Peligro para los güeros

* Trump llega

Representa al blanco que se siente agredido por los migrantes porque cree que desplazan a los de su raza superior

Por José García Sánchez

Como un emisario del pasado Donald Trump aparece en la escena política del mundo, como el vengador blanco que hará justicia luego de ver que la igualdad entre blancos, negros, chinos, latinos, es un hecho.

Una especie de zombi del Ku klux klan, que se enfrentará algo que en la historia reciente de su país no ha sucedido, una oposición social que toma las calles y reclama sus derechos con el mismo fervor que los de otros.

A pesar su visión anacrónica sobre las protestas, quiere endilgarles a éstas manipulaciones e intenciones partidistas y de tendencia política que no la tienen. Las calles serán el escenario de la protesta que seguramente le impedirán la reelección a Donald Trump.

Porque su carencia de sensibilidad social en momentos en que la pobreza crece sin medida y su falta de vocación política pronto decepcionarán a más de un estadounidense que votó por él.

El próximo presidente de Estados Unidos tendrá un problema adicional y además inédito en la historia reciente de su país, las calles volcadas para protestar por las disposiciones de gobierno que seguramente tendrá que atenuar.

Cuando todos consideran que no hay más remedio que ver las ocurrencias de Donald Trump en el gobierno, fueron las marchas en las calles de diferentes estados del vecino país que imponen una profunda reflexión a los 538 verdaderos electores de Estados Unidos.

Los estadounidenses tienen un sistema de elecciones muy lejos de llamarse democracia, si todavía entendemos que el vocablo quiere decir la voluntad del pueblo.

Lo que los habitantes con derecho al sufragio hacen es escoger a los grandes electores, quienes representan una voluntad globalizada, pero no una decisión popular.

Donald Trump, obtuvo 290 votos electorales para proclamarse presidente electo mientras que Clinton sólo 228, pero ella ganó el voto popular con 200 mil.

De acuerdo con la Constitución de Estados Unidos es el Colegio Electoral el que se encarga de elegir al presidente. Sus miembros se reunirán el 19 de diciembre y lo habitual es que vote voten por el aparente triunfador en los estrados pero no en las urnas, aunque de acuerdo con el sistema electoral estadounidense, tampoco hay nada legal que impida que estos compromisarios no hagan lo que se supone que deberían hacer. No hay nada que les impida no votar por el candidato que deberían, en teoría, elegir al nuevo Presidente de Estados Unidos.

Esto casi nunca pasa, pero sí es un margen que todavía cabe dentro de las posibilidades de una elección que ha sido todo menos convencional y tomando en cuenta las marchas en las calles, todo puede suceder, o incluso que Hillary Clinton sea Presidenta de estados unidos, lo cual, en términos reales, no hace una gran diferencia.

El Post informa que la última vez que apareció un “votante desleal” fue en 2004 y su cambio de consciencia no cambió el resultado de la elección general, pero aquí el peligro que implica para los intereses estadounidenses la presidencia de Trump, todo puede cambiar.

Los demócratas todavía no aceptan que Trump sea el presidente electo sin haber ganado el voto popular. Es por eso que ha surgido una petición en Change.org llamada “Colegio Electoral: Hagan a Clinton Presidenta el 19 de diciembre”.

“Si todos votan como votaron sus estados, Donald Trump ganará. Sin embargo, pueden votar por Hillary Clinton si lo desean”, recuerda la petición de Change.org. Subrayan que una democracia debe basarse en la voluntad de la gente.

Los firmantes señalan que Clinton fue la ganadora del voto popular y por ello debería ser presidenta, a pesar de tener menos votos electorales que Trump. De acuerdo con el conteo de la BBC, Clinton obtuvo 60,467,601 votos ciudadanos y Trump 60,072,551.

En las elecciones pasadas, Hillary Clinton ganó el voto popular, pero sólo obtuvo 228 votos electorales contra 290 de Trump, por lo que perdió la elección.

La oposición popular que inusualmente manifiesta su voluntad en las calles, como pocas veces sucede en Estados Unidos puede cambiar los escenarios que prematuramente algunos consideran definitivos.

De triunfar Trump su legitimidad anacrónica se verá mermada por estas mismas expresiones de rechazo en las calles contra sus postulados, las cuales pueden costarle el muro que no fue más que el disfraz de bravucón, que debió vestir para ganar.

Miles de personas tomaron las calles de Nueva York, Chicago y Los Ángeles para protestar contra la elección de Donald Trump como Presidente de EU.

Tan sólo en Nueva York, la convocatoria en Facebook decía que unas 10 mil personas asistirían a la protesta pacífica por el resultado de la elección presidencial del pasado martes. Los manifestantes se congregaron en la Plaza Union de Nueva York, adquirieron impulso y marcharon hacia la Trump Tower.

La policía instaló barreras metálicas afuera de algunas de las tiendas más caras en Manhattan ante la multitud que se desplazaba por la Quinta Avenida.

“No puedo permitir que Donald Trump administre este país y enseñe a nuestros hijos el racismo, el machismo y la intolerancia”, declaró la diseñadora de modas Noemi Abad, de 30 años, mientras marchaba por la famosa avenida.

Unos de los problemas con los que se enfrentará Trump, si llega a gobernar finalmente será la oposición interna. Se trata de un nuevo enemigo de la Casa Blanca, que inicia con Donald Trump y difícilmente terminará con el periodo de gobierno del descendiente de irlandeses sino que será una postura de la sociedad estadounidense que llegó para quedarse.

A Trump lo colocan como una amenaza para el mundo y en especial para México, pero el mayor daño lo puede hacer en su propia tierra. Se trata de un descendiente de inmigrantes escoceses, que odia a los inmigrantes. Ante esta realidad poco bueno puede esperar el pueblo estadounidense con Trump.

En la dependencia económica con Estados Unidos radica la suerte que tenga México con la presidencia de Donald Trump, porque puede vociferar lo que quiera, pero si políticamente es incorrecto económicamente tiene los límites que los políticos mexicanos deben imponerle.

Pero la suerte que tenga México con Trump o con cualquier otro presidente de Estados Unidos tiene su origen en la dignidad con la que se jueguen las cartas de comercio internacional, más que con la política, a pesar de la vecindad y de compartir más de 3 mil kilómetros de frontera.

No puede asustar la México los postulados de un presidente de Estados Unidos ignorante, nunca ha sido una persona culta el presidente del vecino país del norte, recordemos a Ronald Reagan. De hecho no podemos esperar nada nuevo ni radical respecto al mal trato de ellos; simplemente habrá que fortalecer la postura de un país, que no siempre es la postura de un gobierno, porque la fragilidad de la actual administración puede pretender que se cierren filas alrededor de los actuales miembros de la clase política y lo único que se estará haciendo es regalar en paquete el país, como lo han venido haciendo desde 2012.

La llegada de Donald Trump, un hombre de los medios visuales, a la Presidencia es eso precisamente, la llegada al poder de una persona de apariencias. Los mercados se desploman por los intereses comunes de los poderosos pero el auge de las bolsas de valores no ha impulsado la economía interna, tampoco lo hará su posible desplome.

La esencia de la política es la economía, esto es un conocimiento de primaria para cualquier político.

La necesidad de diversificar mercados no tiene tiempos límites, nunca es tarde para realizarlo. Es precisamente por la dependencia comercial, económica y financiera con Estados Unidos que México perdió el liderazgo de América Latina.

La llegada de Trump al poder divide a los poderosos, tanto a los países como a los verdaderos dueños del mundo, países como México no son prioridad para estos personajes, primero está medio oriente por la influencia de los judíos en las acciones de gobierno de estados unidos, Irán, por el peligro que les representa que no se pliegue a sus designios, Rusia, que pareciera apoyar al más tonto para ganar espacios, Arabia Saudita, por su riqueza energética, Venezuela por su desobediencia, China por su productividad acelerada, etc.

Hay otras prioridades antes que el muro de la fantasía que le sirvió a Trump para disfrazarse de malo, de bravucón, pero el simple hecho de anunciar una medida así y sostenerla en los medios, a su gobierno le cuesta dinero y no está, en este momento, como para desperdiciar recursos económicos porque si tiene una prioridad es fortalecer su economía interna que está en una crisis severa, darle una negociación favorable a su deuda y sobre todo, eliminar o detener la pobreza creciente de sus habitantes.

Trump tomó el muro como herramienta para parecer pandillero, y lo hizo con México porque sabe que aquí están los funcionarios más dúctiles y proclives a la política exterior del vecino país. Hay confianza, pues, pero no puede ser su prioridad, sabe que los inmigrantes le son más útiles que dañinos.

Los mexicanos no pueden asustarse por la llegada de un ignorante más a la casa Blanca, Trump no es peor que Clinton. Lo malo para los mexicanos es continuar con mandatarios y funcionarios públicos serviles a los designios y caprichos del vecino país.

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