Morir en motocicleta

Casa de Citas

Por: Baltazar López Martínez

“Busqué mi libertad por todas partes y la encontré justo aquí, sentado en una motocicleta”.

-Anónimo

“La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida”.

-André Malraux

“No basta con pensar en la muerte, sino que se debe tenerla siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre”

-Stefan Zweig

Hace unos meses un jovencito, de apenas 16 años, estudiante del Cetis 111, en Tuxpan, Veracruz, sufrió un accidente en motocicleta. Chocó contra una patrulla. Los pormenores no importan. Lo que realmente debería preocuparnos es que el muchacho sufrió heridas severas: salió volando y cayó sobre la banqueta; la motocicleta salió disparada a varios metros de ahí. Las primeras versiones decían que tal vez el muchacho perdería la pierna, por la gravedad de las lesiones en la tibia, el peroné y la articulación de la rodilla.

¿Por qué debería importarnos la desgracia de un muchacho anónimo? Hubo de inmediato quienes dijeron que el muchacho iba como loco, a toda velocidad, y sin equipo de protección. Otras personas dijeron que la patrulla se frenó de manera intempestiva y que el motociclista no pudo evitar la colisión. No sabemos bien a bien qué pasó. Lo que sí es evidente es que el muchacho llevó la peor parte. En realidad, sólo hubo peor parte, porque la patrulla no tenía señales del impacto, y los tripulantes menos.

De inmediato hubo opiniones encontradas. ¿Por qué un jovencito de 16 años viaja en motocicleta, y peor, sin casco siquiera, por no mencionar el resto del equipo de protección personal? Las razones importan porque se trata de un hecho cada vez más usual, que se pierde en el marasmo de las noticias, pero que deja en las personas involucradas secuelas que duran para toda la vida. Tener un accidente vial es la manera más inmediata de empobrecer, de quedar lisiado o de perder la vida, y en el caso de los accidentes en motocicleta es el motociclista quien sufre las consecuencias.

En muchos casos el automovilista o conductor del otro vehículo sufre económicamente. Pese a las advertencias de las autoridades circulan muchos autos cuyos dueños carecen de seguro, aunque sea del más económico, que cubre daños a terceros. Y al momento de afrontar la responsabilidad de un accidente es cuando las familias se empobrecen, y esa pobreza dura años. Seamos francos, muchas personas usan el automóvil por necesidad, y a duras penas tienen para ponerle gasolina.

En cuanto a la motocicleta, tiene sus ventajas, no cabe duda. Se trata de vehículos de bajo consumo de combustible, y por tanto es mucho más económico desplazarse en motocicleta que en cualquier automóvil, así sea el más ahorrador. De unos años para acá hay motos muy baratas al alcance de las familias, ya sea de contado o en abonos, y se trata ya de un medio de transporte popular y de fácil acceso, comparado con lo que cuesta un automóvil, así sea el más modesto.

La motocicleta es mucho más barata, y esa característica, en tiempos de crisis económica, la hace atractiva y necesaria en muchos casos, para trabajadores y empleados que encontraron en la motocicleta un vehículo barato para desplazarse. El muchacho del que hablamos al principio la utilizaba para ir a la escuela, y por supuesto le costaba menos que hacerlo en autobús. Pero claro, esa economía a veces tiene precios muy altos, y el de la salud y la integridad física es de los más altos.

Es muy fácil repartir las culpas, decir que los automovilistas manejan como locos, o que el motociclista es intrépido y descuidado. Encontrar al culpable no le devuelve la vida o la integridad física al motociclista, ni salva al automovilista de ir a prisión, o de perder el empleo, o de afrontar un problema legal que lo puede perseguir durante años. Pocas de las personas que viajan en motocicleta lo hacen por diversión. Casi todas lo hacen por necesidad, y es ahí donde necesitamos políticas públicas de protección y apoyo al motociclista.

Lo cierto es que las autoridades se niegan a reconocer que los accidentes de motociclistas se volvieron ya un asunto de salud pública. Cada día hay más motocicletas circulando y cada vez es más frecuente que los motociclistas sufran accidentes. Y el que resulta muerto o con el cuerpo en pedazos siempre es el motociclista. No hay manera de parar el auge de la motocicleta como medio de transporte, falta una gran campaña de protección, que empiece por enseñar a los motociclistas los principios mínimos de seguridad personal y vehicular.

Por regla general el conductor de una motocicleta es autodidacto, es decir, aprende por tanteo y error a mover el vehículo, y ya después se lanza a la buena de Dios a recorrer las calles. La necesidad es grande. He visto motociclistas sin casco, en chanclas, atentos al celular o mandando mensajes. Los he visto conducir de manera temeraria entre el tráfico con el niño a bordo, o con la suegra o la esposa como pasajeros. Sobra decir que si el conductor no lleva casco, los pasajeros menos. He visto a muchos motociclistas desplazarse a toda velocidad, muy por encima de los límites permitidos incluso para los automovilistas, y sé que se advierten en las redes sociales de cuando las autoridades montan operativos y retenes para evadirlos. Es tanta la falta de conciencia que a propósito omiten ponerse el equipo de seguridad.

Los pretextos sobran, pero en el fondo se asoma la pobreza como la causa principal. Muchos dicen que el casco los acalora. Puede ser, pero en caso de una caída el bendito casco puede salvarles la vida. El caso es que cuando ocurre un accidente el motociclista lleva siempre la peor parte. Siempre. Y de nada sirve especular las razones por las que no usó protección, porque nada de eso le devolverá la salud ni la integridad física.

Como sea, no hay quien salga indemne de un accidente. Si el automovilista tiene asegurado su vehículo pude que los montos le alcancen para brindarle asistencia médica al motociclista (porque está lo bastante claro que la hipócrita opinión pública siempre culpa al automovilista). Pero si no lo tiene ya puede despedirse de sus ahorros, endeudarse, vender sus bienes y en una de esas pisar la cárcel, porque reconstruir a un motociclista accidentado es caro, muy caro. Para el motociclista la situación posterior al accidente es mucho peor. Pierde la integridad física, el empleo, tarda meses en sanar, si es que sana, y todo ello implica el empobrecimiento de la familia y que la persona quede con secuelas permanentes.

Sin embargo, la sola exposición del problema dista mucho de parecerse, aunque sea de lejos, a una solución. Podríamos quejarnos toda la vida y el problema seguirá creciendo mientras no se emprendan acciones preventivas. Muchos dicen que la autoridad no pude andar poniéndoles el casco a los señores motociclistas, y puede que sea verdad, porque ni siquiera forma parte de sus funciones, pero al ser un problema que le cuesta millones de pesos a los sistemas de salud del país, del estado y del municipio, deberían emprender acciones para amortiguar sus perniciosos efectos.

Miren ustedes lo que indica el Artículo 4 Constitución Política del Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave: “Todas las autoridades del Estado, en su respectiva esfera de atribuciones, tienen el deber de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos, privilegiando el enfoque de la seguridad humana, de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad, progresividad y prevención temprana de los problemas del desarrollo, por lo que deberán generar las condiciones necesarias para que las personas gocen de los derechos humanos que establece esta Constitución”.

En lo que concierne a los motociclistas, el párrafo anterior es letra muerta.

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