Tiempos difíciles

Por Jorge Curiel H.

Esta última semana salí, sin bajar del auto y para cumplir con la “sana distancia”, a dar una “vuelta” por la zona hotelera de Cancún. Ya había escuchado que había varios hoteles y restaurantes cerrados, pero el verlos en persona resultó una experiencia apocalíptica, sobre todo porque en la Zona Hotelera no hay más actividad que la que se desarrolla en torno al turismo y cuando esta actividad se encuentra en pausa el panorama es fantasmal. Pude ver hoteles completamente cerrados, apagados e incluso tapeados con madera para evitar el acceso y probablemente algún robo. Esta escena ha ido poco a poco ayudándome a digerir la idea de lo que nos dejará como herencia la crisis del COVID-19.

He escuchado toda clase de noticias y estadísticas, desde los más de 7,500 vuelos cancelados al Aeropuerto Internacional de Cancún hasta la extinción de la que hubiera sido probablemente la mejor Semana Santa en cuanto a ocupación e ingresos se refiere de los últimos años. El gobernador Carlos Joaquín ha estado involucrado y pendiente, pero al ser el turismo la única fuente de ingresos del estado resulta difícil el avistamiento de una pronta recuperación de la economía de la zona, es más, lo peor está por venir, y las autoridades poco podrán hacer para ayudar a contrarrestar los efectos de esta crisis.

Cancún y La Riviera Maya han sido, durante muchos años, uno de los principales destinos turísticos de playa en todo el mundo, con una oferta gastronómica, hotelera, cultural y de aventura que pocos destinos del mundo pueden concentrar en un mismo lugar. Inversiones millonarias por parte de los más grandes grupos hoteleros y desarrolladores inmobiliarios han encontrado un atractivo en la región, que ha resultado en una verdadera mina de oro, por ello resulta tan triste y desesperanzador ver la fragilidad con que se ha ido desgranando uno de los pilares del turismo nacional y una de las mayores fuentes de divisas del país a raíz de una crisis sanitaria que fue imposible de prever.

Se avecinan épocas difíciles, épocas que sin duda los cancunenses sabremos sortear, la pregunta es ¿Cuánto tiempo tardaremos en recuperarnos? ¿Cuándo volverá todo a la normalidad? ¿Cuándo podremos ocuparnos nuevamente de reactivar la economía local, de recuperar los empleos que ya se han perdido?

He tenido la oportunidad en estos días de conversar con mucha gente al respecto de lo que se vislumbra para el destino en los próximos meses y la pandemia, el coronavirus, el virus de Wuhan o como quieran llamarle ha dejado de ser la causa del insomnio de quienes aquí vivimos, la verdadera preocupación ha tomado ahora un rumbo más tangible, la economía.  Ya en estos días hay muchos negocios que no han podido seguir, que han tenido que cerrar ya sea por orden expresa del gobierno o por incapacidad de seguir operando dada la inexistente ocupación del destino.  Meseros que vivían de propinas, taxistas, guías de turismo, operadores, etc., han tenido que regresar a sus casas a cumplir con la cuarentena que nos ayudará a terminar con la amenazante pandemia, pero, además, tendrán que lidiar con la incertidumbre de si tendrán o no empleo cuando esta haya terminado.

Nos queda a nosotros como sociedad la responsabilidad de ayudar en la medida de lo posible a contrarrestar las secuelas que dejará esta crisis consumiendo productos y servicios locales, apoyando a los productores regionales y, sobre todo, trabajar por la recuperación de nuestro estado como ya lo hemos hecho en ocasiones anteriores; y a los que no viven aquí los invito a sumarse y venir a conocer las maravillas que tiene nuestro estado.

 

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