Cuando las luces se apagan: el caso Fátima

CRÓNICAS DE NOD

Por: Christopher Rodríguez Jácome

Cuando una luz se apaga sólo queda la oscuridad, una oscuridad fría, silenciosa y algunas veces, como esta, eterna. En recientes días, aunque sin saber la fecha exacta, una luz se apagó para no volver a encender jamás. Se conoce la fecha de su ultimo destello: 11 de febrero; fue la última vez que esa pequeña luz pudo ser vista, y el día 16 del mismo se apagó la esperanza de verla brillar nuevamente.

El 16 de febrero fue encontrado el cadáver de Fátima, una niña de tan sólo 7 años que desapareció el 11 de este mes al salir de la escuela. Su frágil cuerpo fue hallado dentro de una bolsa de basura en la alcaldía Tláhuac de la ciudad de México.

 ¿Qué pudo hacer una niña para que le pasara esto? El cuerpo fue encontrado desnudo, con signos muy marcados de violencia sexual, afeitado y con las uñas pintadas. Muchos lo llaman feminicidio y sí, cumple con todos los requisitos legales para serlo: la víctima fue una mujer, existió violencia sexual, el crimen se realizó con violencia y sus restos fueron dejados en la vía pública; sin embargo, cualquier persona con 4 dedos de frente puede suponer que no se trató de un crimen de odio sino de un crimen cometido por dinero, por esos despojos humanos que lucran con la muerte y a la vez con la vida, esas organizaciones que ven a las mujeres –sin importar su edad- como dinero, esas de las que nos hablaban nuestros padres, esas de las que se cuentan tantas historias, esas de las que les hablamos hoy a nuestras hijas para influir en su comportamiento al darles una idea del tipo de gente que está al asecho, esperando un segundo de descuido para apagar a cuantas lucecitas sea necesario para seguir ganando unos pesos.

Pese a que algunas versiones hablaban sobre un crimen posiblemente cometido para traficar órganos, la necropsia demostró que esa versión no era la correcta y claro, ¿para qué pintar las uñas de una niña a la que se le van a quitar los órganos? Eso es algo que una organización de trata de blancas se molestaría en hacer y no una dedicada al robo de órganos humanos; lo que incluso más allá de calmar los ánimos, enfurece aún más a la sociedad, pues se está hablando de una pequeña que vivió un infierno para, posiblemente, satisfacer las perversas desviaciones de uno o más hombres enfermos, y para llenar los bolsillos de otros no menos retorcidos.

Muchos culpan a la escuela, ¿por qué dejaron que la niña saliera sin esperar a que llegaran por ella?; otros culpan a los padres, ¿por qué no llegaban más temprano a recogerla?; y sí, existe cierto cargo de conciencia para las partes, algo con lo que tendrán que vivir y siempre les atormentará; sin embargo, no existe una culpa como tal más allá de ese tormento. ¿Usted cree que la mujer que plagio a la menor sólo iba pasando? Para nada, la niña ya era su blanco y sin importar las circunstancias encontraría la forma de llevársela, el resto sólo fueron elementos que pudieron facilitar un poco su siniestra encomienda, pero no lo que causara la tragedia.

Mientras los gobernantes, encargados de garantizar la seguridad y la justicia culpan a los anteriores modelos de gobierno y pretenden solucionar y cerrar el caso invitando a la sociedad a leer un panfleto que habla sobre la moralidad y las buenas costumbres, y la población discute si fue la escuela o la familia; lo cierto es que las autoridades, en este caso las de la Ciudad de México, deben investigar el delito y no la falta de moralidad en él y debe castigar a los delincuentes y no enseñarles valores.

Los valores son y siempre serán importantes en la sociedad, las reglas de convivencia, y las buenas costumbres, en la prevención del delito son imprescindibles, pero solo un imbécil podría decir que con eso se combate a los delincuentes, eso sí que no, al delincuente se le combate con estrategia, inteligencia, fuerza del estado y justicia penal efectiva. No existe una fórmula mágica, la clave es la eficiente actuación de los organismos encargados de la impartición y procuración de justicia, el resto es prevención, la cual de nada sirve una vez que se consuma el delito, al contrario, al consumarse el delito se exhibe que las estrategias de prevención no están funcionando, por lo que han de ser reestructuradas y la justicia debe entrar en acción.

Falta de respiración, ausencia de ritmo cardíaco, temperatura corporal y opacidad ocular, son algunos de los signos cadavéricos que confirman una muerte. Cuando esos inocentes ojitos llenos de ilusiones y destellos dejaron de brillar se apagó una luz, cuando una luz se apaga sólo queda la oscuridad, una oscuridad fría, silenciosa y algunas veces, como esta, eterna.