LA PACHANGA DE LA DEMOCRACIA

Por: Valentin Ramos 

Hace algunos años, el monero Patricio decía en uno de sus cartones que la democracia es una idea exótica, ajena a nuestra idiosincrasia, que lo nuestro es el desmadre y el caos. Las elecciones de la semana pasada únicamente demuestran lo dicho por el caricaturista radicado en Xalapa.

La “fiesta de la democracia”, como de manera simplona y entusiasta le llaman algunos atildados burócratas electorales, deviene en cada ocasión en México en vil pachanga, en donde todos intentan pasarse de listos, nadie se hace responsable de sus actos, y menos aún paga los platos rotos. Una cosa era cuando el PRI era ese monstruo hegemónico que monopolizaba las trapacerías electorales, y toda la oposición (si es que la había) se quejaba amargamente de esos atentados de autoritaria barbarie; otra cosa muy distinta es ahora que el fraude se descentralizó, permitiendo que cualquiera pueda ejercer las tradiciones de trampas y embustes tan del gusto nacional.

Durante décadas, el PAN fue el pedante referente de la democracia, siempre ofendido ante las bárbaras argucias del régimen. Su principal bandera pública era la democratización del país, mediante la educación de los ciudadanos en la democracia y sus principios. Todo eso se fue por la ventana en el momento en que probaron el poder, lo importante era ganar “haiga sido como haiga sido”, frase célebre que nos legara el Pequeño Churchill moreliano.

La izquierda no va muy lejos, con el PRD demostrando que su pureza ideológica era diametralmente opuesta a su cercanía con un erario. La Ciudad de México sigue cundida de corrupción burocrática que el partido en el poder no sólo cobija, sino que alienta como modus vivendi común de sus funcionarios electos y jerarcas partidistas. Quien crea que Morena es diferente en ese sentido, simplemente se chupa el dedo. El discurso de salvación y esperanza curiosamente nunca pasa por la democracia, que en el mejor de los leninismos, es vertical y dirigida, no vaya a ser que las bases inocentes, faltas de adoctrinamiento, vayan a irse por la libre. Como si ese triste guiñapo que en México llamamos democracia no fuera lo suficientemente lastimero, a los brutales dedazos de Morena se suman las tómbolas, novedoso aporte a la picaresca nacional de la sinvergüenza.

Para más inri, la institución que en su momento brilló con luz resplandeciente como un ejemplo mexicano para el Mundo, el IFE, quedó convertida en un triste espantapájaros que en el peor de los casos es cómplice culpable de fraudes y trampas por ser carroña de los trastupijes partidistas. En el mejor de los casos, la burocracia más improductiva del planeta, por cara e inútil.

Y así podemos comentar cientos de situaciones en la que nuestro país parece siempre anteponer sus ancestrales usos y costumbres a dejarse influenciar por las modas extranjeras de democracia o civilidad. Campañas que no por acortadas dejan de ser dispendiosas. Candidatos que sin importar las cifras (propias o ajenas) salen a proclamarse vencedores en cuanto se cierran las casillas, para ver qué cae en el río revuelto. Costosos conflictos postelectorales que encuentran en la judicialización la normalidad que debería ser excepción. Todo con tal de no ser el perdedor, porque independientemente de no obtenerse el fuero o las riendas del erario, uno se arriesga a quedar mal ante la gente con el estigma indeseable de no haber ganado, como si ello no fuera una condición necesaria de cualquier democracia decente.

Sabiendo ya que su nombre está inseparablemente ligado a los adjetivos de corrupto e inepto, Enrique Peña Nieto no chistó en echar a la basura lo poco que no había ya podrido en el país. Con tal de imponer al primo Del Mazo en el EdoMex, no hubo rubor que importara al echar mano de todas las trampas, aunque con ello se revivieran viejos conflictos y se reabrieran heridas ya cicatrizadas respecto a la confianza en el gobierno y las instituciones.

Mal haríamos los veracruzanos en pensar que nuestros resultados señalan democracia y pluralidad. El PAN hecho gobierno no se quedó de brazos cruzados para apoyar a sus candidatos, especialmente al junior Fernando. Miguel Ángel Yunes demostró que la vergüenza es prenda que le viene grande y por ello prefiere no usarla, al declarar que su administración mantuvo las manos fuera del proceso. Lo único que le garantizó la mayoría de votos y municipios fue la caída de las preferencias por Morena, porque el PRI fue un muerto en pie que si sostuvo la cantidad de alcaldías que se llevó, fue por mero desinterés del PAN en la “morralla”.

Se vio de todo. Urnas embarazadas, votos mal contados, sobornos, planillas que obtenían de cero a diez votos en todo un municipio (¿ni sus familias votaron por ellos?), reparto de prebendas, secuestro de funcionarios, quema de casillas y hasta de oficinas electorales. La crispación social encontrando sus salidas únicamente en el borlote, porque la normalidad democrática tiene un grave defecto: no es negocio.