Abstencionismo y operación de Estado

La Escena Veracruzana

Por Marco Antonio Medina Peréz

La operación de Estado llevada a cabo por el gobierno de Yunes Linares para colorear de azul la mayor parte de los municipios veracruzanos, es semejante a la que aplicó el gobierno federal en el Estado de México.

En ambos casos, gracias a los recursos económicos gubernamentales, cada cual manejó los hilos de la elección a su antojo. Cuánto dinero se usó en estas elecciones no se sabrá sino cuando pase el tiempo y los delatores de siempre den a conocer los números.
Se ha sabido, por ejemplo, de los gastos exorbitantes de campaña de Roberto Madrazo Pintado cuando fue candidato a gobernador de Tabasco en 1994, gracias a que se le hicieron llegar a López Obrador los documentos probatorios.

Lo mismo se supo del financiamiento ilícito de mil millones de pesos que el sindicato petrolero aportó a Francisco Labastida Ochoa cuando fue candidato presidencial en el 2000.

Las triangulaciones irregulares en apoyo a la campaña de Fox también han sido del conocimiento de todos e igualmente toda la gama de apoyos ilegales de diversas personas morales para llevar a la silla presidencial a Calderón y a Peña Nieto. No obstante que se comprobaron tales ilícitos, en esta República de la impunidad nada se hizo para hacer variar las decisiones del régimen.

Cuando se escudriñan los resultados electorales sale a relucir la manera como se aplican dichos recursos. Un reflejo de esto es que, a pesar del atraso y la ignorancia, es en las zonas rurales donde los partidos del régimen, PRI y PAN, obtienen la mayor cantidad de votos.
En el Estado de México esto ha sido claro. La zona conurbada a la ciudad de México la ganó MORENA, salvo algunas excepciones, en tanto que en la mayoría de los distritos rurales gana el PRI con sus aliados.
De ahí que la demanda de AMLO sea correcta, ya que en 5 distritos de esta zona rural, el PRI obtiene 600 mil votos, esto es, el 30% de todos los que obtuvo su candidato. Gracias a la compra del voto y la manipulación de los paquetes electorales.

En el caso de Veracruz la operación fue prácticamente la misma, salvo que el capitán a cargo fue el gobernador local. De ahí que los niveles de participación sean muy altos en los municipios rurales y mucho menores en los urbanos.

Con 40.9% de abstencionismo en promedio, las elecciones este año no fueron muy distintas a otros procesos; en 2013, para el mismo tipo de elección, el abstencionismo fue de 40.4%; en 2010, de 41.3%.

Echando un vistazo al último conteo de votos, vemos que la participación ciudadana fue menor en las grandes ciudades y mucho mayor en los municipios pequeños.
Por ejemplo, en las 10 principales ciudades (Veracruz, Xalapa, Coatzacoalcos, Córdoba, Poza Rica, San Andrés Tuxtla, Tuxpan, Papantla, Minatitlán y Boca del Río) el porcentaje de abstencionismo es de 51%, 10 puntos encima del promedio.

A medida que la población es más rural este porcentaje va disminuyendo; por ejemplo, en Tierra Blanca y Tantoyuca, el abstencionismo es de 44.5 y 34.1%, respectivamente.
En el extremo, en los municipios menos poblados, el abstencionismo es de sólo 14%. Obviamente, la ignorancia y la pobreza se usan en esos lugares para incrementar artificialmente la participación de la gente.

Así las cosas, aquí en Veracruz también deberíamos pedir que se revisen los municipios y, en su caso, las casillas rurales donde la participación electoral es mayor al 70% y en donde tanto el PRI, como el PAN, obtienen la mayor cantidad de votos.

Lo dicho, necesitamos un cambio verdadero.