Medios sin medios

ESCENARIOS

Por Francisco Blanco Calderón

La directora de Articulo 19, Ana Cristina Ruelas, señaló a proceso, que el gobierno de Peña Nieto destinó, solo en el 2018, 60 mil 237 millones de pesos en publicidad, “Diez medios de comunicación concentraron el 48 por ciento del presupuesto oficial, mientras 850 (periódicos y radiodifusoras) tuvieron que repartirse el 52% restante”.

Y de ahí todos los chayoteros, bien identificados, esos que han destilado alabanzas a los gobiernos que los “amamantaron” durante los cinco periodos presidenciales, pero eso sí, tirando todo por la ventana para criticar al gobierno que les cerró la llave, ese que solo destinó 3,245 en el 2019, incluidos medios, analistas, conductores, reporteros.

De ahí el silencio de algunos, escondidos con “la cola entre el rabo” o exaltando loas al paraíso perdido, para destacar notas del “mamá no fui yo… fue teté”, justificando a sus patrones patrocinadores. ¿Nombres? Ya fueron exhibidos desde mayo del 2019 por nota de Arturo Rodríguez García, en el Proceso libre de antaño, que se destinó 153 millones a Federico Arreola, a Enrique Krauze 144 millones de pesos, o los 400 millones a la esposa de Loret de Mola, de ahí todos los restantes: Hiriart, Alemán, Riva Palacio, los dos Cárdenas, Brozo, Jorge Fernández, Carlos Marín, Beatriz Pagés, y una larga morrallera.

Ahora, además de llorar, gritan, mientan madres, inventan falacias, construyen fake news, modifican fotografías, reforman videos, todo a su antojo e intereses, vía de sus nuevos patrocinadores que se identifican en Coparmex, asociación a favor de la corrupción, gobernadores de Jalisco, Tamaulipas, Querétaro, Guanajuato, Nuevo León, Chihuahua, Coahuila, Nayarit y Colima, de expresidentes como Fox (que ahora vende mañanitas), Calderón (junto a esposa, hermana, hijo, youtubers y bots afiliados), los ex de Soriana, Bringas y FEMSA, Lozano, y obvio Salinas de Gortari, Fernández de Cevallos y todo el capital beneficiado durante 36 años de pillaje y saqueo. De que hay dinero, claro que lo hay, de exgobernadores, dirigentes empresariales, trasnacionales que siguen mochando a intelectuales, artistas, deportistas,  calificadoras a su servicio o  a organismos internacionales como la OEA trasquilada y sometida al imperio, el BID maniatado, el FMI y Banco Mundial añorando el no endeudamiento de la 4T y  empresarios, legisladores, magistrados, jueces, fideicomisos cínicamente engordados  y claro sus organizaciones delictivas afines a  Sinaloa, Jalisco, Guanajuato, Ciudad Juárez, del Golfo hasta la chiquillada como MamaRosa, Tepito, y la casi desaparecida Zeta.

Dinero que proviene de lavado de dinero, deuda pública del pasado, saqueo y entrega de recursos energéticos y naturales, drogas, secuestros, tráfico de órganos, trata de blancas, feminicidios, levantones, robos a bancos, comercios, casas habitación y vehículos.

Dinero que proviene de empresas extranjeras beneficiadas por las reformas estructurales, y población beneficiada en negocios turbios, empresas fantasma y todas las chuladas concebidas en el periodo neoliberal (que aún no se exterminan y siguen vigentes algunas, por desgracia).

“El vuelco político-electoral mexicano de 2018 rompió de tajo con la narrativa pesimista que había empezado a recorrer América Latina. Las victorias electorales de Mauricio Macri (Argentina), Jair Bolsonaro (Brasil) y Sebastián Piñera (Chile), así como la traición de Lenín Moreno (Ecuador), parecían demostrar que el ciclo progresista había llegado a su fin y que los pueblos latinoamericanos tendríamos que resignarnos a un retorno al autoritarismo neoliberal… La Cuarta Transformación se enmarca en este contexto global e histórico. Y el gobierno de López Obrador es claro ejemplo de la experimentación creativa que es posible en el nuevo mundo que va surgiendo de las ruinas del viejo sistema. En México tenemos un gobierno que recupera la rectoría del Estado, privilegia a los pobres, cuestiona frontalmente la narrativa de los medios corporativos, arranca de raíz la corrupción estructural y los conflictos de intereses, y exhibe el uso faccioso de las leyes, pero simultáneamente permite el libre desarrollo de la industria privada y la prensa, defiende la institucionalidad democrática y se niega a caer en el revanchismo con una cacería de brujas”. (John Ackerman. La Jornada).

Hoy es día de cambios, lentos, por las estructuras anquilosadas, los intereses torcidos, la bonanza añorada y ojalá aniquilada, el consumismo insaciable, la absoluta pérdida de valores propiciados por los medios de comunicación, la iglesia excelestial hoy muy terrenal, los hampones de cuello blanco y los del crimen organizado, y esa pléyade clasemediera sometida al consumismo, ahogada en el individualismo, desideologizada y sobre todo mustia ante una fe ausente. Los medios se han quedado sin medios, pero sobreviven con los recursos alternos de lo extraído, grupos opositores decadentes, como el BOA y el FRENAA, las precarias movilizaciones de automóviles en zonas urbanas, el volanteo y perifoneo inductor para impedir la transformación con una aspiración racista de no dejar subir a los de abajo, esos feos, pobres y prietos, para quitarles todo, como educación, salud, empleo, vivienda y bienestar.

Son tiempos difíciles, que solo con la voluntad de las mayorías se puede consolidar o abandonar al olvido, como el buen propósito de cambiar la miseria social, económica y política. El cambio implica voluntad, ¿de todos? sí, en realidad se quiere transformar a este país devastado. Dos oportunidades para lograrlo se avecinan en el 2021 y en el 2024, no hay de otra. O cambiamos o se sucumbe. El COVID-19 lo está señalando: o transformamos nuestra realidad o habrá un apocalipsis en puerta: ecológico, ambiental, social, político, educativo, salud física y mental y de bienestar. Todos o Nadie, no hay de otra.