Los colores de la prensa

Por José Páramo Castro

En los regímenes del PAN y del PRI más de un reportero de los que asisten a la conferencia de prensa del Presidente de la República hubiera sido despedido al llegar a su redacción, si la pregunta formulada era incómoda al Jefe del ejecutivo. Esto nadie puede negarlo.

A pesar de que los reporteros y los medios confunden disidencia con información, y oposición con responsabilidad profesional, la libertad de prensa está más vigente que nunca; y es en esa libertad donde en su nombre hacen proselitismo desde las tribunas periodísticas y cuestionan lo que en otros sexenios no sólo daban su anuencia sino aplaudían.

Los colores en las preguntas en las conferencias de la mañana brillan y muestran color y demuestran su tendencia.

Es muy bueno que ejerciten este derecho, pero la población del país confía todavía en sus medios y quiere que desde esa intermediación haya preguntas que interesen a la mayoría de los mexicanos y no sólo a los jefes de información, cuya consigna pareciera extraviarse entre el resentimiento y la venganza por la nostalgia de sus patrones por el subsidio perdido.

A pesar de este panorama de libertad de expresión, la prensa se dice agredida por el poder; sin embargo, lo que hacen ahora algunos medios es tratar de exterminar el derecho a réplica que tiene todo ciudadano del país, esté en el poder o no.

Los reporteros siguen siendo rehenes de sus jefes de información, quienes retoman la consigna tendenciosa de los patrones en la pregunta en las juntas con los ejecutivos de sus medios, incluyendo la parte administrativa que nunca antes habían intervenido en las reuniones diarias.

Habitualmente la parte administrativa de un medio era la contraparte del área periodística, ahora no sólo están unidos sino fusionados, pero lo que es peor, contadores y actuarios influyen en el contenido de las preguntas que sus reporteros lanzan al presidente de la República.

Las necesidades económicas que sufren o simplemente extrañan algunos medios, obligan a tener en los administradores y sus necesidades a un jefe de información adjunto, de ahí esa necedad de los reporteros que suelen ser monotemáticos y fuera de todo interés general.

Hay preguntas que denotan su consigna y consignas que no logran convertirse en preguntas. Esta libertad ha terminado por confundir a los reporteros y creen que tienen frente a ellos a un compañero de trabajo, a un amigo o simplemente a un vecino. El cambio de distancia entre el blindaje de los anteriores presidentes y el contacto personal que ahora sucede diariamente con los representantes de los medios, les hace olvidar que están frente al Presidente de la República y suben la voz, interrumpen, utilizan un sarcasmo irrespetuoso, nada ha sucedido hasta ahora. Nadie les dice nada.

Estos reporteros se asemejan a aquellos infiltrados en las marchas que rompen vidrios y pintan edificios históricos con la seguridad de que nadie los detendrá, a sabiendas de que son infractores. Es en esa libertad donde los excesos crean una impunidad que no crea vacíos de poder sino ausencia de respeto en aras de conformar un contrapeso político desde los medios, que es muy grave para su credibilidad y afecta, considerablemente la democracia.

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