En defensa de los plurinominales (1)

Casa de Citas

 

Por: Baltazar López Martínez

“El Congreso es tan extraño. Un hombre se pone a hablar y no dice nada. Nadie lo escucha… y después todo el mundo está en desacuerdo”.

-Boris Marshalov

“Qué agradable sería un mundo en el que no se permitiera a nadie operar en la Bolsa a menos que hubiese pasado un examen de economía griega, y en el que los políticos estuviesen obligados a tener un sólido conocimiento de la historia y de la novela moderna”.

-Bertrand Russell

“Cuando oigas a un hombre hablar de su amor por la patria, es signo de que espera que le paguen por eso”.

-Henry-Louis Mencken

Yo los odio. Tú los odias. Él los odia. Nosotros los odiamos. Ustedes los odian. Ellos los odian. No hay personajes tan propicios para conjugar el odio que los legisladores federales plurinominales. Son personajes más odiados que los luchadores rudos, los policías municipales y los recaudadores de impuestos. Se les odia sobre todo porque parecen trapecistas y van de una silla a otra, del senado a la cámara de diputados (así, con minúsculas) y viceversa, siempre enfundados en carísimos tacuches, con sonrisas cínicas y con un poder inusitado que los ciudadanos nunca les conferimos.

En la práctica legislativa, los diputados y senadores realizan, todos, las mismas funciones, dañan de la misma manera al país, y sólo difieren por el modo como llegaron a instalarse en la silla. Unos llegan porque se sometieron al escrutinio ciudadano en las campañas y en las urnas el día de las votaciones, y se dice que son de “mayoría relativa”, los otros, los más odiados, se llaman plurinominales, y  llegan a la curul por la conjugación de dos variables, la primera es la posición que tienen en la lista que elaboran los partidos (que es donde la podredumbre aflora) y la segunda es el porcentaje de votos que obtienen los candidatos a diputados y senadores de mayoría relativa.

Son varios los candidatos que hicieron el ofrecimiento de recortar la cantidad de puestos plurinominales, en específico los de diputados, ya que los senadores son sólo 32, contra 200 diputados que llegan al Congreso por la ruta corta, con las mismas prerrogativas que los 300 que resultan elegidos en las votaciones. No hay una sola voz que se alce en contra de esta propuesta, sobre todo por el odio hacia los plurinominales y las asquerosas prácticas que los llevan a las cámaras, pero en realidad deberíamos sopesar con cuidado estas propuestas, porque la supresión de los plurinominales nos llevaría de regreso a una hegemonía partidista como la que padecimos con el PRI durante tantos años.

Para comprender el tema de los diputados plurinominales es necesario recordar que a finales de la década de 70 del siglo pasado la situación política tuvo al país al borde de la guerra civil, con estallidos sociales que tuvieron su origen en la hegemonía política del PRI y sus métodos tan poco ortodoxos (por no decir bastardos y repugnantes) de conservar el poder a como diera lugar, y que en esos años la presión social estalló de una manera descontrolada.

Ya desde finales de la década de los 50 del siglo pasado los Cachorros de la Revolución, instalados en el poder con todas las prerrogativas, instituyeron una manera de cambiar que consistió en que todo siguiera igual. La Revolución Mexicana, que costó la vida de más de un millón de mexicanos, estaba en el pasado, porque el presente era uno de bonanza, de riqueza, de usufructuar el poder, igual que antes de la revolución, pero ahora al modo revolucionario institucional.

Entre 1956 y 1958 el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM) inició un movimiento de protesta por mejoras salariales que tuvo su punto más alto en abril de 1958, cuando los maestros de primaria emplazaron a la SEP a huelga. Por los mismos años los ferrocarrileros también se lanzaron a la huelga y paralizaron al país. En febrero de 1958 Demetrio Vallejo y Valentín Campa iniciaron un movimiento por mejoras salariales que puso en jaque al gobierno de Ruiz Cortines, y que terminó cuando Adolfo López Mateos, que apenas llegaba a la presidencia de la república, utilizó la fuerza pública para desmantelar el movimiento y puso en prisión a los líderes Campa y Vallejo, que estuvieron encarcelados más de diez años, hasta la amnistía de 1971. Los trabajadores telegrafistas también se fueron a la huelga en febrero de 1958, en apoyo a los ferrocarrileros; México se quedó incomunicado.

En 1964 hubo en el Hospital 20 de Noviembre un movimiento de huelga de médicos y trabajadores de la salud, que a lo largo de dos años aglutinó a unas 25 mil personas y que llevó al paro a nosocomios tan importantes como el Hospital General y el Hospital Juárez. El 23 de septiembre de 1965 tuvo lugar lo que se conoce como la primera acción de guerrilla insurgente en nuestro país, cuando un pequeño grupo de estudiantes, maestros y campesinos, trató de tomar por asalto el cuartel del Ejército Mexicano en Madera, Chihuahua.

En el estado de Guerrero, desde principios de los años 60, el profesor normalista Genaro Vázquez Rojas, egresado de la normal rural “Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, inició un movimiento de defensa de los campesinos de la Costa Grande. Fundó la Central Campesina Independiente y la Asociación Cívica Guerrerense, y a cambio obtuvo persecución y cárcel. Genaro Vázquez fue uno de los principales cabecillas de la guerrilla en esa región, y estuvo activo hasta febrero de 1972 cuando murió en un accidente automovilístico en Morelia, Michoacán.

En los mismos años, otro profesor, egresado también de la “Normal Isidro Burgos”, Lucio Cabañas Barrientos, fundó el Partido de los Pobres y dio inicio a un movimiento guerrillero cuya mayor acción fue el secuestro del senador Rubén Figueroa a mediados de 1974, lo que tuvo como consecuencia la represión por parte de las autoridades y el ejército, que persiguieron y dieron muerte a Lucio el 2 de diciembre de ese mismo año. Paralela a la guerrilla en Guerrero, surgió en Guadalajara la Liga Comunista 23 de Septiembre (fecha del asalto al Cuartel Madera, en Chihuahua) que tuvo acciones de insurgencia y secuestro desde su fundación, en abril de 1974 hasta su decadencia y desaparición, víctima de sus propios conflicto internos, en 1983.

Estos son apenas algunos de los acontecimientos sociales que ponen en contexto la situación social en México en los años 60 y 70 del siglo pasado, que dieron origen a una guerra que de manera oficial nunca existió, y que se conoce como La Guerra Sucia, que a lo largo de esos veinte años tuvo como resultado la desaparición y muerte de una cantidad indeterminada de personas, entre 500 y mil 200, según los diversos estudios elaborados por grupos defensores de los derechos humanos. La Guerra Sucia puso al país al borde del estallido social, y es ahí donde el gobierno del PRI comprendió la necesidad de dar un mendrugo a la oposición.

En efecto, para aliviar la presión, el gobierno de José López Portillo impulsó la Reforma Política de 1977, que fue creación intelectual de Jesús Reyes Heroles, quien propuso cambios radicales a la Constitución que se concretaron en la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procedimientos Electorales (LOPPE), de diciembre de 1977. La LOPPE, entre otros puntos, reconoció a partidos y organizaciones que actuaban en la clandestinidad, como el Partido Comunista Mexicano; también ordenó la apertura de los medios de comunicación para la promoción de los distintos partidos y sobre todo, admitió por primera vez la figura de diputado por representación proporcional, mediante la cual se repartirían 132 escaños en el Congreso según el porcentaje nacional de votos que obtuviera cada partido.

Por primera vez en la historia de nuestro país las minorías tendrían voz y voto y participarían de la toma de decisiones en uno de los Tres Poderes de la Unión. Para culminar la Reforma, al año siguiente el gobierno federal emitió una ley de amnistía mediante la cual olvidó los hechos cometidos por grupos como el Movimiento de Acción Revolucionaria, la Liga Comunista 23 de Septiembre y el Partido de los Pobres. Los tiempos de la clandestinidad política habían llegado a su fin.

Piensa, lector: hace apenas 40 años el Partido Comunista Mexicano estaba en la clandestinidad; hace apenas 40 años la ley ordenó la apertura de los medios de comunicación para que partidos diferentes al PRI pudieran acceder a ellos y difundir sus principios y actividades; hace apenas 40 años se reconoció que las mayorías también deben ser escuchadas y por primera vez esos partidos que representaban apenas a un millón de mexicanos apenas tuvieron a sus diputados en el Congreso de la Unión.

Hasta el día de hoy, para elegir a los plurinominales el país se divide en cinco circunscripciones. Cada partido puede postular a 40 diputados por circunscripción, para un total de 200 en todo el país. La postulación se hace mediante un listado, y ese es el punto clave de la perversión corrupta de los partidos y las triquiñuelas y amarres y componendas que rodean la conformación de la famosa lista, porque los postulados se ahorran la molestia de hacer campaña y saludar de mano a los pobres o peor, abrazarlos, con lo feo que huelen. De ello hablaremos la próxima semana en esta Casa de Citas.

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