El Miedo a los medios

Duarte, manzana podrida

Siempre mantuvo una relación fría y a veces agresiva hacia los medios el ex gobernador de Veracruz.

Por Staff

El 30 de junio de 2015, el entonces gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, se reunió en la ciudad de Poza Rica con periodistas y reporteros de la zona norte del estado, con la finalidad de festejar el Día de la Libertad de Expresión. Durante su discurso, Javier Duarte abandonó la vieja práctica de halagar a los reporteros como paladines de la prensa combativa, y lejos de calificarlos como apóstoles de la democracia y los derechos civiles, señaló que muchos de ellos tenían nexos con el crimen organizado, y el final de su discurso se convirtió en abierta amenaza.

Con tono melindroso y frases deshilvanadas, muy en su estilo, Javier Duarte lanzó un mensaje amenazador y de repercusiones incalculables para su gobierno. Dijo: “Se los digo por ustedes y por sus familias, pero también se los digo por mí y por mi familia, porque si algo les pasa a ustedes al que crucifican es a mí… pórtense bien. Todos sabemos quiénes andan en malos pasos. Pórtense bien por favor, se los pido, vienen tiempos difíciles, que al final del día van a ser tiempos mejores para esta región. Vamos a sacudir el árbol y se van a caer muchas manzanas podridas. Yo espero verdaderamente, se los digo de corazón, que ningún colaborador, ningún trabajador de los medios de comunicación se vea afectado por esta situación”.

El discurso continuó: “Solamente se van a ver afectados quienes de alguna u otra manera tienen una vinculación con estos grupos criminales. Quienes de alguna u otra manera tienen una vinculación… dejen de tenerla. No les conviene. Se los digo con toda sinceridad. Quienes sientan que tienen algún riesgo, búsquennos, para poder protegerlos, para poder cuidarlos. Quienes verdaderamente no tienen ningún vínculo, se los digo con claridad, no tienen de qué preocuparse, pero quienes sí, sí preocúpense, porque, les repito, vamos a sacudir fuertemente el árbol… Como dice el dicho, sobre advertencia no hay engaño”.

Días después, el 10 de agosto, en una rueda de prensa sin prensa, el gobernador Javier Duarte arremetió de nuevo contra los medios de comunicación. Al referirse a sus advertencias a los periodistas el 30 de junio en Poza Rica, Javier Duarte dijo: “Está sacado de contexto mi mensaje. En ese momento exhorté a la sociedad a conducirse bajo la legalidad. Hice símil de las manzanas podridas, refiriéndome al exhorto a la sociedad a conducirse bajo la legalidad. Este mensaje, en algunos casos se ha sacado de contexto, cuando lo quieren referir tan solo a un gremio. Ahí mismo dije a los policías, a los empresarios, a los servidores públicos de esta región.” Y claro, esa tergiversación sólo pudieron hacerla sus odiados enemigos, los periodistas, ¿quiénes más?

Desde el inicio de su mandato el gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, preso en el Reclusorio Norte y ligado a proceso por el desvío de cientos de miles de millones de pesos, tuvo una relación ríspida con los medios. Su primera directora de comunicación social, Gina Domínguez Colío, poderosísima ella, al grado de que se le consideraba la “gobernadora”, se dedicó a establecer convenios millonarios con los dueños de los periódicos y demás empresas de comunicación, y a hostigar a los reporteros de a pie, a quienes hacía destituir en cuanto sus opiniones o notas la contrariaban. Con el paso de los meses, y ante la imposibilidad de pagar las enormes facturas de difusión de imagen -además de la presión de empresarios como Francisco Sánchez Macías, que la denunció por amenazas en el semanario Proceso– el gobernador destituyó a Gina Domínguez y la sustituyó con el exalcalde de Tuxpan, Alberto Silva Ramos, quien utilizó el cargo para promover su propia imagen, al grado de que aparecía más en los medios que el mismo gobernador Duarte, a quien aspiraba a suceder. Ahora Gina Domínguez está en prisión y Alberto Silva, investido como diputado federal desde 2015, enfrenta una solicitud de desafuero por delitos relacionados también con el desvío de dinero.

Alberto Silva Ramos, era (en tiempo pasado) amigo, no, hermano del gobernador Duarte. Entre él y Gina Domínguez, Madame Mordaza, le inocularon un odio acerbo hacia la prensa, que se manifestó en los arreglos con los empresarios de los medios y el acoso a los reporteros de a pie, sobre todo a quienes manifestaban ideas contrarias a las líneas oficiales, quienes padecieron acoso, despido e intimidaciones. Un ejemplo de la metralla que ejerció Duarte contra los medios de comunicación ocurrió con el periódico El Despertar de Veracruz, que tenía una postura crítica contra el gobierno. En varias ocasiones manos vandálicas rompieron las lonas espectaculares con que se anunciaba el periódico, e incluso llegaron a quemarlas. Al final, hubo maniobras desde dentro del gobierno para que Ángel Álvaro Peña, director y socio de ese periódico fuese despojado de su participación y echado a la calle.

Fue este Alberto Silva quien hizo encarcelar en el penal de Pacho Viejo a tres periodistas como si se tratara de delincuentes de alta peligrosidad, a quienes aprehendió mediante un montaje y acusó de pretender difundir detalles de su vida personal que sin embargo eran del dominio público, según documentó el analista y periodista Mussio Cárdenas en febrero de 2014, cuando Alberto Silva, el “hermano” del gobernador, dejaba la Secretaría de Desarrollo Social de Veracruz para convertirse en el sustituto de Madame Mordaza en la Coordinación de Comunicación Social del gobierno del estado.

A mediados de 2014, la directora del Instituto de la Mujer de Boca del Río, reportera también del periódico Notiver, María Josefina Gamboa Torales, -ahora diputada local de Veracruz- fue puesta en prisión, por el homicidio imprudencial de José Luis Burela, quien murió atropellado, luego de cruzar de noche y en un lugar no permitido en el municipio de Boca del Río. El abogado de Maryjose, denunció en reiteradas ocasiones que a la periodista la tuvieron casi ocho meses en prisión por “línea política”, ya que se trataba de una reportera incómoda por su posición crítica hacia el gobierno, y que incluso Duarte pagaba al abogado de la familia del difunto para que interpusiera los recursos que fueran necesarios con tal de que la reportera continuara en el penal.

El gobierno de Javier Duarte tuvo pifias severas, y pecó por lo menos de omisión en el asesinato de la corresponsal de Proceso Georgina Martínez, en abril de 2012. Después volvió a estar en el ojo del huracán por la muerte del fotógrafo Rubén Espinoza Becerril, la antropóloga Nadia Vera Pérez y otras tres mujeres en la ciudad de México. El fotógrafo Espinoza había denunciado que se exiliaba en el Distrito Federal por las amenazas de que había sido objeto por parte del gobierno de Veracruz.

En octubre de 2014, en vísperas de la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe que evidenciaron el desastre financiero que había ya en el  gobierno de Veracruz, el gobernador Duarte dijo que la seguridad había mejorado en el estado, y que los delitos más graves daban risa: “No es un tema que se soluciona y ya, no, es un tema que se tiene que trabajar permanentemente y en ese sentido estamos trabajando con toda la determinación y la oportunidad, antes se hablaba de balaceras, antes se hablaba de asesinatos, antes se hablaba de participación de la delincuencia organizada en nuestras instituciones y hoy hablamos de robos a negocios, a que se robaron un Frutsi y unos Pingüinos en un Oxxo”. De igual manera acusó a los medios de comunicación de ser los creadores del problema de la inseguridad: “insisten en decir que estamos de la patada (…) muchas veces por querer ganar una nota estridente o generar una nota que se pueda vender, estamos hablando mal de nosotros mismos (…) a ustedes les encanta hablar de seguridad, ¿por qué no hablamos de cosas positivas?… Creo que en ese sentido si nos aliamos todos como sociedad, nos va a ir mejor a todos”. En diciembre de 2014, nuevamente enfrentado al tema de la seguridad, el gobernador Javier Duarte pontificó: “Te voy a decir cómo se resuelve eso, portándose bien, nada más, la mejor política pública que puede haber en el tema de seguridad es portarse bien; mi recomendación respetuosa es portarse bien”.

En ese momento ya era un secreto a voces que Javier Duarte y sus secuaces estaban reventando las finanzas de Veracruz, pero pocos sabían lo que se sabe ahora, que desde el inicio de la administración hicieron lo necesario para sangrar todo el dinero público que les fuera posible. Su ambición no tuvo límites. Ese mismo Javier Duarte que el 30 de junio de 2015 se dirigió a los reporteros en Poza Rica y los calificó de cómplices de criminales, era un capo, el jefe de una pandilla de hampones que estaban saqueando al erario. Ese Javier Duarte, cínico y desvergonzado, se atrevió a calificar a los reporteros como manzanas podridas, mientras  él y sus canallas amigos perpetraban el mayor saqueo del que se tenga noticia en México. Los verdaderos criminales, los de cuello blanco, ahora lo sabemos, estaban en el palacio de gobierno de Veracruz.

Artículo publicado en la edición 39 de la revista Políticos Al Desnudo