Reformas o cambios

Por José García Sánchez

Cada vez que hay oportunidad las autoridades de todos los niveles hablan de los beneficios de las reformas estructurales. Las dos reformas que son alabanzas religiosas cotidianas son la energética y al educativa.

Pero poco puede reformarse en el caso de la energía cando existe un sindicato con serias acusaciones de corrupción. Y si estas acusaciones no existieran la permanencia de un sindicato como el de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, de triste historia, que encabeza Carlos Romero Deschamps, de dramática trayectoria, debe dejar su sitio de privilegio para dar cabida a una nueva generación gremial que surja, crezca y se desarrolle de acuerdo con las leyes establecidas a partir de la reforma energética, con la cual hasta la propia empresa paraestatal Petróleos Mexicanos cambia de nombre para convertirse en una Empresa Productiva del Estado, pero la cúpula de la empresa, así como la de ese grupo gremial no quieren dejar de fungir y fingir como tales sin antes no “depurar” la nómina de esta empresa a su conveniencia, que según expresiones del propio sindicato de Romero Deschamps despedirá a 23,920 empleados, cuyas plazas seráncongeladas o desaparecidas para luego revivirlas como puestos de confianza pero con mayores salarios.

Esto quiere decir que si bien el recorte se realiza con el pretexto de reducir gastos y costos, lo cierto es que la cantidad de plazas desaparecidas dentro del sindicato se convertirán en plazas de confianza con el doble de salario o más.

Esta es una de las estrategias de Carlos Romero Deschamps que tiene como objetivo mantener una planta productiva proclive a sus necesidades, todo con la anuencia o complicidad del propio director general de lo que fuera Pemex, Emilio Lozoaya Austin, ex asesor de OHL.

Hace unos días el gremio dirigido por Carlos Romero firmó un contrato colectivo de trabajo con Emilio Lozoya, cada uno con una falsa representación, porque al fondo de la mesa, estaba el viejo logotipo con el antiguo nombre: Pemex, un águila sobre una goa roja que no se sabe si es de sangre o de petróleo. Empresa que no existe y sindicato que, al desaparecer su contraparte empresarial, se anula a sí mismo de manera automática.

Los días de ambos personajes siniestros están contados como cabeza de una farsa que impide a todas luces, el desarrollo de la reforma energética y que sólo puede sustentarse con los frágiles cimientos de la corrupción que ha tratado inútilmente de darle fuerza a una relación enfermiza y poco lícita, que es en realidad el principal problema de la empresa anteriormente llamada Petróleos Mexicanos.

Se afirma, por ejemplo, que los mexicanos pagaremos por los pasivos laborales de la empresa, cuando en realidad el centro de la problemática de esta empresa es la corrupción, sin la cual se hubiera desarrollado de manera sorprendente y no hubiera habido necesidad de ninguna reforma energética por los grandes dividendos que arrojaría si hubiera sido una producción limpia. Pero en ella todos metieron mano y el sindicato se convirtió primero en parte del problema y ahora es el meollo del conflicto, tanto que la reforma energética pende de alfileres si no hay cambios radicales dentro de la cúpula de la empresa y se hace a un lado el antiguo gremio, cuyos principales dirigentes están acusados de delitos graves, sobre todo quienes encabezan las 36 secciones sindicales. No hay uno solo que se salve de ser señalado penalmente por delitos tales como enriquecimiento ilícito, asociación delictuosa, evasión fiscal, entre otros.

Si en realidad lo que pregonan es una reforma deben empezar por la parte interna, a menos que sólo se intente hacer una serie de aparentes cambios para que después todo quede igual o peor, en un claro engaño a sus clientes y proveedores de dentro y fuera de nuestras fronteras.