Ante la pandemia, responsable y prudente actitud de AMLO

Por: José Lima Cobos*

El presidente López Obrador es un auténtico mentiroso, señalan los chayoteros, pero no hacen referencia a que engaña con la verdad de la corrupción e impunidad que ha hecho que más de sesenta millones de mexicanos vivan en la pobreza o miseria extrema, luego entonces, se le augura el fracaso en su lucha por la transformación social y, al no cansarse de descubrir y denunciar el saqueo que desde Salinas de Gortari hasta Peña Nieto ha sufrido el país, continúan apostando para que la cloaca abierta se cierre y se convoque a la “unidad nacional”, es decir, el manido cuento para que la voracidad de la minoría rapaz, que ha puesto al descubierto, no se siga lastimando y que el pueblo olvide que han sido bandidos de siete suelas.

Dicen que con la muerte se olvida y se acaba todo, hasta prescribe cualquier delito. La muerte de Ruiz Esparza, exempleado de Peña Nieto -en el gobierno del estado de México y ya como Presidente- y cuyas cuentas bancarias fueron congeladas por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, sin duda que ello contribuyó a su fallecimiento, pues con el silencio sepulcral salva también al principal responsable, pues sabido es que nada se hace sin autorización de quien gobierna el país; sin embargo, los recursos que acumuló o sacó del país tendrán que reintegrarse a la hacienda pública, porque su procedencia no es lícita, si como lo ha manifestado la secretaria de la Función Pública, existen las carpetas de investigación por la desviación por más de veinte mil millones de pesos, de ahí que el Estado tiene la obligación de proteger esos recursos.

Si el problema de la pandemia del Covid-19 tiene al país y al mundo al borde de una guerra, y algunas potencias quieren aprovechar la oportunidad para invadir naciones soberanas o bloquearla para que sucumban, en México la crisis se ha manejado con prudencia e inteligencia, aunque los sicofantes, identificados por su mediocridad y rencor acumulado, al no recibir parte de los diez mil millones de pesos que se engullían cada sexenio, como integrantes del “cuarto poder”, alebrestan e imploran el fin del gobierno actual, con el manido cuento que no se actuó a tiempo, siendo que la Organización Mundial de la Salud -ONU- lo pone de ejemplo y considera el actuar adecuado y congruente.

En la crisis anterior-1988-1994-, el gobierno de Zedillo, a resultas del derroche del salinismo -veo a un México en la miseria y la pobreza, diría Colosio- convirtió las deudas privadas de una caterva de ladrones en deuda pública, y así el país vive y vivirá endrogado por siempre y para siempre, con la continuidad de la barbarie con Fox, Calderón y Peña que, si es deuda e impagable -fobaproa- y la externa, llega al extremo peor, que ata al país al fondo monetario internacional y que nos auguran que seguiremos pagando grandes intereses.

En esta ocasión se quiere que se haga lo mismo, es decir, que el gobierno afronte en solitario el problema de la pandemia y que esas minorías rapaces sigan en su luna de miel, cuando de alguna forma, o de muchas, son corresponsables cuando hay sesenta millones de mexicanos que no tienen lo esencial, como es le agua y jabón para no contagiarse, de ahí que si ahora es primero los pobres, por el bien de todos, tenemos que atacan a estos estratos y elevarlos a mejores condiciones de vida.

Era fácil -para alguien sin principios ni ningún género de convicción social- seguir actuando como siempre, esto es, más de lo mismo y endrogar al país y más cuando “la oportunidad la pintan calva”, porque ante la pandemia, con la suspensión de las garantías individuales por parte del presidente de la República (artículo 29 constitucional) se pudo ir al fondo y expropiar los bienes de quienes se han enriquecido de manera indebida, y devolverlo a la nación, sin embargo, el tan señalado autoritario y arbitrario López Obrador, ni siquiera hizo lo de Trump, de obligar a una empresa a la producción de un producto para mitigar la epidemia, por el contrario, aquí se actúa con el apotegma juarista “nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho”, en síntesis, tendrá que llegar el momento en que se sepulte la corrupción e impunidad, cumpliendo con el orden jurídico que estableció el sistema liberal.

Es tanta la prudencia y serenidad presidencial, que existiendo en la Constitución -artículo 127- y su reglamentación, para que nadie gane más que el presidente, que los poderes judicial y legislativo no lo han acatado y se enmascaran en su independencia para, en la peor mofa de la historia, seguir en su agandalle.

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