Y la “Termo” va…

Casa de Citas

Por Baltazar López Martínez

“En el fondo, soy de los que creen que, en realidad, toda noticia es una noticia económica.”

-Tom Rachman

La termoeléctrica “Adolfo López Mateos” sigue generando electricidad y también riqueza en el municipio de Tuxpan, Veracruz, pese a los enconados ataques de quienes desconocen las particularidades operativas de una planta que sigue siendo de las más grandes en América Latina, y ejemplo de productividad durante muchos años. En efecto, desde la etapa de construcción de las unidades 1 y 2, a principios de 1985, la “Termo” –como se le conoce de manera coloquial- fue protagonista del desarrollo de la ciudad y del puerto, al generar una derrama económica constante que contribuyó al crecimiento de Tuxpan y dio empleo a miles de tuxpeños.

Hubo un momento, en la etapa de mayor demanda laboral, que la “Termo” tuvo trabajando de manera simultánea a unas 10 mil personas, hombres y mujeres que laboraron turnos dobles y triples para levantar de la nada ese monstruo de generación de electricidad que fue modelo en el país y que abasteció en su momento a casi el 10 por ciento de la demanda nacional. Yo llegué a Tuxpan a finales de ese año, y la ciudad era muy pequeña y apenas con los servicios básicos. Los tuxpeños de mi generación podrán corroborar que había apenas unos cuantos autobuses de servicio urbano y otros pocos taxis que acercaban a la gente a la playa luego de una azarosa travesía por la carretera a la Barra que se supone era de chapopote, pero en realidad era de terracería, con unos agujeros enormes que en temporada de lluvias la hacían intransitable.

Fuera de las facultades de la Universidad Veracruzana, donde podías estudiar para veterinario o contador, y del Centro Regional de Educación Normalista, no había planteles universitarios en Tuxpan. Los egresados de las preparatorias que desearan estudiar alguna disciplina diferente a las mencionadas tenían que abandonar el pueblo, ya fuera a Jalapa, a Monterrey, a Tampico, mientras que los más osados viajaban de ida y vuelta al tecnológico de Cerro Azul. Tampoco había tiendas. Estaba la Brooklyn, que durante años congregó a centenares de tuxpeños en la esquina de Juárez y Mina, en televisores que los domingos pasaban el futbol y entre semana la misma película de Juan Claude Van Damme: Contacto Sangriento. Después tuvimos Galerías Bisteni y no fue sino hasta finales de 2004 que abrió la sucursal tuxpeña de Chedraui. Hasta antes de esa fecha muchos íbamos a Poza Rica a hacer las compras de la quincena.

La ciudad, como les dije, era muy pequeña. Hacia el poniente terminaba en la Rosa María, porque el Infonavit Tenechaco estaba todavía por construirse. Al oriente estaba la Ruiz Cortines, con fama de barrio bravo, al norte la Esperanza Ascón, además de otros asentamientos como La Mata, que era una villita de pescadores y fondas, como “Las Redes”, de doña Juanita Botello, quien además de cocinarnos tenía una televisión de 14 pulgadas, a color, donde vimos los partidos del Mundial de futbol de 1986. No exagero si les cuento que la “Termo” le cambió la fisonomía al pueblo. Para bien y para mal. Porque los miles de trabajadores demandaban casas y cuartos en renta, pensiones y casas de asistencia, ropas y toda clase de mercaderías, fondas y restaurantes, y también cantinas y centros nocturnos, y vehículos de transporte, etcétera.

Yo recuerdo que, en esos años de construcción, a eso de las cuatro de la tarde, previo a la salida de los trabajadores de la “Termo”, no había un solo autobús disponible, porque todos se iban alquilados a sacar los trabajadores de la planta. El mismo problema era para salir de la playa si no tenías tu propio vehículo, porque se hacían unas filas enormes los sábados y domingos por la tarde, ya que los autobuses llegaban muy espaciados, si es que llegaban. De los taxis ni hablar. Había muy pocos, y esos pocos se daban el lujo de desdeñar a los pasajeros si la ruta a la Barra estaba intransitable, como sucedía a menudo. Sólo llegaban a la altura de Cobos, y ni pagándoles una tarifa extra accedían a hacer el recorrido. Quienes tomaban esa ruta debían abordar en la esquina de Pípila y el Bulevar, al pie del Restaurante La Fe, y practicar karate y otras disciplinas marciales, porque la aglomeración era tremenda, ya que los colectivos escaseaban y la gente llegaba por decenas tratando de abordarlos para ir al trabajo, y ya en la desesperación nadie respetaba la fila.

Esos diez mil trabajadores gastaron su dinero en el pueblo, y la economía del pueblo se benefició de todo ese movimiento de recursos. Además, la “Termo” estuvo comprando millones de pesos en insumos a los comerciantes locales y de la región, al grado de que muchas pequeñas empresas de venta de productos y servicios florecieron al amparo de la “Termo”, que compró toda clase de mercaderías, cuya lista sería ocioso escribir. Cuando terminó la etapa de construcción de las seis unidades de la “Termo”, sólo se quedó un grupo reducido de trabajadores a operar las máquinas generadoras. La cantidad de dinero circulante se redujo, pero la “Termo” siguió pagando salarios y comprando bienes, de modo que es, de manera indudable, protagonista del desarrollo de “Tuxpan”.

Para que den una idea de lo que representa la “Termo” en la economía local, permítanme hacer una pequeña comparación con el resultado de la actividad turística de Semana Santa. No hay números confiables en este sentido. Las cifras de paseantes varían según la opinión de los funcionarios, de modo que la verdad es difícil de vislumbrar entre tantas versiones diferentes. Por ejemplo, para 2019, según el director de protección civil municipal, Clemente Campos, se esperaban en Tuxpan unos 40 mil paseantes en esa temporada, de acuerdo con la nota de Sociedad 3.0. En contraste, las cifras del Ayuntamiento indican un total de 270 mil visitantes, cantidad que nos parece exagerada, ya que en 2018 dijeron que se trató de 140 mil personas, lo cual sigue siendo fantasiosos, pero menos.

No es que sea uno incrédulo, sino que las cifras que publicó el gobierno de Veracruz indican que en toda la entidad recibimos a más de un millón de visitantes, aunque las cifras del a Secretaría de Turismo, mediante la aplicación Datatur, indican que en 2018 la cantidad de turistas en la entidad fue de 600 mil, en todo el año, ya que contaba en esa fecha con mil 929 hoteles, para un total de 49 mil 607 habitaciones, que se ocuparon en 45.21 por ciento, por debajo de la media nacional que fue de 56.89 por ciento. Estas son las razones para dudar de las cifras oficiales, ya que los indicadores evidencian una contracción en la actividad turística en Veracruz. Otra de las razones para dudar es la entrevista que dio a “Vanguardia” Francisco Villanueva Méndez, presidente de la Canaco en Tuxpan, quien dijo: “la derrama económica no fue la esperada como en años anteriores”.

En Tuxpan los hoteles y casas de hospedaje ofrecen un total de 4 mil 450 habitaciones, suficientes para unas 19 mil personas, según Gabriel Gómez Ruiz, presidente de la Asociación de Prestadores de Servicios Turísticos, lo cual echa por tierra las cifras de cientos de miles que pregona el gobierno. Cada uno de esos 19 mil gasta en promedio unos mil pesos, entre hospedaje, alimentos y actividad turística, mientras que el resto gasta menos, entre 450 y 500 pesos. Con estos números en mente hagamos cuentas.

¿Cuántos de esos turistas vinieron a Tuxpan? No los 270 mil de las cuentas de Turismo Municipal, tampoco los 140 mil que anunciaron el año pasado. Pero seamos generosos y hagamos de cuenta que fueron 60 mil. ¿Cuánto dinero gastaron en Tuxpan esas 60 mil almas? No lo sabemos. No hay cifras oficiales. Será porque la fantasía y la realidad son muy difíciles de conciliar. Según la Canaco de Tuxpan, en 2016 fueron 14 millones de pesos. En Tamiahua, en 2018, fueron 5 millones de pesos; mientras que para 2019 la alcaldesa Citlali Medellín informó de 40 mil visitantes y una derrama económica de 15 millones de pesos.

Los datos de la Asociación de Prestadores de Servicios Turísticos pueden ser reveladores. Supongamos que 20 mil gastaron mil pesos cada uno, eso nos da un total de 20 millones de pesos. Si los otros 40 mil gastaron 500 pesos, son otros veinte millones de pesos. En total 40 millones de pesos, en un cálculo que es muy generoso. Y bien, esos 40 millones de pesos tuvieron un costo. El Ayuntamiento organizó eventos musicales y artísticos para esos días, y hubo una movilización enorme de recursos y personal en el llamado “Operativo de Semana Santa”. No haré un recuento de todo lo que anunció el gobierno, pero sepan que involucró a la Secretaría de Marina, Ejercito Mexicano, Policía Federal, Capitanía de Puerto, Secretaría de Seguridad Pública, Sector Salud, Fiscalía General del Estado, Tránsito del Estado, Policía Municipal, Protección Civil estatal y municipal, Cruz Roja, sectores de comercio, así como voluntarios. ¿Cuánto costó? No lo sabemos. Pero sí estamos seguros de que esos 40 millones salieron bastante caros.

El punto es que la “Termo” genera mucha más riqueza, y sin hacer festivales de músicos de tercera, pésimas actrices y cantantes y bandas que en su casa los conocen, y sin operativos costosos y sobre todo, con un flujo de dinero sostenido que beneficia al pueblo y lo sigue haciendo crecer. Laboran todo el año en la “Termo” unos 600 trabajadores, entre sindicalizados de base, de confianza y temporales, que perciben alrededor de 15 millones de pesos al mes. Trabajan además por temporadas unas 400 personas eventuales, que ganan 16 mil pesos al mes en promedio, para un total de 6 millones 400 mil pesos (porque la “Termo” es la única empresa local que paga a sus ayudantes un salario de 4 mil pesos semanales). Es decir, hay una derrama constante de dinero por concepto de salarios, que es de mínimo 15 millones mensuales, y que puede llegar a 21 millones y medio en períodos de mantenimientos. Y ese dinero se gasta aquí. Por eso hay tantos bancos y agencias de automóviles y tiendas departamentales, y por eso florecen tantos negocios, porque además de los salarios, la “Termo” compra una gran cantidad de bienes y servicios en Tuxpan.

Quienes ven a la “Termo” como el monstruo que devora todo lo bueno deberían pensar un poco en estas cifras. Cientos de familias viven de la “Termo” y cientos de negocios, entre ellos la zona restaurantera de La Mata, tienen entre sus clientes a muchos trabajadores de la “Termo”. Por eso insisto, ¿quién en su sano juicio quisiera que todo eso terminara, sólo por el capricho frívolo de unos cuantos? Ya lo dijo Benjamín Franklin: “un agujero pequeño puede hundir al navío”.

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