretario de Gobernación, Kehoe se entrevistó con La Quina en su domicilio para negociar su jubilación, pero recibió evasivas.

En el libro “Un crimen imperfecto. Crónica de un homicidio político” (69 pp), que publicó en 1991 Othón Arroniz (Xalapa, Ver.), extrajo del Expediente No. 289/977 que integró el Agente 2º del Ministerio Público, valiosa información. Era Procurador de Justicia Pericles Namorado.      

Después de conversar con algunas personas y tomar café, Kehoe se detuvo en la banqueta y continuó la audiencia. Había hecho el compromiso de ir a supervisar la construcción de la escuela secundaria que la Sección iba a donar en la colonia Aviación.

El trabajador Antonio Madrigal Mendoza, de 120 kgs. de peso, violento y supersticioso, había protagonizado una riña con un compañero de trabajo en el Complejo Industrial en octubre de 1976, en la que recibió heridas con arma punzocortante.

Fue internado en el hospital de Pemex, hasta donde fue Oscar a pedirle que no presentara ninguna denuncia, que él lo iba a reinstalar, pero el 18 de enero de 1977 le rescindieron el contrato. Oscar le jugaba bromas pesadas al verlo desesperado y sin dinero.

Madrigal se había separado de su esposa, por lo que vivía en compañía de su madre. Tenía relaciones con una señora con la que había puesto un expendio de cerveza por la colonia Petromex, cerca de su domicilio. Algunas noches ahí se reunía un grupo de “Chanistas” resentidos.

En una ocasión le expuso su problema a Kehoe quien para apaciguarlo ordenó que le dieran cien mil pesos, pero Oscar redujo la orden a veinte mil.

Dos semanas antes del homicidio, la madre descubrió en su recámara una pistola grande de cilindro, que Toño le dijo que era de un amigo. El día negro se guardó la pistola calibre 30 especial en una bolsa de su chamarra. Le comentó a su madre que se iba a ir de aquí y que si algo le pasaba se fuera a Tampico con su hija, hermana de él.

Madrigal fue al Casino Petrolero donde le avisaron que el güero estaba en El Chalet, frente a la Plaza Cívica.

Abordó un Volkswagen con otro compañero y le dieron “un aventón” a Ismael Crespo, el delicado pedicurista, quien escuchó que el desconocido le decía a Toño: “Aquí está el boleto para que te vayas” 

“Era el personaje ideal para utilizarlo como instrumento de un crimen”, reflexiona el graduado en Filosofía y Letras en Lausana, Suiza, y doctorado en Filología Románica, en la Universidad Complutense de Madrid, 

Entre el conglomerado, Madrigal se acercó a Kehoe, lo tomó del brazo, después se oyó un disparo tenue (con silenciador), y segundos después otros tres o cuatro balazos. Madrigal, después de dispararle a Kehoe siguió disparando como “cuando un cura echa agua bendita”. Oscar fue herido en un hombro, Mauro Melo y Ramón Arévalo también. Los escoltas de Kehoe brillaron por su ausencia.

Mario Pardo forcejeó con Madrigal, mientras varios hombres lo golpeaban en la cabeza y lo desarmaban. Cuando estuvo de rodillas alguien disparó en la nuca de Madrigal, aflojó el cuerpo y Pardo lo soltó. El caso es que la pistola homicida desapareció. No hubo peritaje sobre el calibre. Extrañamente, nadie se dio cuenta de lo que ocurrió, o por temor callaron. Todo exhibe la perversidad de una acción concertada.

Solo el chofer, Noé Cruz, afirmó que Amado Navarrete disparó a sangre fría contra Toño y luego se perdió a gran prisa. Al lado del cadáver de Madrigal se encontró un casquillo de pistola calibre 380. 

El día 3 de marzo, la madre de Madrigal entregó al Ministerio Público 200 mil pesos que su hijo le dio la noche anterior. La buena mujer murió en forma misteriosa el día 5 a la 1:35 de la madrugada a causa de un infarto al miocardio. Algún elemento extraño le complicó la salud.

El imaginario colectivo dilucidó que de Ciudad Madero enviaron a un gatillero profesional ya que Madrigal era un psicópata. Misterio nunca aclarado.  El 9 de septiembre de 1983 cuando vino La Quina al sepelio de Oscar Torres, al verlo en los periódicos rodeado de guaruras, Ismael Crespo reconoció al compañero de Madrigal que en el auto que los llevó al Chalet seis años atrás le dijo: “Aquí está el boleto para que te vayas”. 

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