En busca de la autosuficiencia alimentaria

Por Marco Antonio Ortiz Salas*

El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció apoyos al campo para incentivar la producción de alimentos y reducir en un 80 por ciento las importaciones que crecieron de manera exponencial como efecto de políticas neoliberales que concentraron los subsidios en la agricultura de exportación y sólo beneficiaron a empresas trasnacionales.

El abandono del campo en las últimas décadas se quiere revertir con la inversión de más de once mil millones de pesos en cuatro programas prioritarios: Producción para el Bienestar, Precios de Garantía y Canasta Básica, Programa Crédito Ganadero a la Palabra, y Fomento a la Productividad Pesquera y Acuícola.

Fomentar la producción de alimentos básicos e incentivar el mercado interno es una demanda reiterada de las organizaciones campesinas. La dependencia alimentaria, que se profundizó tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, nos tiene en una dependencia alimentaria brutal en la que el 80 % de los productos que se consumen en el país son importados.

El desmantelamiento del sistema productivo agrícola de México, mediante políticas que dejaron a millones de campesinos pobres, sin el respaldo de las autoridades y que acentúan la dependencia alimentaria del extranjero, tuvo como uno de sus efectos más negativos la pérdida de rentabilidad de miles de pequeños y medianos productores y por ende el aumento de la migración y la pobreza rural.

El fracaso de la política pública hacia el campo deriva en un problema de seguridad nacional, cuando –como ocurre- las principales exportaciones de México son la cerveza, el aguacate, el jitomate y el tequila, productos que no son de la canasta básica; pero importa, sobre todo, maíz, carne de cerdo, trigo, soya y leche, todos ellos productos básicos.

La ruta del gobierno federal para reducir las importaciones y sólo depender 20% de los productos que se compran en el extranjero se basa en tres pilares: incrementar la productividad, impulsar la agricultura sustentable y la agricultura más incluyente reconociendo las diversas necesidades de los campesinos. Esto, sin embargo, va a depender del crecimiento económico del país, aclaró el mandatario.

El objetivo de apoyar a dos millones de campesinos en el país y todo el discurso contra los gobiernos neoliberales que nos pusieron en esta situación parecen tener un tinte progresivo. Sin embargo, los programas siguen teniendo enormes limitantes, ya no para pensar en abatir la dependencia alimentaria, sino para sacar a los campesinos de la pobreza.

Y es que los apoyos para los campesinos son mínimos, apenas mil pesos por hectárea. Además de que no se habla de ayudar con ciencia y tecnología el desarrollo del campo, mucho menos se tocó la condición laboral de los 6 millones de jornaleros que trabajan bajo condiciones laborales inhumanas.

En este escenario es bueno que el presidente revalore al sector agropecuario y vuelva los ojos al campo con programas que buscan la autosuficiencia alimentaria. Malo, que desdeñe el papel de las organizaciones campesinas para acreditar que los padrones de beneficiarios sean confiables y los apoyos lleguen a quienes realmente los necesitan.

 

*Secretario general de la Coalición de Organizaciones Democráticas, Urbanas y Campesinas (CODUC)

Facebook Comments
Xalapa, Veracruz. Los comentarios expresados de LAS COLUMNAS son responsabilidad de los autores.