Trump vive de la amenaza

Perro que ladra…

 

Hasta ahora las amenazas del presidente del vecino país del norte le han resultado efectivas, pero no sabe que perdió credibilidad

Por José Páramo Castro

Los manotazos en la mesa de Donald Trump se han quedado en el intento por ganar terreno comercial, que es la esencia de su campaña por la reelección.

Trump ha logrado convencer a algunos estadounidenses que la migración es un problema social, que repercute en todos y que arroja desempleo para los nativos de ese país para dejar espacios para los que vienen del extranjero.

Estados Unidos estaba acostumbrado a ganar, pero la guerra de Vietnam vino a darle un revés a su costumbre histórica de dominio y ahora se dedica a perder guerras, aunque gana en cuanto a la venta de armas. De tal suerte que el prestigio que pueden darle a través de la historia las guerras ganadas ya no le importa al imperio. Lo realmente importante es el hecho de que se gane dinero y con esas ganancias capitalizar su imagen rumbo a la reelección.

Si Trump se reelige perderemos todos, incluso los estadounidenses, porque con ese nacionalismo tan simple y sin la estructura necesaria para ser autosuficiente, el vecino del norte se verá afectado no sólo por un déficit mayor en la balanza comercial, sino que al interior la descomposición social tendrá grandes y graves repercusiones que harán tambalear su gobierno, en caso de ganar.

Trump asusta con aumentar aranceles, con intervenciones militares directas y encubiertas, con muros y deportaciones, lo cierto es que las finanzas de su nación no están preparadas para una reelección suya.

La maquinaria de la política del vecino país del norte exige un cambio de política, porque de seguir Trump viviendo en la Casa Blanca, Estados Unidos puede llegar a la quiebra.

Ya es el país más endeudado del mundo, el que tiene más adictos, el que genera más violencia, donde la agresividad se vuelca contra ellos mimos. Todos esto obedece a una política de bravucón que ha dejado sólo desolación en la economía y no ha podido crear simpatías alrededor de su persona.

Ha convencido que es necesario el muro, que la migración es un peligro y que debe invertirse en las medidas de deportación. Es decir, puede englobar un mayor número de empleos, pero sin productividad real.

Ahora, frente a una nueva amenaza, Trump empieza a cobrar conciencia de que su potencial no es el mismo. Es por ello por lo que arremete con amenazas que le han funcionado hasta ahora y esto incluye a nuestro país.

Todos recordamos la reunión en Tijuana que convocó a la unidad de los mexicanos, cuando se acordó que los migrantes tendrían un censo y un registro, a cambio de que no subieran progresivamente los aranceles para el aluminio.

Ahora, la advertencia está dada a través del presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Héctor Vasconcelos, quien aseguró que, aunque México cumplió los acuerdos en materia de migración con Estados Unidos, el proceso electoral en ese país podría revivir la amenaza de imposición de aranceles a productos mexicanos.

Vasconcelos reconoció que es de temerse que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vuelva a lanzar la amenaza de los aranceles, puesto que obedece más a una razón electoral, de política interna y de campaña para su reelección en noviembre de 2020.

Si bien la negociación encabezada por Marcelo Ebrard tuvo éxito, ahora las circunstancias han cambiado. En primer lugar, es posible advertir que Trump desconoce las consecuencias de sus propias amenazas, y en segundo, México ya no actuaría con la prisa con la que definió su postura ante una amenaza que nunca debió existir.

México no puede asustarse ante ninguna de las posibilidades de agresión comercial, se sabe que, a mediano plazo, la economía del país del norte también sufriría descalabros.

La verdad es que a Trump se le sale de control hasta las consecuencias de sus propias amenazas.

Hace unos días amenazó a la empresa Apple con imponer aranceles a los componentes de su ordenador de gama alta Mac Pro, el más caro de los producidos por la compañía, si finalmente decide trasladar desde Estados Unidos a China su fabricación.

Apple no recibirá exenciones o alivio por los componentes del Mac Pro que se fabriquen en China. “¡Háganlas en Estados Unidos, no hay aranceles!”, manifestó.

Trump ya no es temido, tampoco es respetado ni por sus ciudadanos ni por gobiernos extranjeros. Lo ven como un loco que desconoce fronteras y cuya ignorancia le hace repetir los errores de la historia.

La campaña en busca del voto de Trump está basada en las amenazas. Son las únicas guerras que le interesa ganar, las militares tienen su ganancia con la venta de armas y aunque la derrota acompañe a los soldados de su país, en su mayoría migrantes, eso a Trump no le interesa.

Hacer conciencia sobre la costumbre de enviar tropas al extranjero, donde los migrantes sirven como carne de cañón, es una idea que empieza a generalizarse. Si la venta de armas en las guerras que Estados Unidos inventa, son las ganancias que le interesan, entonces los muertos los ponen los migrantes.

Esto quiere decir que los migrantes cubren plazas que los estadounidenses no quieren ocupar. Nadie quiere ir a morir a un país lejano, defendiendo una economía que no es la suya y enarbolando una bandera que le es ajena.

Trump no tiene bandera ni ideología y le pasa como a la Chimoltrufia, como dice una cosa dice otra según el momento y el humor con el que haya amanecido. Lo cierto es que ha perdido la credibilidad y, sobre todo, la vergüenza.

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