La trampa mediática

Por José Páramo Castro

Los medios de comunicación en México han adoptado una consigna que ya es difícil de no tomar en cuenta. Su incapacidad para adaptarse al presente descalifica cualquier mérito profesional propio de quienes comunican algo.

La sistemática identificación con el conservadurismo de los medios hegemónicos ha creado monstruos reales, pero también deshacen liderazgos auténticos que de tanto espacio que les dan los derriban del lugar que tienen en las simpatías populares.

Se llega al extremo de hundir en el oscurantismo de los conservadores a líderes progresistas, por el simple hecho de aparecer periódicamente en las primeras planas de esos medios. Es decir, los medios de información de México son una trampa insalvable que a sus protagonistas los convierte en reaccionarios.

La polarización no se ubica en la sociedad sino en la información. La sociedad mexicana no está dividida, como insisten los medios, es la intención de los medios para desmembrar a los mexicanos y terminar con el tejido social que está en plena etapa de reconstrucción.

La imagen que reiteradamente presentan en sus páginas y horarios estelares, pertenecen a una sola parte de la corriente de pensamiento, a una sola parte de la sociedad. Basta con aparecer continuamente en un diario de cobertura nacional para que la mayoría de la gente lo repudie, aunque sea muy simpático.

Los medios abandonaron la crítica y la disfrazaron de consigna, y es en ese ámbito donde se desarrolla ahora la información cotidiana. La población no es ingenua como para no percibir la actual función de los diarios y los noticiarios televisivos. No han cambiado, y su estancamiento es tan visible que los hace vulnerables.

Antes, quienes comunicaban noticias eran autoridad informativa, ahora no son muy admirados; al contrario, al carecer de credibilidad se les coloca en primer lugar en el espacio de los corruptos, lo sean o no.

Se ha perdido el respeto a quienes al difundir la información se convertían en guías de información y líderes de opinión, ahora cada día que pasa su información tiene un mayor grado de duda.

Y la maquinaria empieza a caminar en sentido inverso, es decir, la especulación contamina la información para ser percibida con poca credibilidad y una creciente falta de respeto por quienes leen o ven las noticias, quienes no han podido adaptarse a una realidad que deben transmitir, no sin antes entender.

Hay líderes auténticos, de buena voluntad, honestos, que por el simple hecho de cuestionar en algún aspecto al Presidente o a la Cuarta Transformación, se ganan un espacio destacado en los medios hegemónicos, como si sus palabras crearan el contrapeso político que la democracia mexicana necesita. Al ser reiteradamente nombrado en esos medios la autenticidad, el prestigio y hasta la razón le son arrebatadas ante un público más consciente, despierto. Cansado del letargo noticioso que terminó por rayar en el absurdo y la cotidiana contradicción.

Los medios que alguna vez fueron guía informativa de la población y apoyo esencial para la historia, caminan en una ruta paralela a la realidad, pero no logran tocarla ni siquiera tangencialmente.

Ante tal desintegración de su propia tarea, lo único que les queda como bandera es intentar crear un contrapeso social respecto a la realidad y es por eso que anuncian polarización social, cuando en realidad lo que sucede es narrar su expulsión de una sociedad que ya no les cree y les considera una especie de virus.

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