¿LÍDER NACIONAL O GERENTE Por Lic. Valentín Ramos GENERAL?

En los Estados Unidos, la tradi­ción política ha dictado que el líder indiscutible del partido en el poder lo es el presidente de ese país. Que desde el momen­to en que la convención nacional elige a un individuo éste acaudille al partido es lógico, útil y además democrático. Por ello mismo, si el candidato es además elegido presidente y lleva a su facción a la conquis­ta del ejecutivo federal, será indiscutible su dominio sobre la estructura partidista. Nadie por tanto pone en duda que es pre­rrogativa del presidente de la nación de­signar de manera personal al presidente del comité nacional. Así, Barack Obama ha señalado para ese puesto primero al sena­dor (y hoy candidato a la vicepresidencia) Tim Kaine y actualmente a la congresista Debbie Wasserman Schultz.

Aquí en México, no tendría por qué ser distinto, pero este tema es uno más de los que caen en innecesarias simulaciones de pantomima. El presidente Enrique Peña Nieto designa como nuevo encargado del CEN tricolor a su tocayo Ochoa Reza, y en lugar de aceptarse como una decisión del verdadero líder del PRI (aún), de inmediato se monta el falso escenario de la consulta a las bases, de las espontaneas y sinceras adhesiones de los sectores a un hombre al que absolutamente nadie conocía una se­mana atrás.

¿Se gana algo con estos simulacros, con estas representaciones ya no de opereta sino de vulgar carpa? Pareciera ser que en el ADN priista está ya marcado indele­blemente el amor por la representación teatral, aunque ni ellos ni el público se lo crean. Nadie en todo el país puede negar de dónde surgió la orden de encumbrar al casi anónimo ex director de la CFE al grado de “máximo jerarca del PRI” (en realidad no pasará de gerentito), pero es obligación de todos los miembros del partido recitar frente a los medios de comunicación las glorias y virtudes que súbitamente le en­contraron al michoacano.

Aquí en Veracruz, durante su malhadado gobierno Javier Duarte ha impuesto (por­que él los ha impuesto, que si se les deja a las bases, estoy seguro que ninguno de ellos llegaba ni a conserje) a gente de la calaña de Elizabeth Morales, Erick Lagos, Alfredo Ferrari y el impresentable Alber­to Silva Ramos como líderes estatales. Ya en estos momentos nadie duda de la in­minente separación del “encargado del despacho” (otro desfiguro teatral) Felipe Amadeo Flores, por lo que la duda que per­mea es si el duartismo moribundo tendrá aun suficientes fuerzas para imponer a un líder más antes de fenecer, o dejará ya esta designación al evidente nuevo hombre fuerte del PRI, el senador José Francisco Yunes. Y sí, es el nuevo caudillo del pri­ismo local, a pesar de los febriles sueños ridículos que ha externado Érika Ayala es­tos días. Cabe recordar aquí que ya Héctor Yunes le quitó a Duarte una vez el CDE, y amenaza con no desaparecer del panora­ma en corto tiempo, con lo que se vuelve otro factor real para evitar que la designa­ción venga del aun gobernador.

De lo que sí no podemos dudar es que la de­signación se hará siguiendo la sacralizada farsa estéril de que los consejeros políticos elijan y designen a su pastor. La realidad es que recibirán línea, la que acataran cual mansas ovejitas, que finalmente para eso son priistas, que si quisieran estar de re­voltosos y respondones ya podrían estarse afiliando a otro partido.