México, hundido en corrupción, impunidad y sangre

Por: José Lima Cobos*

Es duro decirlo y afirmarlo, pero peor es no  reconocer que nuestro país vive y vivirá, por muchos días y tal vez años, la  terrible crisis de corrupción, impunidad y de sangre, resultado de regímenes que arribaron para consumar y consolidar, lo que una minoría voraz, rapaz e insaciable  ha  hecho siempre y ahora, hay que sufrir las consecuencias y pagar, por nuestra abulia y descuido, con un mayor sacrificio sin usar la represión  estatal, aunque la podredumbre heredada que se niega a morir, y la resistencia para que no vuelva jamás, tendrá que ser estoica y sobre todo paciente ante los embates

Es un tarea de gigantes lo que  le espera al gobierno de la cuarta transformación que enarbola el presidente López Obrador y con paciencia franciscana acostumbrado a lo que vendrá, pues las heridas inferidas a la nación no están en la epidermis sino incrustadas en lo más profundo, es decir, es similar a la etapa critica que se vivió en el gobierno de Madero, -a la caída del porfiriato-, que no logró afianzarse sino hasta que se estableció el régimen constitucional de Carranza que también llevó a la lucha de los caudillos  revolucionarios.

Son muchos los agravios que ha sufrido el país, de ahí que la lucha por resarcir los daños en que se vive,  no podrán darse y mucho menos verse de un día para otro, porque se requiere de persistencia granítica, ya que los intereses creados son de tal magnitud, que la corrupción se ha empoderado de manera tal que erradicarla llevará tiempo y, sobre todo, el castigo a los responsables, más ahora en que se protegen los derechos humanos, la  presunción de inocencia, el debido proceso y que, la tortura -protocolo de Estambul- permeaba en los conflictos penales, dejó de ser el arma de la simulación democrática.

Muchos quisiéramos que todos los corruptos y gandallas denunciados, que están a la vista de todos, -porque no se pueden esconder-, estuvieran en las prisiones, sin embargo, eso no será tarea fácil, pues los intereses y privilegios del pasado, no pueden romperse de sucu tun -y eso que la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Organización de las Naciones Unidas han dictado sentencias robustas contra el Estado Mexicano, sin embargo no se han podido o querido ejecutar, por ejemplo, el caso de las violaciones  en los casos de Rosendo Radilla, Lydia Cacho o bien,  los crímenes de Atenco- resultado de la oposición a la  construcción del aeropuerto- en que están involucrados Medina Mora, -ahora ministro de la Suprema Corte de Justicia-, Enrique Peña Nieto ex gobernador del estado de México, o bien, los crímenes de Ayotzinapa, en que se  está  en espera que los ex procuradores Murillo Karam, Cervantes, Arely Gómez- ahora contralora del Consejo de la Judicatura federal- ,y otros más, sean judicializados por delitos de acción u omisión, o por obstrucción a la justicia.

Si se quiere que el país retome la confianza plena en el gobierno de López Obrador, no debe prevalecer la tibieza, pues no  basta la denuncia o el señalamiento para acabar  con la corrupción e impunidad, sino que se requiere castigo sin miramiento alguno -cumpliendo con las formalidades- pero donde ya existe cosa juzgada como las sentencias contra la nación, deben cumplirse a cabalidad y esperar, por supuesto, a que lo demás asuntos tomen el curso adecuado, y más en los casos de derroche de los recursos públicos,  como en los casos de los contratos que se firmaron para el mal logrado aeropuerto de la ciudad de México,  que ha sido un escándalo mediático y genuino de complicidades,  o bien,  con los contratos de los gasoductos, los escándalos de negocios con los medicamentos y también con respecto a las guarderías, cuyo crimen de los niños de Sonora, aún esperan justicia.

Se está consciente que la misión no es  sencilla y menos fácil, solo que ahora, con los instrumentos jurídicos que ya tiene la nación y  sus reformas constitucionales, se puede  ir a fondo en el enriquecimiento inexplicable de muchos políticos y empresarios, de otra suerte, al terminar  ese régimen, -aunque se luche ahora para que no vuelvan al gobierno-, no hay que olvidar que una cosa es el gobierno y otra  es tener el poder, y lo que lo da la cuestión económica y el control que siguen ejerciendo en los medios de comunicación esos grupos  que, encabezados abiertamente por los ex expresidentes -Fox y Calderón- y  de manera encubierta –Salinas y  Zedillo- harán lo indecible para que se fracase en la lucha contra la corrupción y la impunidad que durante tantos años lubricó el sistema político y la costumbre, a la abundancia, es contagiosa, por lo mismo apremia a que se den resultados, pues es falso que el que ha acumulado riqueza se convierta en honesto, pues ya no se roba por “necesidad sino por vicio”, expresaría el presidente  Ruiz Cortínes.

Más aún, si la sangre no termina de correr desde que Calderón alebrestó a los delincuentes y construyó una Policía Federal a modo, que es señalada de mil violaciones a los derechos humanos y desapariciones forzadas, -para legitimar su ilegitimo gobierno-, los adversarios del actual gobierno persistirán en la comidilla de que la guardia nacional, no podrá terminar con la delincuencia y la criminalidad, pese a que se están atacando, previamente, las causas de los problemas, lo que no conviene que se sepa, pero, sin embargo, si se magnifica el amotinamiento de quienes son causa de lo causado, como es la policía federal, glorificada por reclamar derechos laborales no discutidos, pero resistente a dejar las canonjías de las componendas.

 

 

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