Reformas fallidas

Por: José García Sánchez

 

Resulta por demás asombroso cómo una reforma que en su momento trataron de denominarla estructural se haya reducido a una simple evaluación de los trabajadores del ramo.

El sistema económico político de los países que giran alrededor de Estados Unidos como satélites incondicionales, ha  hecho de la evaluación laboral el objetivo de la depuración del personal burocrático con la finalidad de adelgazar la nómina del gasto corriente. Pero como las crisis económica y política que padecen estos países no les permite a sus mandatarios hablar claro acerca del destino incierto de buena parte de su burocracia, que quedará en la calle, en el más amplio sentido de la palabra.

Pero como la crisis económica y política que padecen esos países les impide a los mandatarios de esos países hablar claro sobre la desocupación de la burocracia para evitar disturbios callejeros como los sucedidos en España, Francia, Grecia, Italia, Francia, etc., prefieren disfrazar de reformas estructurales las decisiones antipopulares.

La retórica de países como México con una sociedad poco informada y que tiene ahora el primer lugar en ignorancia, según un ranking llamado Index of Ignorante (Índice de Ignorancia) definió como el “ganador” de este año a México, destronando al ganador del año anterior Italia el cual ahora se encuentra en el puesto número 10.

Este tipo de distinciones no es por culpa de los profesores disidentes sino de un sistema de educación eficiente y caduco, pero sobre todo temeroso de la cultura y el conocimiento, que impone a través de medidas restrictivas como la reforma educativa y que termina por reducirse a su mínima expresión como el propio secretario de Educación lo confesara hace algunos días la afirmar que invitará a los maestros “disidentes” a sumarse a la reforma educativa; en otras palabras, convoca a los profesores que se niegan a ser evaluados, porque en ello va su empleo y sus datos personales de por medio,  a que presenten sus exámenes.

La reforma es la evaluación de docentes y la evaluación de docentes es la reforma educativa. Sumarse a la reforma y abandonar la disidencia implica presentar un examen. Esa es la gran diferencia.

¿Suponiendo que todos los maestros hayan presentado el examen de evaluación, cuál es el siguiente paso de la reforma educativa? Si todos los profesores se hubieran evaluado, en este momento Aurelio Nuño no tendría chamba, porque es evidente que carece de una idea mínima de transformación de la educación, de su actualización, y menos aún de su proceso de calidad tan anunciado como esencia de la reforma.

Por otra parte, pareciera pretencioso denominar disidente a un profesor que se niega a realizar una evaluación obligatoria cuya aplicación no está en ningún reglamento y menos aún en sus estatutos laborales, por lo menos en el esquema en que la reforma educativa lo presenta, como una aplicación obligatoria, restrictiva y que amenaza con el desempleo ya sea que se someta el profesor o no a su evaluación, de todas maneras está con un pie en la calle.

Así, en la guerra contra los profesores la SEP y su inexperto titular denomina disidentes a quienes protegen su patrimonio laboral y llama sabotaje a quienes invitan a sus compañeros a no presentarse a ser evaluaos.

Dentro de esta fantasiosa batalla contra los educadores de México, que merecieran más respeto de las autoridades y los medios, está el engaño de presentar la evaluación como un derecho y no como una obligación, de esta manera satanizan con mayor facilidad a quienes se niegan a ser evaluados.

Reducir la reforma educativa a una simple evaluación, le permite al gobierno federal, ganar adeptos para sus otras reformas y para la propia educativa; es decir, pareciera que todo problema de inconformidad en el magisterio, uno de los gremios más combativos en México, se limita a la evaluación, cuando por más de 35 años existe una inconformidad real y sólida entre los profesores del país.

La reforma educativa es una engaño de principio a fin, las otras reformas no están concretadas y todo parece que tienen el mismo destino, simplificarlas para luego echarlas a andar entre improvisaciones y despidos, subastas de bienes y riquezas, y adelgazamiento de la nómina del gobierno.

Así, las reformas estructurales son, en términos reales, normatividades que les permiten a los funcionarios púbicos echar a millones de mexicanos a las calles, sin empleo y sin esperanza de recuperarlo