Lo que tenga que pasar, pasará

Casa de Citas

Por Baltazar López Martínez

“Supongo que todo se reduce a una asombrosa conciencia de la mortalidad. Nuestra habilidad, a diferencia de otros animales, de conceptualizar nuestra propia muerte crea enorme sufrimiento psíquico; aunque lo admitamos o no, en el pecho de cada hombre hay un pequeño cofre de miedo apuntado a este conocimiento final que carcome su ego y su sentido de propósito.”

-Stanley Kubrick

“Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medias, de ningún modo es una media verdad.”

– Jean Cocteau

Vamos de nuevo: ES IMPOSIBLE DETENER LOS CONTAGIOS. No hay manera. Ni siquiera las ciudades amuralladas de la antigüedad fueron suficientes para contener una epidemia. No hay modo de ponerle un cerco; la naturaleza se abre paso en ocasiones de maneras insospechadas y encuentro cómo desarrollar su curso, con seres humanos o sin ellos. Sería como tratar de ponerle puertas al campo, labor titánica y además inútil porque siempre habrá idiotas en movimiento. Las medidas comunitarias de mitigación tienen otro objetivo muy diferente, que es el de aplanar la curva. El término parece extraño, y más para los líderes de opinión de Facebook, que llegaron a la excelencia sin leer un solo libro ni estudiar un solo documento, para quienes su ignorancia tiene el mismo valor que el conocimiento de otros. Desde la lógica de la ignorancia parece paradójico que se hable de aplanar algo cuya naturaleza es curvada, o más, que se hable de aplanar “el pico” de la curva, lo cual suena más extraño todavía.

Incluso para un ignorante como yo es sencillo comprender que una curva no se puede aplanar, porque dejaría de ser curva. Es por eso por lo que no debemos tomar la expresión en sentido literal, sino analizarla por el resultado que se desea obtener. La Imagen 1 explica con naturalidad y sencillez qué es “aplanar la curva”. La gráfica en azul muestra el crecimiento de los casos de contagio sin que haya ninguna restricción. Se trata de un crecimiento exponencial, ya que las cantidades se van potenciando a medida que pasa el tiempo, de modo que en muy pocos días hay una gran cantidad de infectados. Como se ve en la Tabla 1, si una persona contagia a otras dos, y suponiendo que no exista ninguna restricción sanitaria, al término de 14 días habrá poco más de 32 mil casos. De acuerdo con la Tabla 2, si una persona transmite el virus a otras 3 la situación es catastrófica, ya que en 14 días habría más de 14 millones de enfermos.

La principal consecuencia del aumento indiscriminado de casos es el colapso del sistema de salud para atender a tantos enfermos. La cantidad de hospitales, camas, médicos y enfermeras, así como el equipo de que disponen, son limitados y se trata de recursos limitados, que se pueden aumentar a pequeña escala con las llamadas reconversiones hospitalarias, que adecuan hospitales generales a hospitales especializados en la epidemia, la instalación de hospitales provisionales, la contratación de emergencia de personal médicos, equipos e insumos. Pero el crecimiento de la infraestructura hospitalaria tiene un límite, y ese límite será rebasado de inmediato de no aplicarse medidas de contención y mitigación de la velocidad de transmisión de la enfermedad.

Bien, para disminuir la velocidad de contagio se utilizan medidas de restricción de la movilidad. El principio es muy sencillo. Se trata de aislar a la gente en su casa y que sólo se muevan los que tengan que hacerlo, por razones de trabajo y de actividades prioritarias. Los demás no. En algunos casos las medidas son coercitivas y se ejerce el uso de la fuerza sobre las personas para obligarlas a seguir las medidas de aislamiento, en otros casos, como en México, las medidas son comunitarias, es decir, van dirigidas a la sociedad en conjunto y no a los individuos. Cualquiera que sea el caso, estas medidas tienen el objetivo de distribuir los contagios a lo largo del tiempo, como muestra la gráfica roja de la Imagen 1, que tiene la misma distribución de Campana de Gauss, pero cuyo pico de máxima cantidad de contagios coincide con la línea límite de la capacidad de los sistemas de salud.

De nuevo: no se trata de reducir la cantidad de contagios. Quizá el número de casos de la gráfica roja sea igual o mayor al de la gráfica azul, pero la gran diferencia es que en el caso de la gráfica roja hay más oportunidad de que el sistema médico y hospitalario pueda ofrecer atención a los enfermos. De eso se trata, de ofrecer a los contagiados una oportunidad de recibir auxilio médico y de que haya equipo disponible para atenderlos en emergencia. Por supuesto los casos de la Imagen 1 son hipotéticos y en el caso de la gráfica roja son los más deseables, aunque esto signifique que será una epidemia larga, sostenida, y que deberemos observar las medidas de mitigación por un tiempo prolongado. Todo esto es tan simple que, hasta yo, que soy el más tonto de mi pueblo, puedo entenderlo.

Sin embargo, la ignorancia pasa por un buen momento, y de un tiempo a la fecha resulta de tanto valor como el conocimiento. Así es. En el terreno de las redes sociales tiene tanto peso la opinión de un idiota como la de un sabio, o peor, reciben más atención las afirmaciones de los idiotas. No habría problema en ello de no ser porque la opinión de los idiotas, que además son los que están en movimiento pese a las restricciones de mitigación comunitarias, influye sobre otras personas holgazanas para pensar o investigar, y que además están dispuestas a creer incluso las teorías más disparatadas. Todos, iluminados por las teorías conspiratorias y la convicción de que están siendo engañados por las autoridades, se ponen en movimiento y aceleran el crecimiento de la curva.

Yo no le veo problema a que una persona que desee contagiarse se contagie, es muy su vida, muy sus pulmones, pero me parece ilógico que en su afán de demostrar que tiene la razón se enferme y contagie además a otras personas que no tienen la culpa de sus taras y lleguen todos al hospital civil de Tuxpan, donde sólo hay dos equipos de respiración mecánica asistida, y en esas tristes circunstancias ya no importará quién tenga la razón. Lo que realmente nos coloca en la encrucijada es que esta saturación de los hospitales presentará una disyuntiva ética severa a los médicos: En caso de que haya una sola máquina de respiración asistida y varios pacientes que necesitan intubación, ¿quién debe recibirla? ¿Quién debe morir?

Es tan encarnizada la batalla política, y ha llegado a niveles tan canallas, que el día de ayer, domingo 17 de mayo, circuló la gráfica de la Imagen 2 como muestra de que el subsecretario de salud, Hugo López-Gatell miente en sus aseveraciones de que logramos aplanar la curva. Destacados periodistas y comunicadores la exhibieron como un preciado trofeo, y festinaron el “desenmascaramiento” de la estrategia fallida del gobierno federal. Sin embargo, como el mismo subsecretario explicó, esa curva nunca va a bajar, ya que se trata de la curva de casos acumulados. El asunto es tan importante que cito aquí sus palabras: “Esta curva, también les recuerdo aprovechando que es sábado y tenemos un poco más de tiempo, esta curva nunca va a disminuir. Nunca. Lo que puede hacer esta curva en un momento dado es cuando la velocidad en la que se suman, en la que se presentan nuevos casos cada día, ya tenga una inclinación diferente.”

Y continuó: “Eventualmente llegará un punto en donde ya va a ser completamente plana, pero nunca va a presentarse hacia abajo. Esto lo digo porque sigo apreciando que algunas personas, incluidos comunicadores de los medios públicos presentan a veces un poquito de interpretaciones alternativas, vamos a llamarles de esta manera, respecto a lo que quiere decir el famoso aplanamiento de la curva epidémica. No tengan la expectativa de que esto va a cambiar hacia abajo, nunca, porque esto es la suma de casos acumulados de COVID; en su momento, cuando vaya reduciéndose la ocurrencia de nuevos casos, empezará a tener esta forma plana y será completamente horizontal cuando ya no haya contagios.”

Lo mismo pasa con las afirmaciones de un tipo que se llama creo Pedro Ferriz, o algo así, que afirmó tan orondo que el gobierno miente y que tenemos en México por lo menos un millón de casos de enfermos de Covid-19, es decir, ¡la cuarta parte de todos los casos a nivel mundial! Como si este solo hecho no fuera suficiente para echar por tierra esta afirmación tan estúpida, pensemos en un solo dato, la tasa de letalidad, que en estos días rebasa el 7 por ciento. Si hubiera un millón de casos, ya deberíamos tener 70 mil muertos, y vaya, yo creo que el gobierno podría ocultar mil, dos mil muertos más o menos en sus estadísticas, pero ¿cómo ocultar 65 mil difuntitos? No tiene sentido. Además, parecemos olvidar que el subsecretario es sólo el portavoz de un enorme equipo de científicos de todas las ramas que están manejando los datos, y que esos datos provienen de todas partes de la república, de tal manera que hay miles de personas pendientes, lo cual hace imposible el fraude, ya que las mejores mentes, los mejores científicos de este país están al tanto. Pero esto no basta para convencer a los escépticos que me dirán que sí, que están confabulados bajo los mandatos de un nuevo orden mundial y que incluso esta columna la escribo por órdenes de los jefes del Mundo.

A propósito, me resulta divertido leer las teorías conspiratorias en las que los Illuminati, los Reptilianos, los Rosenberg o Rauschenberg o como se llamen, así como los líderes mundiales encabezados por los dueños de las fortunas más fabulosas del mundo. Para los seguidores de estas extrañas teorías, la epidemia no existe y nos la aplican para tenernos sometidos por el terror, o sí existe, y se trata de un plan para sacar de circulación a los viejos, a los enfermos y a los pobres, mediante el eficaz método de soltar un virus de laboratorio y que actúe como un depredador. Una de las teorías que está de moda en la red es afirmar que Bill Gates conocía de antemano la pandemia, y que previo a ella destinó fondos, mediante la Fundación Gates, a un Instituto Pirbright, que ya tiene patentada la vacuna. ¿Pero si Bill Gates ya tiene la vacuna por qué no la vende? ¿Está a la espera de que otro laboratorio la desarrolle y le arruine el negocio?

Otras fuentes indican que Bill Gates lo que pretende es implantar un chip en cada una de las personas de la tierra, con objeto de monitorizar sus actividades. En otros casos es la ONU quien pretende colocar, de manera subrepticia suponemos, el mentado chip en las personas, el cual es equiparable, según los datos más catastrofistas, a la implantación de la Marca de la Bestia del libro de la Biblia Apocalipsis. Si tú eres de las personas que creen que la ONU o Bill Gates te quieren colocar un chip te tengo malas noticias: no necesitan hacerlo porque saben todo acerca de ti. Así es. Ese chip se llama Facebook y lo tienes implantado en el alma. Facebook es un negocio, y si no recibes dinero, lamento decirlo, tú eres la mercancía.

Facebook te vigila de maneras que no imaginas. Te extrae todos tus datos y se los entregas gustoso. Sabe en dónde estás y con quiénes, a dónde viajas, lo que te motiva y te estimula, lo que detestas o te cautiva. Cada que contestas una encuesta de animales, de IQ, de cultura general, de preferencias políticas, de apoyo o rechazo a alguna causa, cada que te gusta una publicación, o te encanta, o comentas, o te opones a alguna causa o la apoyas, Facebook obtiene un pedacito de tu vida y lo va juntando con otros, hasta que consigue armar el rompecabezas que en ocasiones ni tú mismo conoces. Facebook guarda tus recuerdos, sabe a quién bloqueas, qué platicaste por Messenger, a quién odias, a quien amas, qué te motiva, y cada que agregas un pedacito de datos le estás entregando en realidad una porción de tu persona. No hay necesidad de que la ONU o Bill Gates te implanten un chip para controlarte, Facebook lo hoce por ellos, se apodera de tu alma y tú se la entregas gustoso.

Así pues, entre incrédulos y paranoicos de la conspiración, entre defensores a ultranza del gobierno y detractores irremediables, la epidemia continúa su paso incansable.  La Naturaleza se abre paso, indiferente al odio, al temor o la alegría. Sean cuales sean nuestros pensamientos, el tiempo sigue su marcha, y estamos a la espera de los pocos instantes en que percibimos la felicidad o la belleza. Lo que tenga que pasar, pasará. Los idiotas seguirán en movimiento, sin que importe cuáles sean sus razones. Para triunfar necesitamos de valores cada vez más escasos, como la compasión y el amor al prójimo. El cineasta Stanley Kubrick dijo a Playboy en 1968: “El hecho más terrorífico del universo no es que éste sea hostil e indiferente; sino que si podemos conciliarnos con esta indiferencia y aceptar el desafío de la vida dentro de la frontera de la muerte -no importa cuán mutable el hombre pueda hacerlos- nuestra existencia como especie puede alcanzar genuino significado y realización. No obstante lo vasto de la oscuridad, debemos de proveer nuestra propia luz.”

Pues bien, como exclamó Julio César antes de cruzar el Rubicón, la suerte está echada.