Voto y voz

En unos días el mapa político del país tendrá transformaciones. En algunas latitudes del país se confirmará la tendencia de los partidos que gobiernan esas entidades, confirmando un buen gobierno, o bien desplazándolos por otros con la esperanza de que se eleve el nivel de vida de sus habitantes.
El voto es la mínima expresión de la democracia, el ciudadano común no puede limitarse a ejercer el derecho al sufragio como única actividad en una democracia. Su participación debe ser tomada en cuenta y de no ser así, debe exigir que no sólo tenga voto sino también voz.
La pasividad tradicional de los mexicanos que limitan su actividad social y política al voto, no puede quedarse en esa postura mientras están inconformes con algunas disposiciones del gobierno. Tampoco puede quedarse cruzado de brazos si las decisiones de los gobernantes les favorecen, deben abandonar la apatía y si es el caso, apoyar al gobierno a partir de una serie de expresiones de consolidación de dichos mandatos.
Los tres niveles de gobierno, que están repartidos entre todos los partidos del país, requieren de mayor participación de los ciudadanos. La representación indirecta debe equilibrarse con la postura pública de los habitantes, con la expresión abierta de los ciudadanos.
De ahí que el voto sea solamente la expresión esencial de la democracia pero no la única participación de la sociedad en la resolución de sus problemas que en México no son pocos.
La democracia en México debe nutrirse y enriquecerse. La población puede debilitar o fortalecer un proceso de cambios que exige, ahora más que nunca, de la participación social de su organización ya sea alrededor de las decisiones del gobierno o a partir de su crítica y análisis.
No puede seguir así el pueblo de México limitándose a votar y seguir escondiendo sus preferencias políticas, como si se tratara de un delito votar por tal o cual partido político. Si bien el voto es secreto no debe ser un secreto exigir y participar en la toma de decisiones de un gobierno que tiene hambre de apoyo pero también que se fortalece en la disidencia como sucede en toda democracia.

Ángel Álvaro Peña
Director General