Reflectores al ridículo

Palos de ciego

 

Robó la atención de los medios y los asistentes el estado que guarda la inseguridad en Veracruz

Por Ángel Álvaro Peña

Cuando se esperaba un informe sereno de la senadora Gloria Sánchez, quien suplió a Rocío Nahle en la curul, surgió la calificación que personificó el coordinador de la bancada de Morena en el Senado.

Si acaso en el recinto se esperaba algún incidente entre Monreal, quien mueve a por los menos dos candidatos a la presidencia de Morena y la actual líder nacional de ese partido, Yeidckol Polevnsky, pero la armonía supero cualquier pronóstico en la recta final hacia las elecciones internas del partido en el poder.

Lo que sí fue un espectáculo, en el más amplio sentido de la palabra fue el propio coordinador de la bancada de Morena en el senado, quien, sin el menor recato, se dirigió al gobernador de Veracruz, como si se tratara de un chamaco inexperto.

Así, Monreal, con toda la intención oculta que tienen sus palabras en los últimos meses fue contundente al calificar la actuación de Cuitláhuac García Jiménez, no aprovechó los medios para impulsar a sus candidatos a la presidencia nacional de Morena, sino que desgastó otras áreas del poder, no menos importantes al descalificar, de manera muy original, al gobernador de Veracruz.

Para nadie es un secreto la ola de violencia que se vive en el estado de Veracruz, tampoco puede negarse la cascada de críticas hacia las autoridades de la entidad, cuya pasividad acusa no sólo incapacidad sino indiferencia y falta de sensibilidad. Fue en ese contexto y en un escenario donde los medios tenían diferentes objetivos, hasta que se conjuntaron los reflectores en una acusación que seguramente caló hondo en la conciencia de los veracruzanos.

“Hay que darle chanza al gobernador de Veracruz, porque no sabía en la que se metía cuando decidió ir por la gubernatura”. Una manera sutil, pero contundente, de mostrar la calificación que tiene ante propios y extraños el gobernador.

Porque no se le puede adjudicar al desconocimiento del terreno que pisaba luego de que hizo campaña dos veces en territorio veracruzano. La primera vez, en 2016, cuando compitió por la gubernatura de dos años con Miguel Ángel Yunes Linares, ante quien perdió la elección.

Tampoco puede argumentarse desconocimiento de la realidad porque se sabe que se trata de un gobernador que rara vez sale de la entidad, su vida ha sido parte de la historia de Veracruz, y no puede decir que la desconocía.

Esto lo saben todos, de ahí que Ricardo Monreal haya dicho que cuando Cuitláhuac “decidió ir por la gubernatura, le dejaron un tiradero, heredó un gobierno en ruinas y no está tan fácil”. De inmediato pegó donde había justificado al decir que no debe decepcionar a nadie. Que hay que cumplir.

Para que soltara al gobernador que había tomado como piñata para celebrar la ocasión dijo: “Pronto va a dar muy buenas sorpresas y las va a dar en un tiempo prudente, para recomponer todo lo malo que hay actualmente”.

Se sabe que la ocasión no era propicia para este tipo de regaños; sin embargo, Monreal no desaprovechó la oportunidad para exhibir ante la presidenta de Morena, en plena gira por la presidencia del partido, a un gobernador de su partido que no ha hecho nada por justificar ni siquiera su salario.

Cada palabra de Monreal siempre es cuidadosamente pensada, al golpear a Cuitláhuac García tenía la intención de pegar más alto, no sólo a la presidenta de Morena sino más allá de ese nivel. Sobre todo, porque en su momento el gobernador de Veracruz fue el consentido del presidente de la República y en los primeros ocho meses de gobierno federal visitó la entidad siete veces, mostrando a un gobernador que se montaba en las simpatías de un Presidente que lejos de perder popularidad por el desgaste propio de todo gobierno, la ha ido ganado.

Los reflectores están frente al gobernador, esta vez tiene frente a sí una realidad cuya transformación no puede aplazar.

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