INE y Odebrecht, garantes de la democracia y la corrupción

Por: José Lima Cobos*

Hay un dicho muy, pero muy común que dice “dime de lo que presumes y te diré de qué careces”, y viene como anillo al dedo a resultas de la expresión del presidente López Obrador en una de las más recientes mañaneras, cuando dijo “seré un garante de la democracia”, a propósito de que en poco tiempo se inicien las actividades partidistas de medio sexenio, en que se habrán de renovar quince gubernaturas, diputados locales y presidentes municipales, pero lo más relevante –y fue lo que disparó el cuete-, es que también se eligen 500 diputados federales, donde el partido Morena cuenta con la mayoría absoluta y sabido es que los empresarios, que ahora sí pagan impuestos, han amenazado que intervendrían todo lo que se necesite para evitar que el presidente vuelva a tener mayoría y “se democratice el país” y en puridad, el INE puede ser garantía de que organice bien el proceso electoral, pero no tiene las garras para determinar y retirar de la contienda al partido o los partidos que se han excedido en los gastos de campaña.

Está documentado y es un hecho notorio, Ancira, de Altos Hornos, y Lozoya, de Pemex, acusados de una serie de delitos a consecuencia de que los grandes negocios en que amasaron sus fortunas que aplicaron a la cuestión electoral para evitar precisamente que la elección fuera democrática, de ahí que incomoda que el presidente diga que será garante de la democratización y que en su condición de ciudadano de la república no guardará silencio donde se detecte el manejo de recursos para empañar el proceso electoral. Esto no gustó, pues ofende la dignidad de quienes no han acreditado en los hechos que la poseen.

Esas expresiones hoy del Presidente, guardan similitud con lo que el apóstol de la democracia, Francisco I. Madero, pronunció ya siendo jefe de Estado Mexicano, que sería un paladín o guardián de la democracia, pues contendió con don Porfirio Díaz, en memorable fecha, y se causó el fraude que encendió la república, por lo mismo, a efecto de que no se repita esa historia, bien es advertir que no habrá más embarazos de urnas, uso de recursos de procedencia ilícita, o exceso de gastos de campaña, y si esas expresiones causan escozor es porque el entramado se está armando, de manera anticipada, y los caballos de Troya son los consejeros del INE quienes, por cierto, han sido denunciados de hacer los gastos más grandes de cualquier otro país democrático del mundo, en una nación que raya en la miseria.

No se olvida que la actual integración de los consejeros de ese Instituto fue una negociación de los partidos políticos existentes, mediante cuotas ominosas y vergonzosas, no mediante una elección democrática, es decir, contubernio evidente, de ahí son personas que no responden a los intereses de los electores sino de grupos de poder que han hundido al país en la miseria y pobreza extrema.

Podría decirse que Odebrecht es el fantasma que recorre América, solo que en los países que aportó recursos para las campañas políticas, a cambio de jugosos contratos, los que participaron están en la cárcel o bien se suicidaron –caso Perú- y sin embargo, el INE mexicano no hizo nada y menos su presidente Lorenzo Córdova de quien se llegó a pensar que, por ser hijo de un luchador social, como Arnoldo Córdova -hombre combatiente de izquierda- podría desarrollar un excelente papel, de lo que no se ha caracterizado, salvo por supuesto su actitud discriminatoria que asumió al denostar el lenguaje de un indígena en una plática que sostuvo el 20 de mayo del 2015 y al menos, por dignidad que renunciara al cargo, lo que no hará, por supuesto, porque la ubre gubernamental es envidiable.

El presidente Juárez dijo en memorable ocasión que “la democracia es el destino de la humanidad; la libertad, su brazo indestructible”; ahora el presidente López Obrador ha expresado que será un guardián de la democracia, y no le falta razón en actuar de esa manera porque a lo largo de la historia la farsa electoral se ha enseñoreado en este país y esta es la ocasión propicia para que la fiscalía electoral, de la que Peña Nieto destituyó a Santiago Nieto cuando declaró que existían elementos para judicializar a Lozoya, por el caso Odebrecht donde salieron los recursos para el fraude electoral del 2012 y el INE brilló por su ausencia.

Ahora bien, siendo la cámara de diputados federal, que por disposición constitucional es la única que dictamina sobre el presupuesto de la nación y ante las medidas de austeridad implantas por el actual gobierno -ahora con la pandemia del Covid19- y la reluctante resistencia de los altos funcionarios –diputados, senadores, ministros, jueces, magistrados y la retahíla de organismos autónomos que se crearon para saquear a la nación con un burocracia dorada-, la lucha se consolida y obviamente se tiene que minar la fuerza presidencial de quien respeta la constitución –artículo 127 constitucional- por haber dispuesto que nadie debe ni puede ganar más que él, y menos que, en forma reiterada afirma- que muchos organismos no tienen funciones esenciales y ante la duplicidad de acciones tienen que desaparecer.

Si alguien ha sufrido en carne propia el fraude electoral, y de manera reiterada, es precisamente el presidente López Obrador, primero, cuando contendió por la gubernatura contra Madrazo -PRI- donde Zedillo maniobró en el Trife para ese propósito, luego, en la campaña electoral contra Calderón y después con Peña Nieto, con las consecuencias que están a la vista, pero en 2018 la avalancha electoral nadie la pudo detener, pese a la campaña de que era una amenaza para México, lo cual es cierto, porque está terminando con la corrupción y va por más. ¡Enhorabuena!

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