La prisa, la audacia y el voluntarismo

Por: Norma Meraz

Perdonar a los corruptos y condonar adeudos millonarios a los tabasqueños no son medidas que agraden a los mexicanos que sí cumplen con el pago de los servicios públicos.

Estas atribuciones que ejerce el Presidente de la República empiezan a incomodar a quienes han sido agraviados por la corrupción y la morosidad de los deudores de la Comisión Federal de Electricidad.

Gozar de un derecho conlleva siempre una obligación y aquí tal parece que robar y no pagar la luz que se consume, merecen guardarse en el archivo muerto.

Un país como el nuestro –de casi 130 millones de habitantes–, en el que la brecha entre ricos y pobres cada vez es más grande, no está para repartir perdones.

Los problemas que hoy enfrenta México no son menores.

La herencia que dejaron los regímenes anteriores no es un legado que se agradezca y no queda más que enfrentarlo.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador habrá de tomar el toro por los cuernos.

Se vale emocionar a la gente con anuncios y promesas que generan esperanza, sin embargo con un discurso ambiguo, como el que acostumbra el Presidente, no podrá administrar las expectativas que ha generado.

Lleva demasiada prisa. ¿Por qué correr antes que caminar? ¿No dicen que “más vale paso que dure y no trote que canse?

Pero López Obrador es un hombre de ideas fijas, pragmático, audaz y voluntarioso que no acostumbra a escuchar.

“Todo de acuerdo a la ley y nada por encima de ella” había expresado el Presidente, sin embargo, ahora prodiga “justicia” brincándose la ley.

Su pragmatismo voluntarioso queda plasmado en algunas decisiones que ha tomado, como la compra urgente de pipas en Estados Unidos para distribuir gasolina, mismas que a la fecha no se han entregado en su totalidad.

La adquisición de estas unidades se hizo sin atender la normatividad establecida por el propio gobierno.

Por otra parte, el gasto social comprometido por el Presidente para jóvenes, personas con discapacidad y adultos mayores le está costando mucho trabajo implementarlo porque al momento del anuncio no se contaba con la estructura operativa para llevarlo a cabo.

El riesgo de vender un futuro con esperanza fijando metas atadas a fechas fijas es muy alto, pues nada ni nadie está exento de algún imprevisto.

No olvidemos que el camino al cielo está lleno de piedritas…

¡Digamos la Verdad!

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