Gasolinerías venden la gasolina “ordeñada”

ALMA GRANDE

Por Ángel Álvaro Peña

 

 

En México hasta en los delitos hay clases. Hay delitos de cuello blanco y los otros, que son castigados. Hay dos tipos de delincuencia, la organizada y la autorizada.

Ahora sólo hay pobres y ricos. Los primeros son cada día más ricos y los segundos son, cada día más pobres.

De esta manera, en la amplia gama de delitos que se cometen en el país, hay pobres y ricos. Lo ricos pasan a hacerse más ricos y los delincuentes pobres, por ese mismo delito, pasan a la cárcel, si es que no mueren en el intento.

Las tomas clandestinas de gasolina en los poliductos de Pemex han sufrido un aumento: entre 2000 y 2014 se estimó que los hallazgos de estos puntos subieron 2,722%, de acuerdo con el estudio de la empresa Etellek.

Así, esta empresa reveló que en 2014 el número de tomas clandestinas en el país fue de cuatro mil 219, comparado con las 155 encontradas en 2000 en toda la República

Los estados más afectados son Veracruz y Tamaulipas, a los que corresponde 13% de esas tomas cada uno; siguen Sinaloa, con 11%; Guanajuato, 9%, y Puebla, Jalisco y México, con 7% cada uno.

Los oleoductos son la manera más rápida de transportar grandes cantidades de petróleo en tierra o en agua. Comparados con los ferrocarriles, tienen un costo menor por unidad y también mayor capacidad.

Pemex cuenta con una extensión de 43,814 kilómetros de ductos. Pero el total de los ductos privados en el país ha de ser aún muchísimo mayor, sobre todo si se pudiera contabilizar todos los ductos más pequeños con un sinfín de usos. Existían al año 2012, aproximadamente 47,688 kilómetros de ductos tan sólo de distribución de gas natural en manos de las compañías que han aprovechado la apertura en esa actividad a partir de los cambios legales del año 1995.

Los oleoductos, que son los que trasladan gasolina son asaltados por un sinnúmero de personas. Algunos con mejor tecnología que otros.

La presión de cada tramo de los poliductos, es decir que transportan ya sea gas o gasolina, es registrada por los técnicos de Pemex, quienes forman parte de la delincuencia autorizada. Ellos no pueden llamarse a sorpresa.

Se afirma que ellos son quienes avisan a las diferentes bandas que realizan la “ordeña” de los ductos el mejor momento para realizar sus labores ilícitas. Esto es, después de que las tuberías son lavadas. En ese lapso es más fácil detectar la fuga a lo largo del ducto, a través de la presión que ejerce el producto. Razón ésta de más para pensar que desde adentro de la empresa puede también contribuirse al robo.

Pero ningún derivado de los energéticos enriquece a quien lo produce sino donde se expende.

Este delito, como muchos otros, tiene sus niveles de investigación, de procuración de justicia y de castigo.

El país pierde más de 17 mil millones de pesos anuales, dato de 2014, en el robo de gasolina.

Según los expertos hay tres formas de robar en este negocio: perforando las tuberías de Petróleos Mexicanos, sobornando a las gasolinerías para la entrega del combustible y llenando tanques de autos sin el peso correspondiente.

En el primer caso, de enero a octubre de 2014, se perforaron más de 2,481 tomas clandestinas. Representa un tercio más respecto a 2013.

Estas pérdidas, según Petróleos Mexicanos, corresponden a 7.5 millones de barriles y su precio ronda 1,160 millones de dólares.

La segunda forma de robo es que los distribuidores de las pipas de gasolina, de acuerdo con gasolineros, piden un “entre” de entre 500 y dos mil pesos por envío.

El tercer robo es el que las gasolinerías, en su mayoría, hacen a los automovilistas. La Procuraduría Federal del Consumidor, multa a un promedio de seis expendios por cada 10 que revisa.

Pero aquí lo que hace la diferencia es don dinero, quien determina no sólo la tecnología aplicada para el robo de los gasoductos sino la distribución de la gasolina robada. Para ellos los poderosos cuentan con una organización tan perfectamente armonizada y protegida que pareciera que las gasolinerías nada tienen que ver.

Sin embargo, quienes roban de manera rudimentaria la gasolina, con herramientas no adecuadas para estas obras, con el riesgo de perder la vida en cualquier descuido y que expiden las gasolinas por galones o litros en sus casas, son acusados por funcionarios públicos implicados en este tráfico de combustible.

Y como en todo lo que tiene que ver con los delitos en México, quienes van a la cárcel son los más desprotegidos. Esos que con un desarmador y unas pinzas violan los seguros de los oleoductos, y muchas veces mueren en el intento, son los que terminan en la cárcel. Porque a la hora de vender la gasolina no lo hacen en las gasolinerías sino en sus casas, en el patio trasero, o en un lugar alterno y discreto.

Lo cierto es que donde se vende más gasolina robada es a través de las gasolinerías, con o sin presión de los delincuentes… Esta columna aparece todos los lunes, miércoles y viernes.