Veracruz, trinchera invencible

Cuarta visita

 

En el 105 Aniversario de la Defensa Patriótica del Puerto, el presidente de la República denunció una herencia de sangre y exaltó los valores de los veracruzanos

Por José Páramo Castro

La conmemoración del 105 aniversario de la defensa de Veracruz ante la invasión estadounidense tuvo significados que dejaron lejos el hecho que se celebra. Menos aún campeó en el ambiente el peligro permanente que representa la proximidad de un vecino tan peligroso históricamente.

Ahora las invasiones contra el gobierno del país vienen de adentro. Muchas veces de manera anónima y sin argumentos sólidos y a veces sin prueba alguna.

Parte de esa inercia de malos gobiernos se ubica en la herencia de sangre que dejó la complicidad entre delincuentes y personas incrustadas en la administración pública. De ahí que hechos como el ocurrido en Minatitlán, tengan su origen en tiempos donde la impunidad imperaba y la simulación era un ejercicio diario en la administración pública en los tres niveles de gobierno.

El presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró, en esta conmemoración, que los asesinatos como la masacre en Minatitlán, Veracruz, son herencia de una “política económica antipopular y entreguista”.

Los medios, desde el mediodía del domingo, acusaban al ejecutivo federal de no tocar el tema de Minatitlán, y como prueba difundían un video editado donde se omitía la parte en la que habla López Obrador del lamentable suceso.

A esto los veracruzanos están acostumbrados. Conocen perfectamente la realidad de su estado y conocen perfectamente bien, las mañanas de algunos medios de información que son también herencia de un régimen que compraba verdades y las hacía difundir, en medio de un latrocinio sin precedentes.

Debe destacarse que la condición de saqueo que impusieron regímenes anteriores obliga al Presidente a visitar reiteradamente la entidad. En cinco meses de gobierno, en los que se ha trabajado como nunca en el gobierno mexicano, visitó cuatro veces Veracruz.

Además, exaltó la figura del gobernador Cuitláhuac García Jiménez, como la de un gobernador inteligente y honesto, comprometido con las causas de los habitantes de ese estado. Se critica –sin bases- al gobierno estatal de pasividad, de omisiones, pero ni por asomo se señala un acto de corrupción. No hay por dónde escarbar para culpar a alguien. De ahí que critiquen lo que en otros tiempos era intrascendente y ahora es vital para los nostálgicos de las propinas.

Porque los medios extrañan a los prepotentes que les daban las migajas de lo que se robaban y en medio de esa nostalgia culpan al gobernador de lo que les ordena su patrón que responsabilicen.

Aquí los medios en la entidad deberían ser maduros al regresar el profesionalismo que les hizo un lugar en la historia de Veracruz, porque la gente ha dejado de creer en ellos. Aunque digan una verdad absoluta, si es en contra del gobierno, de inmediato se piensa que fue un rumor lanzado desde la casa de los Yunes Linares.

El exgobernador ha insistido tanto en desgastar la figura de García Jiménez, más por venganza que por convicción, que toda crítica en los medios la interpretan los veracruzanos como parte de la guerra sucia. Nadie sabe dónde comienza la verdad y dónde termina el rumor; se desconoce cuándo empieza la especulación y cuando termina la guerra sucia.

Ante esta realidad muchos medios de la entidad tienen baja credibilidad y, por lo tanto, baja publicidad. La gente no compra los diarios y no es a causa de la penetración del internet sino de la carencia de contenidos de esos periódicos que prefieren poner en primera plana una noticia de espectáculos antes que reconocer el trabajo del gobierno del estado. Mientras no dejen de trabajar como antes la población los estará condenando a la soledad.

Es por ello que el Presidente, ante propios y extraños, reconoció la labor del gobernador y de su equipo, en su mayoría jóvenes, han avanzado en programas sociales, en la dotación de medicamentos, incluso en el combate a la inseguridad, donde los detractores aseguran que no hay proyecto sin conocer la labor diaria en la materia de quienes gobiernan el estado.

El discurso de López Obrador en esta conmemoración sorprendió a más de uno y no porque haya asegurado que el país está afectado por los regímenes anteriores, incluyendo al estado desde luego, sino porque exaltó la figura de Cuitláhuac García, el gobernador del estado quien no ha reducido su capital político desde que llegó a su cargo; al contrario, con un horario superior que cualquiera de sus antecesores.

No es gratuita la mención de López Obrador a García Jiménez, porque algunos periodistas envueltos en el rencor por haber perdido lo que nunca debieron recibir, adoptan la función pública de hoy como una manera de no cumplir con su cometido, cuando en realidad poco entienden de hacer las cosas públicas de manera diferente. No sólo distinta sino precisamente públicas.

Acostumbrados al autoritarismo consideran que cualquier consulta a la población es asunto de debilidad, piensan que no manotear ni exaltarse en los discursos es signo de tibieza. Los tiempos de la demagogia quedaron tras, es hora de trabajar y la administración pública en el estado trabaja. Son otros tiempos y la realidad debe verse con otros ojos.

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